|
La Navidad lleva
consigo toda una serie de símbolos y tradiciones cuyos orígenes se
remontan en el paso de los siglos. Desde diferentes paises del mundo
estas tradiciones han venido exportándose e importándose, por lo
que en la actualidad las mezclas de las costumbres son una constante
en cualquier país del mundo. En España, por ejemplo, Papa Noel ha
venido desplazando paulativamente a los Reyes Magos, tema este que
ya fue tratado en otro número de esta revista, y que viene a
demostrar la importancia de mantener vivas las tradiciones autóctonas
como el montaje del Belén o Pesebre. En este reportaje se trata de
dar a conocer toda una serie de símbolos tradicionales de la
Navidad; sus orígenes y sus características.
Una
de las más arraigadas tradiciones navideñas consiste en crear una
escenografía del nacimiento mediante pequeñas figuritas enmarcadas
en un paisaje de arena, piedras, corcho, papel de plata y harina a
modo de nieve. Esta tradición pervive en la actualidad en Italia,
España, Francia, el Tirol austríaco, Alemania, la República
Checa, Latinoamérica y Estados Unidos. En muchas ocasiones, una
parte importante de estas figuras van ataviadas con la indumentaria
típica de la localidad. Muchas responden a oficios modernos y dos
son características, poseyendo entidad propia: el encantado o
extasiado (en alusión a la expresión de sorpresa causada
al ser el primer personaje en llegar hasta el pesebre) y el caganer
o cagón (pastor sorprendido defecando tras unos
matorrales). Otra variedad es el pesebre portátil que va pasando de
casa en casa acogiendo la visita de la sagrada familia.
El
origen de la costumbre
En el origen de
esta costumbre se encuentran las esculturas y pinturas que adornan
los templos para adoctrinar a unos fieles analfabetos y las
representaciones teatrales semilitúrgicas que se representaban
durante la misa de Nochebuena. Pero la tradición se generó en el
siglo XIII, cuando San Francisco de Asís quiso celebrar una Navidad
lo más realista posible y, con el permiso papal, instaló un
pesebre con paja dentro de una cueva, puso una imagen del Niño Jesús
y un buey y una mula vivos junto a ella. Y en ese escenario celebró
en 1223 la misa de Nochebuena. El éxito de esta humilde
representación del pesebre fue tal que rápidamente se extendió a
toda Italia. Pronto se introdujo en las casas nobles europeas y de
ahí fue descendiendo hacia las clases más pobres. En España, la
tradición llegó de la mano del monarca Carlos III, quien la importó
desde Nápoles en el siglo XVIII. Su popularidad en los hogares españoles
e hispanoamericanos se extendió a lo largo del siglo XIX y en
Francia no lo hizo hasta entrado el XX.
Los
dramas vivientes
En muchos lugares
de España aún pervive la tradición de recrear el nacimiento como
un pesebre viviente. Estos dramas también se representan en muchos
países de América Latina, como Ecuador o Argentina, y abarcan
varios episodios del ciclo navideño. En México son muy importantes
«Las Posadas», procesiones iluminadas que se celebran todos los días
desde el 16 al 24 de diciembre en recuerdo del peregrinaje que tuvo
que realizar la Virgen y San José para alumbrar a Jesús. «Las
Posadas» también se celebran en Honduras y El Salvador. En este último
país, la gente se viste con bufandas de seda en colores brillantes,
blusas adornadas con lentejuelas y encajes y llevan cayados de
pastores y campanas. En Venezuela es costumbre en muchas poblaciones
que los lugareños representen «La Bajada de los Reyes Magos»,
en la que prácticamente se implica todo el pueblo.
La
Misa del Gallo
Así se conoce la
misa que se celebra la noche de Nochebuena. Su denominación
proviene de una fábula que afirma que fue este animal el primero en
presenciar el nacimiento de Jesús, encargándose de anunciarlo al
mundo. Hasta comienzos del siglo XX era habitual que la medianoche
fuera anunciada dentro del templo por un canto de gallo, real o
simulado. Esta misa apareció en el siglo V y a partir de la Edad
Media se transformó en una celebración jubilosa lejos del carácter
solemne con que hoy la conocemos. Hasta principios del siglo XX
perduró la costumbre de reservar a los pastores congregados allí
el privilegio de ser los primeros en adorar al Niño. Durante la
adoración, las mujeres depositaban dulces caseros que luego
cambiaban por pan bendecido o Pan de Navidad. Era también costumbre
reservar un trozo de este pan como amuleto al que sólo se podía
recurrir en caso de enfermedad grave. Otra tradición que ha
perdurado es la de estrenar esa noche una prenda con la que atacar
al demonio. En algunas zonas, esta misa se celebra durante las
primeras horas del día. En la mayoría de países de Iberoamérica
es tradición que toda la familia acuda a ella unida, y para los
panameños es el momento más importante de las fiestas.
