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Comencé
a seguir «Operación Triunfo» cuando ya se habían cargado a la
mitad de los chicos con aquello de las nominaciones. La cosa tenía
su gusanillo y no sólo yo comencé a interesarme por el espectáculo
televisivo y mediático, sino que la gran mayoría de la prensa
especializada y no especializada de este país llenó centenares de
páginas haciéndose eco del programa. Lo apoyaron con una
intensidad fuera de lo común y se pudo leer por parte de muchos
plumillas frases como «los kilos de humanidad de Rosa»,
«los encantadores ricítos de Bisbal», «la
gran personalidad de Manu Tenorio», «la humildad de
Bustamante»; «el gran futuro de Chenoa»,
etc.
Y
todos, absolutamente sin ninguna excepción, se rindieron al invento
de Ges-Music, glosaron sus excelencias y sus índices de audiencia,
y «Operación Triunfo» se convirtió en el programa de la década
y un ejemplo a seguir.
Y llegó Eurovisión.
Y toda la prensa especializada y no especializada llenó portadas de
esperanzas, y ese sábado los españolitos se sentaron frente al
televisor con para llenarse de adrenalina durante casi tres horas.
Medios de comunicación, críticos musicales y pueblo de a pie
coincidían.
Pero ya se sabe
como son los concursos y...nuestro gozo en un pozo. Ahí se acabó
el encantó de Rosa, de Eurovisión, y del programa.
La gran mayoría
de periodistas que glosaron, destacaron, escribieron páginas
maravillosas de los chicos de
la academia, y agotaron los adjetivos para el programa, se pusieron
entonces del lado más cómodo e hicieron de «Operación Triunfo»
un experimento inútil, vacío de contenido, franquista, rancio,
engañoso, sin futuro y cosas por el estilo.
Aquellos que, al
dictado en la mayoría de los casos se rendían al encanto de Rosa y
los ricítos de Bisbal, abogaban ya por la desaparición del
programa cuanto antes (ahí están las hemerotecas para poderlo
comprobar para vergüenza de muchos). La credibilidad entonces de
muchos periodistas y de los medios para los que trabajan deja mucho
que desear. La pregonada independencia de los medios y la integridad
de muchos periodistas cae en saco roto y hace dudar en exceso de las
virtudes de la comunicación real.
En todas partes
cuecen habas. Ahora en Antena 3 sólo hay mundial (se juega en
casa), mientras que para Televisión Española es un acontecimiento
deportivo que sólo merece unos minutos diarios.
Los intereses
económicos destacan sobre los generales, y pese a la gran mayoría
a mi me sigue gustando Rosa, me sigue gustando el experimento de
Ges-Music y todo lo que ha conseguido crear.
Al menos en eso sigo con la misma idea que me
formé la primera noche que vi el programa. No creo que las
circunstancias tengan que obligar a cambiar de idea. Y mucho menos a
pregonar el cambio sin ningún sentido, excepto el de seguir a
quienes marcan las pautas de la información.
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