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José García «Vernia» está siendo
redescubierto estos días en el Museo del Almodí gracias a una
exposición donde se muestran sus carteles conocidos pero también
sus cuadros más desconocidos, y que muestran a un Vernia autor de
bellos retratos con una técnica muy depurada y personalista, y una
destreza equiparable al más completo de los artistas. En la muestra
que estará abierta hasta el próximo día 22, pueden verse los
carteles de Feria de siete ediciones, los dos carteles de la Feria
Muestrario Internacional de Valencia y toda una serie de óleos,
incluido un autorretrato donde se aprecia a un Vernia de rostro
sereno y mirada penetrante.
Al
mismo tiempo destacan otros retratos de su madre Leonor
Tortosa; el de su esposa Vicenta Esparza; de
su hermana Leonor, responsable de la exposición; o el
de la niña Angeles Castellote. Igualmente puede verse
un cuadro de gran tamaño titulado «xiquets llavant-se» de
una belleza incomparable o la vista de la huerta e Xàtiva con el
Puig al fondo. La exposición se compone también de algunas ceras y
carboncillos que descubren un Vernia inquieto y vigoroso en todas
las técnicas.
Pero Vernia
destacó y fue siempre un maestro del cartel y sin ninguna duda el
mejor que ha dado la ciudad. No se conoce a ningún artista que
plasmase el dibujo como lo hacía José García Tortosa. Durante
décadas fue el encargado de dar a conocer la Feria de Xàtiva
mediante sus carteles anunciadores, mezcla de ingenuidad, colorido y
sobre todo realidad de lo que pretendía plasmar. Mirar un cartel de
Vernia era saber casi de inmediato lo que estaba anunciando sin
necesidad de leer nada más. Se adelantó a tu tiempo y creó un
estilo inconfundible que ha marcado la escuela de los trazos simples
plenos pero lleno de fuerza. Además Vernia no fue sólo cartelista,
ya que siempre pretendió huir de esa especialidad. Fue un gran
pintor que murió en plena madurez artística y de forma precoz.
Hubiese podido triunfar fuera de nuestras fronteras, pero siempre
«le tiró» el aire del Vernissa, aire que buscó para morir.
José García
tortosa, Vernia, nació en 1915 y ya en su adolescencia destacaba
por su destreza en el dibujo y la forma de mezclar los colores en el
colegio de los Hermanos Maristas donde cursó sus estudios de
primarias. Finalizadas su educación básica pasó a la Academia de
Bellas Artes de San Carlos de Valencia donde continuó su formación
académica como pintor, antes de conseguir una beca que le llevó
hasta Granada.
Después de la
guerra civil se dedica plenamente a la pintura, obteniendo varios
premios en concursos, pero la precariedad de la época le obliga a
alternar su faceta de pintor con la de fotógrafo y constructor de
fallas. Al mismo tiempo se le encargan diferentes carteles para la
industria cinematográfica de Valencia y desde Xàtiva se le
descubre como cartelista.
De delgada figura
y con un atractivo bigote que marcaba su personalidad y que
incrementaba fumando en pipa muy pronto destacó como dibujante y
sobre todo como cartelista. Aunque siempre manifestaba que esa no
era su especialidad, terminó por aceptar toda una serie de encargos
anunciadores: fallas, semana santa y sobre todo la feria de agosto.
La primera portada que hizo Vernia fue para el libro de la feria de
1936, que estando ya impresa, no llegó a salir al haber sido
suprimida la feria de ese año con motivo de la guerra civil
española. Sin embargo fue reproducida en 1939. Desde entonces los
carteles de Vernia fueron asiduos en la Feria de Xàtiva, así como
las portadas en los libros.
Como bien
escribió José López Selles, «Vernia escondía
el horizonte al que se dirigía, en una fusión dificil de lo
moderno y lo clásico. Esa ansiedad le tenía como obsesionado, y
era la plataforma para el lanzamiento de sus realizaciones de todo
tipo, en toda su amplia faceta de artista. Fue ilustrador con unos
dibujos valientes logrados de su fantasía. Y tal vez todo fue un
juego para él, y lo suyo, lo que pretendía, fue ser esencialmente
pintor. El pintor Vernia».
Vernia utilizaba
en sus carteles los elementos más característicos de la ciudad,
pero no con ello se servía de su majestuosidad, sino que podía
tenerlos como presentes en un rincón, para que la vista del
espectador sólo reparasen en ellos cuando hubiesen visto
minuciosamente todo el trabajo. Para ello utilizó el campanario de
la Seo o el Portal del Lleó, por poner sólo dos ejemplos. Pero la
figura central del cartel de Vernia siempre era un motivo
identificador. En el caso de la feria era el toro, la noria, el
músico, el caballo, el fotógrafo, el castillo de fuegos... si
anunciaba las fallas utilizaba el fuego, la peineta, la noche de
marzo... y todo ello con una sensibilidad fuera de lo común, con
unos trazos vigorosos y templados. Precisamente esa sencillez es la
que marcó todo un estilo, que en estos momentos se está
reproduciendo desde algunos sectores: líneas concretas y motivos
concretos que ofrezcan la belleza necesaria para que el cartel tenga
la fuerza anunciadora que pretende.
Vernia formó
parte del grupo de pintores «Sait» y muchos de los artistas
setabenses aseguran haber aprendido de él gran parte de su faceta
expresiva, tal es el caso de Vicente Giner, Juan
Francés, Rafael Daroca o Roberto
Martinez «Leña».
Pero a Vernia se
le conoce fundamentalmente por sus carteles, aunque sus óleos
tengan la misma expresividad y belleza que sus dibujos y que su
técnica fue toda una fuente de saber, con trazos vigorosos y
firmes, que daban a sus cuadros una expresividad fuera de lo común,
llenos de tristeza algunos de ellos, donde predominaba los marrones
y grises del otoño, como prueba del estado de ánimo del artista.
Todo ello puede apreciarse ahora en el Museo del Almodí.
El pintor Vicente
Giner recuerda de Vernia que «era excepcional como
dibujante y como cartelista; y así hablar de un cartel de feria, es
recordar en seguida el nombre de Vernia a nivel de artistas y a
nivel popular. Supo llegar a la gente.
Como dibujante
lo dominaba todo a la perfección con trazos de tal seguridad y
garra, que te hacía pensar, vibrar, máxime cuando en aquel
entonces uno necesitaba de la fuente del saber, y la fuente del
saber era él siempre».
Pero Vernia tuvo
momentos en donde según sus amigos «dibujaba pensamientos
tristes». Vivía en la calle Engai y siempre renunció a marcharse
de Xàtiva. Podría haber sido uno de los mejores cartelista de
Europa, pero como él mismo confesó: «creo que hubiese podido
«medio triunfar» en Valencia o en Alemania, pero la verdad, amigo,
siempre me tiró el aire del Vernisa». Pero tuvo que emigrar a
Alemania para poder vivir de una manera digna, trabajando en un
taller gráfico en Frankfurt, donde creó nuevas técnicas de
impresión y siguió pintando, lo que le llevó a exponer en
distintos centros culturales y galerías alemanas, donde se
conservan obras en museos y colecciones particulares. Pero un
trágico accidente de tráfico en 1966 cortó de raíz un prometedor
futuro y una carrera que se adivinaba fructífera.
Pero las obras de
Vernia han quedado y en ellas puede verse la personalidad, los
sentimientos y las dudas del artista. Con la exposición que ahora
puede verse se redescubre a este peculiar cartelista y pintor, que
es lo que siempre quiso ser.
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