UN JURADO ALTAMENTE ESPECIALIZADO Y CUALIFICADO HA COLOCADO EL CONCURSO ENTRE LA DESERTIZACIÓN, EL AUMENTO DE LAS TEMPERATURAS, LA ESCASEZ DE LLUVIAS... HAN JUGADO EN CONTRA
Agricultura y Medio Ambiente: equilibrio y sostenibilidad para las futuras generaciones

 
Preservar el medio ambiente. Esa parece ser la consigna existente entre todos los sectores de la sociedad desde hace algunas décadas. Los recursos existentes no son eternos y sin un desarrollo sostenible se pueden producir daños irreparables y situaciones irreversibles para las futuras generaciones. La agricultura ha jugado, y debe jugar, un papel fundamental para preservar el medio ambiente en muchos de sus aspectos. La desertización, el ascenso de las temperaturas o la escasez de lluvias han jugado en contra de un equilibrio justo. Es tiempo de intentar cambiar los hábitos.
En los últimos años ha aparecido una gran sensibilización por todos aquellos aspectos relacionados con el medio ambiente; la protección de las aguas subterráneas ante la contaminación derivada de la actividad agrícola, la necesidad de minimizar los residuos y las campañas de reciclaje de todo tipo de materiales, la conveniencia de mantener la biodiversidad vegetal y animal, la protección del medio frente a las consecuencias de la actividad industrial que repercute en el efecto invernadero,... han merecido la atención de todos los segmentos de la sociedad, que se ha manifestado con la presencia de todos los Jefes de estado en las convenciones que debaten estos temas, como la Conferencia de Río o la cumbre de Kioto.
Ello hace que actualmente ya no se inicie ninguna actividad sin que vaya precedida del correspondiente análisis del impacto ambiental, que ha de permitir tan sólo aquellas iniciativas que garanticen la preservación de los recursos naturales y la protección del medio ambiente. Se trata de conservar la naturaleza, en la medida que sea posible, de tal manera que las próximas generaciones puedan disfrutar del medio natural en las mismas condiciones, cuando no en mejores, en las que nosotros la recibimos de nuestros antepasados.
Según señala el especialista en medio ambiente Lluis R. Ferré, «la actividad del agricultor, como consecuencia de la explotación del medio rural y de su asentamiento en el territorio, permite la preservación del medio ambiente y existen ejemplos concretos: en los incendios forestales, la existencia de superficie cultivada actúa como cortafuegos de la difusión del fuego. La eliminación de las discontinuidades vegetales en aquellas zonas en que el bosque invade las parcelas de cultivo abandonadas hace posible que cuando se inicie el incendio desaparezca el cortafuegos que supone el contacto de la línea de frente con la parcela cultivada.
En otros casos la existencia de superficie cultivada garantiza la preservación del suelo, bien considerado como recurso escaso. El principal enemigo del suelo en el mediterráneo es el agua, que, por las características de las precipitaciones que se dan en esta área, localizadas en épocas concretas del año, y con una gran intensidad, lo que pone en peligro el mantenimiento del suelo en aquellas condiciones geomorfológicas (originadas sobre todo por pendientes acusadas) por la exposición a avenidas importantes.
El cultivo según las curvas de nivel, por otra parte, también es una labor indispensable para el mantenimiento del suelo, y es conocido desde tiempos inmemoriales por el agricultor, que siempre ha sido consciente de la importancia de la realización de esta práctica cultural para la conservación del suelo ante las lluvias torrenciales».
Por ello la sensibilidad desarrollada en la sociedad por cuantos aspectos están relacionados con el medio ambiente, y una vez reconocida la labor del agricultor en su mantenimiento, debe ser considerada como un elemento más que puede supone un factor decisivo para la supervivencia de la agricultura y el propio medio ambiente.
Si realmente se pretende una defensa ambiental que garantice un futuro esperanzador, la agricultura debe jugar un papel importante junto a una sensata evolución industrial según los recursos existentes, y que al mismo tiempo conjugue economía, urbanismo y crecimiento, y que pueda garantizar un mayor bienestar social.
Los cambios climatológicos
Hay que tener en cuenta que los cambios climatológicos (cuyos motivos son muchos y extremadamente complejos) están produciendo un verdadero problema tanto en las producciones como en un medio ambiente viciado cuyos recursos naturales pueden llegar a acabarse.