Los
Villancicos
Estas canciones
se remontan a los poemas cortesanos de temática amorosa que a lo
largo de los siglos XV y XVI se recreaban en los salones nobles y más
tarde repetía el pueblo llano (canción de villanos). Durante el
siglo XVII, los maestros de capilla musicalizaron miles de
cancioncillas religiosas y sacralizaron otras para ser cantadas en
los maitines de las festividades litúrgicas. Como las que mejor
recordaban los fieles eran las compuestas para los maitines de
Navidad, el término quedó como sinónimo de canción para la
Nochebuena. Tan grande fue su éxito que muchas se imprimieron. Esta
aceptación popular hoy se traduce en que la canción que más
tiempo ha encabezado las listas de discos más vendidos -72 semanas-
es un villancico: «White Christmas». Hasta hace
pocos años, era habitual durante las Fiestas asistir a escenas
callejeras donde niños y jóvenes iban en grupo con panderetas y
zambombas cantando villancicos y pidiendo el aguinaldo. En algunos
puntos de Iberoamérica aún pervive esta costumbre.
El
Árbol de Navidad
El origen del árbol
navideño se remonta a la época comprendida entre el segundo y
tercer milenio a.c. En aquel entonces, una gran variedad de pueblos
indoeuropeos que se estaban expandiendo por Europa y Asia tenían a
los árboles como expresión de las fuerzas fecundantes de la Madre
Naturaleza, por lo que les rendían culto. El fuerte roble fue en
muchos casos el árbol rey. Al llegar la caducidad de sus hojas, su
aspecto desolado era compensado con diferentes adornos tratando de
atraer el espíritu de la Naturaleza que se creía huido. La leyenda
cuenta que en la primera mitad del siglo VIII un roble que los
paganos creían sagrado cayó sobre un abeto, pero éste quedó
milagrosamente intacto, por lo que fue proclamado el árbol del Niño
Jesús. Su forma triangular se explicó como representativa de la
Santísima Trinidad, con el Dios Padre en la cúspide. El moderno árbol
de Navidad proviene de Alemania y sus primeras referencias datan del
siglo XVI. Hasta el siglo XIX no llegaría a Gran Bretaña, Francia,
Estados Unidos, Puerto Rico, China y Japón. En España empezó a
penetrar en el primer cuarto del siglo XX y en la actualidad se
encuentra arraigado en la mayoría de Europa y Latinoamérica.
Los
adornos del árbol
Las bolas,
estrellas o herraduras que hoy cuelgan del árbol de Navidad
representan las primitivas piedras, manzanas u otros elementos que
en el pasado adornaban el roble, predecesor del actual árbol navideño.
Cada uno de estos ornamentos tiene de por sí un significado. Así
por ejemplo, antes de que fueran sustituidas por bombillas eléctricas
de colores, las velas eran uno de estos adornos: simbolizan la
purificación y su llama se entendía como la representación de
Cristo, la luz del mundo. Las herraduras son un clásico amuleto que
atrae la buena suerte. Las habituales piñas se utilizan como un símbolo
de la inmortalidad y las campanillas como muestra del júbilo navideño.
Las manzanas o las bolas de colores, su más tradicional variante,
desarrolladas por los sopladores de vidrio de Bohemia del siglo
XVIII, son signos propiciatorios de abundancia. Por último, las
estrellas anuncian los designios de Dios. Según cuenta la Biblia,
cada estrella tiene un ángel que vela por ella, creencia que
soporta la antigua idea de que cada una de las que puebla el
firmamento es en sí misma un ángel. La que copa el árbol de
Navidad se refiere a la de Belén.
El
Muérdago y el Acebo
Gracias a su
característica de permanecer siempre verde, el muérdago ha sido
considerado ancestralmente como una planta sagrada, un signo
protector que aporta suerte y fertilidad. Dentro de la Navidad, en
pleno solsticio invernal, representa esta demanda de prosperidad a
la divinidad. La costumbre de colocar unas ramitas de muérdago
sobre los marcos de puertas y ventanas o en los techos entronca con
su particularidad de enraizar sobre el tejido vivo de otras plantas
y no sobre la tierra, a diferencia de la mayoría de los vegetales.
La tradición dice que la muchacha que recibe un beso bajo el muérdago
en Nochebuena encontrará el amor que busca o conservará el que ya
tiene. En el caso de una pareja, obtendrá el don de la fertilidad.
Esta aplicación navideña procede de los países del norte y centro
de Europa. En Estados Unidos se implantó a mediados del siglo XIX.
En España cuenta con poca tradición, no así en Latinoamérica.
Por su parte, el acebo, de hoja perenne y con un llamativo fruto
rojo, ha acuñado prácticamente la misma simbología que el muérdago.
El
Tronco o Leño de Navidad
Se trata de una tradición rural que aún pervive en muchos lugares de
España, Francia, Inglaterra y países eslavos. La antigua costumbre
consistía en encender un tronco con un fragmento de su predecesor
que se guardaba durante todo el año, protegiendo de esta forma la
vivienda contra el demonio, rayos e incendios. En la actualidad se
ha convertido en una fiesta infantil, donde los niños le tratan
como si se tratara de un animal vivo fabuloso al que los padres han
ayudado a alimentar y cuidar. En la Nochebuena o mañana de Navidad
los pequeños se reúnen a su alrededor para golpearlo y así
obtener los regalos que alberga en su interior. |