| |
En la Casa de la Cultura de Xàtiva se ha podido ver una exposición
de Antonio Sáez, el pintor no setabense de nacimiento pero si de
adopción, que hacía excesivo tiempo que no mostraba sus últimas
creaciones. Para esta ocasión ha vuelto a la temática que más le
agrada: el paisaje. Como todos los componentes del Grupo L´Aire
Lliure, el paisaje marca las leyes de la creación de Sáez, y en esta
ocasión ha vuelto a demostrar que la madurez sirve para alguna cosa
más que para encasillarse en creaciones repetitivas y monótonas.
Antonio Sáez ha expuesto con una serie de creaciones donde los
matices de los pequeños detalles marcan las diferencias de la obra.
Son los detalles los que permiten descubrir que Sáez domina el
paisaje como domina la naturaleza muerta o el abstractismo más
ininteligible que podríamos imaginar, pero que sin ningún genero de
dudas contendría el mensaje que el pintor quiere dar en cada uno de
sus cuadros.
Significa todo ello que Sáez se permite el lujo de ofrecer paisaje
como se permitió en su momento el lujo de crear obras donde la
oscuridad, la tristeza y la melancolía llenaban el lienzo de un
impresionismo muy personal y onírico, donde la realidad se mezclaba
con la imaginación, y lo irreal con los sueños misteriosos de la
fantasía. Esos lienzos donde el inconsciente domina al espectador
para que encuentre el mensaje, siempre esperanzador, que Sáez
esconde.
Antonio Sáez puede permitirse el lujo de crear lo que le apetece, y
por ello, en esta ocasión ha vuelto a presentar el paisaje tan
particular que le caracteriza. Sabe jugar con los colores para
captar la atención de cualquier rincón y de esta manera dar forma a
las formas elegidas. El abstractismo que lleva dentro se adivina a
la hora de conjugar el movimiento con el enfoque de lo
verdaderamente importante que pretende mostrar al espectador.
Las fachadas rosas o los rojos de las amapolas serán una buena
excusa para destacar el ocre de las fuentes o los verdes de los
campos. Los amarillos de sus árboles o el negro de sus farolas.
Rincones de Xàtiva han quedado expuestos con una riqueza
extremadamente matizada con destellos de luz. Sin estridencias y en
la justa medida de atracción para el espectador.
Los cuadros de Antonio Sáez están llenos de riqueza precisamente por
la tranquilidad con que están tratados. Toda la fuerza que
transmiten está basada en un minucioso estudio del tiempo, y del
porqué las cosas son como son. El cielo es azul un día de primavera
pero es gris en el final de los otoños, pero en ambos casos tendrá
la misma belleza si se sabe descubrir su presencia en el momento
justo.
Y el aire libre invita a la contemplación mientras la naturaleza
muerta a la reflexión. En ambos casos Sáez sabe plasmar la presencia
justa para que llegue a los ojos del espectador.
Los cuadros que se han podido ver en la Casa de la Cultura presentan
a un pintor suficientemente preparado para otros retos. Ya los tuvo
y los cumplió y posiblemente en este caso siga haciendo lo que le
gusta en el momento en que lo desea.
Una técnica muy depurada y un particular dominio del color y el
trazo que se adivina en el espacio de la creación, invitan a
recrearse en sus paisajes.
Se nota que sabe lo que se hace.
|
|