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Luis Eduardo Aute nace en Manila, Islas Filipinas,
el 13 de septiembre de 1943. Se traslada a España en 1953,
residiendo primero en Barcelona y posteriormente en Madrid.
Empieza a pintar a los ocho años, y hace la primera exposición
individual en Madrid a los dieciséis años. Desde entonces expone
sus obras en diversas ciudades del territorio español y en Francia,
Bélgica, Italia, Brasil, Estados Unidos, etc., con cierta
regularidad, habiendo participado en la Biennale de París en 1965,
en la Bienal de Sáo Paulo en 1967, en los Concursos Nacionales de
Bellas Artes, en Madrid, en 1974, etc. Le conceden el Primer Premio
de Pintura en la XXVII Mostra Michetti, en Francavila al Mare,
Italia, en 1974 Se
interesa por el cine, y trabaja como meritorio de dirección en
varias películas, entre ellas «Cleopatra», de J. L. Mankiewicz.
Dirige tres cortometrajes. En 1986 escribe y dirige un sketch en la
película «Delirios de amor». Además, es, cantautor.
Las
manis de los últimos estertores del franquismo llevaban en su banda
sonora a los cantautores. En aquella película en blanco y negro,
con grises contra barbudos y una coreografía de frío y botes de
humo sonaba de vez en vez “Al alba”. En la época donde la
verdad estaba proscrita, las palabras eran oscuras…
-Ayer veía
en la televisión, sin volumen, las imágenes de las manifestaciones
de estudiantes y no imaginaba cuál sería su banda sonora.
No, no tiene música.
Se perdió la lírica en la política. No hay utopías, hay
simplemente posibilismo. Los universitarios no ponen en cuestión el
sistema educativo, sino determinadas disfunciones que pretenden
mejorar. No cuestionan los conceptos sino lo que pone en
dificultades su integración en la sociedad. La música, quizá,
podría ser la de un spot publicitario. Había lírica y música
cuando había una cierta tragedia, la búsqueda de la utopía, un
romanticismo e ideales. Pero cuando lo que se pretende es una mayor
participación dentro de la burocratización del sistema ¿qué música
cabe ahí?
-Alguien me
dijo una vez que se notaba por el simbolismo que muchas de tus
canciones estaban hechas en tiempos de censura.
-Por un lado era
mi manera habitual de escribir. Pero evidentemente había cosas que
no se podían decir y estábamos obligados a utilizar circunloquios
y metáforas que, de alguna forma, lograban conformar un estilo. Una
manera de escribir de la que a mí me costó desembarazarme para ir
al grano. Siempre había que estar en la periferia de las cosas.
-Con
excepciones hermosas como «Las cuatro y diez»...
-Las cuatro y
diez es una rara canción del 72. De todas las canciones que hice en
esa época era la más coloquial. Al ser un diálogo no tiene metáforas
de ningún tipo y es una perlita entre las canciones de aquella época
que eran medio barrocas. De todas formas era la forma que tenía de
escribir en aquellos momentos.
-Y burlaste
a la censura, que no se enteró que la canción «dentro» reflejaba
una masturbación.
-Sí, pero, por
otro lado, tampoco se trata de escribir yendo al grano, nombrando
las cosas directamente por su propio nombre. La poesía debe sugerir
y el oyente debe llenar los agujeros. Grupos como «Extremoduro»
dicen lo de la masturbación y mucho más pero no se trata, desde mi
punto de vista, de hacerlo de esa manera. Se pueden nombrar las
cosas de una manera más sutil y elegante.
-Volviendo
a «Las cuatro y diez». En su melodía hay fragmentos de la banda
sonora de «Al Este del Edén». Has sido siempre un gran cinéfilo
¿sigues adelante con tus proyectos cinematográficos?
-He hecho cuatro
o cinco cortometrajes y un par de mediometrajes. Y ahora lo vuelvo a
retomar de una manera especial. Llevo dos años trabajando en un
largometraje todo dibujado. Es una película normal con cinco
episodios de dibujos animados, no de dibujos de caricatura sino
dibujos clásicos y realistas.
-¿También
la banda sonora es tuya?
Sí, todo: la
idea, el guión, los dibujos, la realización y la música. Luego
hay un par de técnicos que se ocupan de hacer la filmación de los
dibujos, hacer el montaje y la edición en vídeo.
-Los sueños
de toda una generación se vienen abajo.
