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La Xàtiva del euro
ya es una realidad. Desde primeras horas del primer día de enero,
los cajeros automáticos de la gran mayoría de sucursales bancarias
comenzaban a expender los primeros billetes de la nueva moneda
europea y así lo anunciaban en grandes carteles colocados en
lugares visibles: «Sólo Euros». De esta forma los setabenses se
abastecían de los nuevos billetes y lo hacían rompiendo todas las
previsiones. Si bien el primer día fue de absoluta normalidad
-resacas, cansancio, lluvia...- en los siguientes los bancos se
colapsaron durante el tiempo en que permanecieron abiertos. Esta es
la crónica del Euro. La nueva moneda.
El
primer día de enero amaneció lluvioso y gris. Esto provocó que no
hubiesen excesivas alegrías para acudir a las entidades bancarias a
conocer los nuevos billetes, y aún así la sucursal de Bancaixa en
la Plaza de la Bassa tuvo algunas colas de consideración en algunos
momentos de la mañana. Sin embargo los cajeros automáticos de esta
misma entidad sufrieron una desconocida calma y expidieron billetes
de forma paulativa sin ningún problema. El mínimo eran diez euros
para abrir boca y de esta forma pagar -si así se deseaba- el primer
café del primer día del año.
Pero la prueba de
fuego llegó el miércoles día dos, cuando el comercio en general
abrió sus puertas preparado para el gran cambio. La realidad
general es que hubo absoluta normalidad en este sector. La gran
mayoría de ciudadanos abonaron sus compras más corrientes en
pesetas y en este sentido hay que destacar el gran esfuerzo de
muchos comercios adheridos al «código de buenas maneras» que no sólo
expedían sus tikets de compra en las dos monedas sino que devolvían
en euros si el cliente no opinaba lo contrario, convirtiéndose de
esta forma en receptores de las pesetas.
Las compras más
importantes se hicieron en su gran mayoría en tarjetas de crédito,
por lo que el euro apenas circuló. Pero eso sí, hubo compras tan
habituales como el periódico del día que se pagó en euros,
concretamente 0,90 céntimos, estrenando de esta forma el famoso
monedero adquirido días antes.
Los bancos sí
que sufrieron este primer día laborable un auténtico atasco de
clientes. En primer lugar por ser las primeras fechas verdaderamente
operativas después de las navidades y coincidir con el abono de nóminas
y pensiones, y después por la fiebre de querer cambiar pesetas por
euros cuanto antes, lo que provocó que todas las previsiones de
cambio quedasen hechas trizas, llegando en algunos momentos a agotar
la nueva moneda.
Sin embargo esta
fiebre de querer poseer euros no se acompañó de la utilización
masiva de la moneda, por lo que los cambios eran únicamente por el
hecho de querer poseerla físicamente y conocerla, aparte de que
mucha gente ha llegado a creer que si no se cambian de inmediato las
pesetas estas pueden dejar de tener valor, pese a las campañas
informativas que han venido señalando que las pesetas y los euros
convivirán conjuntamente hasta el 31 de marzo y que el Banco de
España aceptará las pesetas de forma indefinida.
Por otra parte
las gasolineras de Xàtiva ofrecían ya sus carburantes únicamente
en euros, y curiosamente casi el cien por cien de los pagos se
hicieron en pesetas, por lo que era necesario un cálculo exacto del
importe.
Donde
posiblemente más animación hubo estos primeros días fue en el
mercado municipal. El comentario generalizado respecto al euro llenó
todas las tertulias y debates. En algunos puestos se manejó la
nueva moneda aunque fue la pesetas la dueña y señora de las
transacciones comerciales. Los céntimos de euro ya figuraban en
frutas y verduras y en todos los casos el redondeo era exacto. La
buena intención se podía palpar entre los vendedores. Donde si
hubo más operaciones en euros fue en el mercado tradicional de los
martes y viernes. Allí se pudieron ver muchas más operaciones en
la nueva moneda que ya manejan 300 millones de europeos.
Una imagen que se
ha repetido hasta la saciedad es la de dejar el cambio encima de la
mesa con el número del valor de las monedas hacia arriba, con el
fin de que los clientes pudiesen comprobar la exactitud de las
devoluciones. O también sobre la palma de la mano para poderlo
contar con facilidad.
Pasados los
primeros días, el euro comenzó a ser mucho más operativo en
contra de lo que se creía. Fue precisamente en las compras diarias
como el pan, la carne o las frutas y verduras, cuando la nueva
moneda comenzó a funcionar más constantemente, y fueron
precisamente las personas más mayores quienes primero utilizaron el
euro, con el fin de familiarizarse cuanto antes. Incluso los
vendedores ambulantes de la feria de navidad se apresuraron a
colocar los precios también en euros y aceptarlos con total
normalidad. Fue un cambio sin traumas.
En apenas diez días
ya comenzaban a escasear las pesetas, como prueba de que el euro había
pasado su prueba de fuego y comenzaba a ser la moneda mucho más
utilizada, aunque continuase provocando enormes colas en las
entidades bancarias.
Pese a esta
mayoritaria normalidad han habido algunas sorpresas desagradables
como la ofrecida por Renfe que ha redondeado todos sus precios de
cercanías -después de una subida generaliza de las tarifas-
colocando sus precios para que terminen en cero o cinco y no en
diferentes números. Al final la subida ha sido espectacular.
Redondeos
semejantes se han podido ver en productos como algunos menús de
restaurantes, golosinas o ropa, aunque han sido mínimos.
En definitiva, y
según todos los expertos, es posible que la pesetas desaparezca de
la circulación antes de lo previsto, pero que nadie se alarme:
siempre podrá cambiarse por euros.
Lo mejor es operar cuanto antes únicamente en la nueva moneda europea.
La adaptación será más fácil. Y de hecho así está siendo, por
lo que dentro de nada las pesetas serán un recuerdo que quedará en
la memoria.
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