EDITORIAL
Operación policial, inmegrantes ilegales, y discos compactos

 

Vaya por delante que todos los cuerpos de seguridad del estado nos merecen el más estricto de los respetos; o sea, exactamente el mismo respeto que el cuerpo de bomberos, los empleados de banca, el vendedor de la ONCE o el suministrador de gasolina. Apenas habría diferencias, en el respeto que la sociedad debe tener con los miembros que la comparten y la hacen suya. Una sociedad tiene la personalidad que los individuos le otorgan, y será solidaria o no será según la importancia que se le confiera; será respetuosa o no será, según sus acciones, y será libre y democrática si sus ciudadanos creen en la democracia y en la libertad.

Con todos los respetos pues, y con la libertad que otorga la crítica, cae en nuestras manos una fotografía repartida por la policía local de Xàtiva a los medios de comunicación, donde da cuenta de haber requisado a un extranjero/ilegal/legal/con papeles o sin papeles, una cierta cantidad de discos compactos los cuales vendía sin ningún tipo de permiso y de forma ilegal. (Siempre caeremos en la palabra ilegal por mucho que nos duela).

La brillante operación policial llevada a cabo en plena feria de agosto se cerró con la recuperación de poco más de un centenar de discos y, así a bote pronto, treinta y cuatro mil pesetas y la calderilla que llevaba en el agujereado bolsillo el vendedor pillado, (supongo que infraganti), justo al lado donde la tienda Mango sigue estando de rebajas desde principios de julio.

Imaginemos la escena: el vendedor ilegal ha llegado a este país hace poco más de un mes. Como no le conocemos, es de suponer que pagó unas quinientas mil pesetas por un bono de tres viajes en patera. Lo de los bonos se ha puesto de moda por si los detienen a la primera o la segunda, y así tienen una tercera oportunidad de volverlo a intentar, siempre y cuando no caigan (o los tiren) en medio del mar poniendo fin a su aventura. Al fin llegó sano y salvo, y una vez aquí la triste realidad le puso en manos de quien maneja la supervivencia de los sinpapeles o de quienes los conseguirán en un futuro . Una de las oportunidades son los discos compactos piratas que amontonados en enormes bolsas cuyo peso es difícil de imaginar, sirven de bálsamo momentáneo de supervivencia, y es que la necesidad de sobrevivir debe ser tan fuerte como la sed que debe sentirse en medio del desierto.

La policía local de Xàtiva detuvo en el momento más crucial al ya perfecto ilegal. Posiblemente en el mismo instante en que estaba a punto de vender el compacto de Raúl que horas más tarde actuaba en la Murta, y de esta forma engrosaría en mil pelas más su boyante economía. Justo en ese instante le pillaron en las manos en la masa, y le pillaron como lo hubieramos pillado desde aquí, ya que nuestro personaje/ilegal/delincuente/vendedor de copias piratas no podía esconderse de nadie en mitad de la Albereda con su bolsa de varias decenas de kilos a cuestas, y permacecía en su puesto desde el mismo momento en que desde la Plaza de Toros Jaume I otorgaba el privilegio de la Fira d´Agost la noche del día 14.

Desconocemos cual habrá sido el futuro del vendedor, pero lo que es bien cierto es que la  fotografía de marras no da lugar a ninguna duda respecto a la brillantez de la operación, pero la instantánea encierra un cierto aire de tristeza e interro-gantes que quedan y quedaran en el aire.

Efectivamente la policía cumplía con su deber y con toda una serie de instrucciones que figuran en sus manuales diarios, pero ciertamente nos hubiese gustado ver también una instantánea con quienes montaron la trifulca la noche de las paellas, con armas blancas incluidas, o quienes vendían auténtica mierda a los jovenes en el Socarrat 2001.

Y no es motivo ni momento para seguir dando ejemplos ilustrativos que seguramente estarán en la mente de todos, y mucho menos para hacer demagogia barata de un hecho que debe preocupar a todos. El deber se cumple y se respeta como suponemos intentó hacer la policía local, pero existen también otros códigos que posiblemente no estén escritos en ningún manual, sino en el de la supervivencia y la dignidad humana que se olvidan en reiteradas ocasiones y solo salen a la luz cuando se hace necesario quedar bien ante la sociedad a la que se representa.

Se abortan actuaciones como la venta ilegal de compactos en la vía pública de los sin papeles, pero se permiten actuaciones mucho más peligrosas y denigrantes de quienes han abonado su tasa particular y poseen un DNI que les garantiza la necesaria impunidad. Sin ninguna duda, bajo este prisma seguiremos creando una sociedad de diferentes clases donde los roles marcan el destino, ya no de las cosas, sino de las personas. Y eso sí que es mucho más grave dentro del oscuro laberinto de quienes tienen la potestad de decidir como y quienes deben formar parte de ella.

No se trata de racismos ni xenofobias sino de simple sentido común que obliga, o debería obligar, a pensar dos veces lo que se hace o contar hasta siete antes de tomar una decisión.

Repetimos y reiteramos que la labor de la policía local fue -y no lo dudamos- la que marca sus obligaciones, pero ello no impide que en ocasiones las obligaciones sirvan para colgarse unas medallas que no deben satisfacer en exceso a quienes las consiguen.

La fotografía habla por si sola: eso si que es demagogia pura. Pura y además tristemente dura.

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