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En la década de
los años 60 desaparecía de Xàtiva uno de los monumentos más
característicos de la ciudad y que durante años constituyó todo
un elemento que distinguía la plaza donde se ubicaba. Las viejas
postales recuerdan ahora una Bassa que se alargaba casi desde la
Plaza del Españoleto hasta un viejo kiosco y que durante muchos años
fue uno de los sitios obligados para lavar la ropa, ya que el agua
corriente dentro de las casas no existía, y la Bassa, junto al
lavadero del Jardín del Beso, eran los dos lugares indicados para
este menester. Precisamente la llegada del agua potable a las
viviendas hizo que la Bassa fuese enterrada. Ahora se pretende su
recuperación este mismo año.
Tal y como
ocurriese con el Portal del Lleó y en menor medida con el lavadero
público del Jardín del Beso, el Ayuntamiento de Xàtiva pretende
seguir recuperando aquellos elementos que en su día fueron
identificadores de la ciudad y que el paso del tiempo obligó a
derribarlos por diferentes motivos. De esta forma está previsto que
vuelva a ser instalado el templete de la Glorieta y la Bassa, siendo
está última la obra de mayor envergadura en cuanto a recuperación
de monumentos antiguos, ya que obligará a una reforma integral del
jardín. No obstante la ubicación no será exactamente la misma, ya
que la presencia del tráfico rodado y la amplitud de las vías,
hacen inviable esta posibilidad, por lo que la Bassa será
desplazada hacia uno de los lados, quedando integrado dentro del
jardín e intentando que tenga la mayor cantidad posible de
elementos originales, ya que se tiene la certeza de que
desenterrando el lugar, pueden aparecer un gran número de ellos que
quedaron allí cuando fue enterrada.
Al mismo tiempo
se mantendrá como elemento decorativo, por lo que las aguas que
reciba no se perderán, sino que tendrán un efecto «rebote» para
volver a ser reutilizadas. Su funcionamiento será similar al de
cualquier fuente, pero recuperando las aguas.
La Bassa recibía
agua directamente el Canal de Bellús, y así puede leerse en el
libro «Játiva en tus manos» de Rafael Alventosa: «la Plaza de
la Balsa tomó su nombre por la gran balsa-lavadero allí emplazada,
que servía para los menesteres de la población, antes de la
instalación domiciliaria de las aguas potables. Tres grandes bocas
de agua, una de ellas mayor y un surtidor central sobre una taza
circular de piedra, verían sus transparentes aguas del manantial de
Bellús. Bello aspecto y admiración de todo visitante».
Una gran parte de
la Bassa fue enterrada a principios de la década de los años
sesenta, no sin la oposición de muchos vecinos, incluso de algunos
concejales del Ayuntamiento de entonces. La taza semiesférica de mármol
de buixcarró fue a parar a la Plaza de la Seo, donde todavía
permanece como fuente en el jardín central, aunque en estos
momentos ya totalmente destrozada y algunas de las losetas del
monumento, sirvieron para hacer las aceras de esta misma plaza.
La Bassa que
durante años sirvió como lavadero público, sustituyó a unos baños
árabes que existían en la ciudad, y de los que aprovechó su
caudal. Este lavadero se construyó en la primera mitad del siglo
XIX y se destruyó (enterrando gran parte del mismo) en la reforma
general de la Plaza a principios de la década de los años sesenta.
La recuperación de este lavadero, puede significar una recuperación de
la memoria entrañable, ya que la Bassa está mucho más fresca en
el recuerdo que lo estaba el Portal del Lleó, y desde el
Ayuntamiento se cree que puede ser un nuevo atractivo turístico
para el futuro más inmediato.
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