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Cada
vez es más solitario el camino del agnóstico. Sin fe no podrá
mover montañas, se le enseñó desde muy pequeño. Ahora el
Congreso de los Diputados ha añadido una penalización más en su
maratón de corredor de fondo: sin fe no le queda más remedio que
ejercer la democracia allá donde se asocie, que otra cosa sería si
se cayera del caballo, a lo Saulo, y se sintiera iluminado por las
creencias debidas (las verdaderas, se entiende).
La soberanía
nacional decidió que en este país que tanto sufrió por traer las
libertades quienes mandan deben ser elegidos y explicarse, más/menos,
ante quienes les eligieron. Pues sus representantes de la mayoría
absoluta, el PP oficialmente centrista y los laicos pero
nacionalistas CiU, PNV y Coalición Canaria, quede un reducto
confesional donde las normas se pueden imponer porque sí y las
explicaciones se darán donde yo te diga. Porque ya se sabe, nada
tan aburrido como aguantar a la base, cada vez menos considerada,
gritona e impertinente.
«Se regirán por
su legislación específica…las asociaciones de la Iglesia Católica
que hayan adquirido personalidad jurídica civil de conformidad con
lo dispuesto en la ley», sentencia la nueva ley de Asociaciones,
que da por hecho que nada puede hacer contra el Concordato entre
España y la Santa Sede que así lo establece. Y que a nadie le
entren los ímpetus reformadores porque ya ha dicho el canciller
Josep Piqué que no hay quien mueva ese acuerdo internacional.
Materia cerrada: closed.
No hay por qué
dudar de la capacidad democrática de asociaciones católicas como Cáritas
o Manos Unidas. Pero no debe haber en pleno siglo XXI legislación
civil alguna en la que apelaciones a indeterminados sobrenaturales
como la fe puedan obviar procedimientos tan democráticos como la
transparencia, la rendición de cuentas, el sometimiento a la mayoría
y hasta la libertad de expresión.
Y no creo que se
pueda tachar de anticlericales a quienes pensamos que reverendos y
prelados, que al final son quienes mandan en esas asociaciones, han
dado pruebas más que suficientes de su incapacidad para regirse con
el respeto debido a la Declaración Universal de los Derechos
Humanos.
Este verano han proliferado en España las agresiones de los Obispos
a la intimidad de las personas y a la libertad de enseñanza echando
de su puesto de trabajo a profesores de Religión «políticamente
incorrectos» ( a los que, por cierto pagan/pagamos los agnósticos)
. Y en la temporada otoño- invierno hemos conocido como los dineros
de los cepillos, las cesiones de herencias de los fieles o las
subvenciones públicas para el culto son invertidas en el mercado de
valores sin otra rentabilidad espiritual que el porcentaje de la
especulación (ad maiorem gloriaeuro).
Ante una y otra
agresión nada puede hacer un creyente disidente con el ordeno y
mando de la curia, lo mismo que nada podría hacer en su asociación
apostólica si así se le antoja al mando. Nacen así unos
dirigentes oficialmente santos de toda santidad, pero opacos de toda
opacidad, como las 138 cuentas del BSCH en Madrid que, a imagen y
semejanza del tramposo ecónomo Peralta de Valladolid, bien podrían
conocerse como los «totalitarios del Niño Jesús». Y eso que los
excomulgados diablos con rabo y cuernos de los comunistas son demócratas
de la Constitución. Vamos que los no creyentes andan/andamos tan
perdidos en el valle de lágrimas que ya no sabemos ni lo que es
pecado. ¡Válgame el Señor!
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