-Coincido
contigo. Es de las pocas canciones que me han salido de golpe, como
«Al alba» que también la hice en pocas horas. Es una canción tan
sentida que no me costó nada hacerla. Reflejaba el estado de ánimo
que me tenía preso. Esa especie de frustración, de sensación de
estafa, de fraude. No de desencanto, porque para ello hace falta
estar encantado anteriormente.
-Un día
nos cantaste «A por el mar que ya se aproxima como fruto y semilla
de libertad», pero ahora sólo se navega en Internet.
-Tengo Internet
pero ni lo veo, ni lo uso, ni he navegado nunca. Supongo que lo
tendré que hacer. De todas formas el problema mío es que me falta
tiempo. Además, tengo una teoría que es una pequeña coartada: Una
cosa es el conocimiento y otra la información. Si existiera, yo sería
adicto al Intronet porque creo que habría que viajar hacia dentro
para recabar conocimiento, pero Internet no me seduce.
-Pero nos
puede convertir en unos estúpidos bien informados...
-Hay una saturación,
más que de información, de datos. Y lo malo es esa sobredosis.
Probablemente, con menos elementos se pueda tener más conocimiento.
Vamos a ser el alienado informado. Es curioso que en la industria
informativa del imperio, en Estados Unidos, la cultura no existe.
Coges cualquier revista y hay una página que te ponen cine y teatro
pero la palabra que utilizan para darle título es entretenimiento.
El concepto que tienen de la cultura es entretener. Entretener
significa despistarte y no pensar. No te dan tiempo ni posibilidad
de estar contigo mismo y reflexionar. La palabra cultura no existe.
-Pero sí
la información sin fronteras.
-Yo creo que la
globalización no es más que una herramienta para que el poder
controlador tenga mucha más facilidad de actuar. El concepto de lo
políticamente correcto se ha instituido ya como una ideología orgánica
universal. Hay una tiranía del poder económico que es quien
manipula. La política ya murió y los políticos son instrumentos y
correveidiles de ciertos poderes universales. A través de la
globalización estamos en esta situación que a mí me da terror
porque no veo la cara del tirano de turno.
-Hablando
de tiranos de turno, la cara de Pinochet sí que es bien visible.
-Sentar a los
tiranos en el banquillo sería deseable y muy apetecible. Claro que
eso vale para tiranos tontos. Yo temo casi más a los tiranos
inteligentes que no son conocidos y que, de alguna forma, están
dibujando el futuro. Todos estos tiranuelos, como el tal Pinochet,
bien está que paguen sus crímenes pero cuidado que no viene ningún
paraíso.
-Vázquez
Montalbán casi se molesta cuando le llaman coherente. De tí también
lo dicen.
-Es que lo que es
simplemente normal, hoy se considera coherente. Yo no pretendo ser
coherente sino ser normal, ejercer el sentido común. Si eso es ser
coherente, pues seré coherente, supongo. Pero a mí la gente
coherente también me asusta un poco porque son gente que se
establece muy cómodamente en una serie de ideas y que las asume
como verdades irreversibles. Y cada vez temo más esas seguridades.
-Porque tú
sigues de paso.
Sigo de paso y
con la cartera más estrecha.
-Y, por lo
que veo, más perplejo.
Yo no sé como no
estamos más perplejos ante cosas que estamos viendo y asumiendo
como normales. Están ocurriendo auténticas barbaridades que son
coherentes y entonces esa coherencia me produce temor. ¿Es
coherente que manipulen los genes y se hagan clones? Pues sí, es
coherente con el desarrollo de la tecnología. La coherencia depende
de quien la ejerza. Pero dime si no es para estar perplejo cuando
hay gente muriéndose de hambre y andan fabricando clones.
-Las
mujeres son mayoría en tu público.
Sí. Yo creo que porque he escrito muchas
canciones de amor con cierto desnudamiento del alma femenina. Lo que
es cierto es que me gusta mucho escuchar a las mujeres. Las
tertulias de hombres no me gustan, pero en cuanto veo a tres mujeres
juntas en mi casa estoy como una más entre ellas escuchando y
viendo como piensan. Me parece un mundo más atractivo, más rico,
mucho más imaginativo y real al mismo tiempo. El ser femenino tiene
puestos los pies en la tierra y, a su vez, arriesga más. Todo lo
interesante que he aprendido me lo han enseñado mujeres. Los
hombres me han enseñado cosas menos interesantes desde mi punto de
vista. Puede que ese talante que debe estar en las canciones
establezca un hilo conductor mucho más directo al alma femenina.
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