|
El próximo 23 de
octubre el Patio Cubierto de la Casa de la Cultura acogerá una
exposición de óleos de Carmen Mollá, quien vuelve a exponer en Xàtiva
después de su última muestra, que tuvo lugar hace justamente ahora
dos años. La pintora de Xàtiva, con una extensa obra a sus
espaldas, sigue recreándose en la interpretación del paisaje, un
paisaje muy personal -que no personalista-, de todo aquello cuanto
nos rodea y que encierra un mensaje de luz y color, dispuesto a
sorprender a los espectadores.Las obra estarán colgadas hasta el día
3 de noviembre.
Afortunadamente
Carmen Mollá pinta en Xàtiva. Y la fortuna se encierra en el hecho
de que tiene múltiples posiblidades de plasmar en sus lienzos la
constante harmonía de una ciudad que en cada época y en cada
estación tiene cosas nuevas que ofrecer. Si además, la ciudad
encuentra gente como esta incansable pintora, que vive por y para la
pintura, el coctel quedará resulto en una perfecta comunión entre
lo que se ofrece y lo que se recoge.
Carmen Mollá
comenzó a pintar desde muy joven y sus hábitos apenas han cambiado
con el paso del tiempo. Tal vez se han incrementado las ganas de
hacer las cosas cada vez mejor, y así ha madurado, ha crecido, y se
ha convertido en una pintora habitual en los calles, rincones,
paisajes y momunentos de Xàtiva. Carmen Mollá se los ha recorrido
todos para ofrecer un amplio abánico de posibilidades pictóricas a
los amantes del arte. Esta pintora se ofrece sin falsas apariencias
ni demostraciones erróneas de lo que hace. Presenta sus propias
sensibilidades para quien sepa entenderla, y ahí está la
personalidad de su pintura.
Ya lo dijimos en
estas mismas páginas en otra ocasión: para Carmen Mollá, cada
hora del día es diferente para plasmar una obra, un detalle, una
sensación. El cuadro que se inicia al amanecer debe terminarse al
amanecer del día siguiente, de la semana siguiente, del mes
siguiente o del año siguiente. No importa el tiempo, pero sí que
importa que el momento sea el mismo, para que la sensación sea la
misma. Por ello no es de extrañar el ver obras de esta pintora a
diferentes horas del día o en diferentes épocas del año. Todo
sirve si al final queda plasmada la sensibilidad con que Carmen Mollá
trabaja en cada uno de sus obras para intentar trasmitir al
espectador esa emoción tan especial que siente el artista cuando
está creando.
Nada se descubre
y nada se inventa, si se afirma, con la rotundidad que otorga la
duda, que la mejor forma de interpretar un cuadro es intentar
meterse en la piel del artista justo en el mismo momento de su
elaboración. Nada más dificil y nada más complicado que esa
remota posibilidad.
Por ello, mirar
un cuadro, leer un lienzo, emocionarse ante unos trazos y descubrir
unos colores que posiblemente nos eran conocidos, únicamente puede
tener verdadero mérito cuando se comprende necesariamente el estado
de ánimo de quien lo creó, de quien supo colocar la justa
sensibilidad en el momento justo, en el ángulo concreto y en el
punto que determina el espacio del arte.
No nos engañamos
pues si descubrimos en las creaciones de Carmen Mollá esa
sensibilidad de quien interpreta los sentimientos en forma de
paisaje, en rincones conocidos de la ciudad que se convierten en
nuevos conceptos, creados desde la luz del verano o la tristeza del
invierno.
Carmen Mollá
vuelve a presentar unas creaciones basadas en la sencillez de quien
es capaz de pintar de una forma personal y particular, guiada únicamente
por el placer de plasmar en los lienzos aquello que los ojos miran,
pero que en ocasiones no ven.
Ahí está el mérito
de esta artista que, con la madurez que otorga la experiencia, sigue
creando y pintando de forma incansable calles, rincones, paisajes, y
monumentos, para encerrarlos en su mundo imaginativo de color y
formas. Todo cabe en sus lienzos.
Y todo cabe por
el simple hecho de que cada cosa tiene su personalidad y su encanto
para esta incansable artista, que una vez más, sorprenderá por su
sensibilidad, y su propia identidad.
|