Sirva como ejemplo cercano el hecho de que un tercio de la producción de los árboles frutales en la Vall d´Albaida se ha perdido en los últimos años por causas climatológicas. Los especialistas en agricultura Ignasi Pañarrocha Sanchis e Ignasi Peñarrocha Mateu han revelado en un libro editado recientemente bajo el título de «Influència de la climatologia en la producció de fruiters», que la temperatura media global ha aumentando medio grado en los últimos diez años, pasando de 17 grados a 17,5, lo que parece poco, pero según los autores del libro es «una barbaridad». A este aumento se le añaden los cambios bruscos de temperatura que se vienen padeciendo con alteraciones muy exageradas de un día para otro, lo que afecta a la polinización y cuajado de la flor, que produce la malformación de la fruta.
La Carta de Xàtiva
En el mes de junio del año 2000 se presentaba y aprobaba la «Carta de Xàtiva», un claro compromiso con el medio ambiente que era refrendado por el Senado español en octubre del pasado año, y que servirá como patrón de las políticas estatales en medio ambiente. Según señaló el senador por Valencia Vicente Ferrer, «con esta propuesta nos estamos planteando la necesidad de pactar con nuestro propio entorno y de llegar a un gran acuerdo de coexistencia con la naturaleza que implique el mantenimiento de la diversidad biológica para preservar la vida y el bienestar humano».
Y es que la Carta de Xàtiva es un claro compromiso de futuro con el medio ambiente y todo lo relacionado con él. Es un nuevo concepto de evolución en el siglo que ahora comienza y una mirada de esperanza para las futuras generaciones que también habrán que comprometerse firmemente a preservar los recursos naturales.
Así se establece muy claramente en la Carta: «En el umbral del siglo XXI muchos son los cambios que están operando en la sociedad. La velocidad sin precedentes del desarrollo tecnológico y los rápidos cambios producidos por la innovación de las tecnologías de la información, están modificando sustancialmente el modo de vida de los ciudadanos, la forma de funcionar de las ciudades e igualmente la identificación de los ciudadanos con su ciudad. En las dos últimas décadas los municipios han experimentado intensos cambios que han incidido positivamente en la calidad de vida de los ciudadanos. Se han superado déficits históricos con la creación y consolidación de infraestructuras básicas y la dotación generalizada de servicios de todo tipo. Sin embargo parte de ese bienestar se ha conseguido con un importante deterioro ambiental. En consecuencia el actual modelo de desarrollo debe ser replanteado. Las necesidades del presente deben ser satisfechas sin comprometer las de las generaciones futuras, base del concepto de desarrollo sostenible.
Todo ello implica el mantenimiento de la diversidad biológica, y la calidad del aire, agua y suelo a niveles suficientes para preservar la vida y el bienestar humano, así como la flora y la fauna.. Se trata de un plan de acción de ámbito municipal con objeto de alcanzar un Desarrollo Sostenible en todos los niveles: económico, social, cultural y de protección al Medio Ambiente».
Este Desarrollo Sostenible pretende que la velocidad de consumo de recursos materiales, hídricos y energéticos renovables no supere aquella a la que los sistemas naturales pueden reponerlos, y que la velocidad con la que se consumen recursos no renovables, no superen el ritmo de sustitución de los recursos renovables duraderos. Al tiempo se hace referencia a que el ritmo de emisión de contaminantes, no supere la capacidad del agua, aire y suelo de absorberlos y procesarlos, lo que implica el mantenimiento de la diversidad biológica, la salud pública y la calidad del aire, el agua y el suelo a niveles suficientes para preservar la vida y el bienestar humano, así como la flora y la fauna para siempre.
Por ello la Carta de Xàtiva hace hincapié en la necesidad de llevar a cabo un desarrollo sostenible partiendo desde el nivel más bajo posible, como son las autoridades locales, ya que se trata del mejor nivel para tomar decisiones ambientales y hacerlas en colectividad, al poder transmitir los problemas a la comunidad.
Es la esperanza del futuro más inmediato.

Vicent Soriano

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