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Nos
hemos comprado un móvil por si algún día nos quedamos tirados con
el coche.
«Cómprese un
móvil; será su salvación si algún día le deja tirado su coche»...
Si alguien hubiera registrado la frase se habría forrado. Pues llegó
mi mujer, la dijo y no hubo manera de convencerla de que si algún día
nos quedamos sin líquido de frenos pasarán, en cinco minutos,
cincuenta tíos que te pueden dejar un móvil porque se lo compraron
por si algún día se les espatarraba el coche.
O «por estar
siempre localizados»... Famosa frase también aunque conlleve
la poca gracia de que todo el mundo sepa que te puede encontrar estés
donde estés y en el momento en que estés.
El caso es que ya
tengo móvil. Lo que pasa es que soy un torpe con los aparatos en
general y con el telefonito no iba a ser menos: no sé dónde he
metido las instrucciones, me lo dejo encendido por las noches y se
descarga, lo llevo por el día pero apagado, si voy en tren y estoy
a punto de dormirme me despiertan dos timbres a la vez pero nunca
suena el mío para despertar a los demás y si nos vamos a comer
cuatro compañeros tengo que ser yo el que trate con el camarero
porque los demás no paran de hablar, de decir que se pierde la
cobertura y de darle al menú ese.
Me está dando
por pensar que soy el peor usuario del mundo, o el más inútil.
Para colmo, tengo la sensación de que, si algún día me quedo
tirado con el coche, se me habrá olvidado el teléfono en casa.
Por eso he
decidido entrenarme. Empecé el otro día, aprovechando que tenía
que hacer un viaje de trabajo en avión; decidí llevarme el móvil,
evidentemente no por si se estropeaba el avión en pleno vuelo, sino
para hacer lo que suelen hacer en estos casos los más diestros en
el manejo del cacharro:
· LLAMADA 1: Hola,
cariño. Bueno, que salgo del trabajo y me voy al aeropuerto...
· LLAMADA 2: Hola,
que ya estoy en el aeropuerto y que voy a ver si como algo antes
de...
· LLAMADA 3: ¿Qué
tal?... Oye, que ya va a salir el avión; que te llamo cuando llegue
y...
· LLAMADA 4: Hola.
Nada, que se ha retrasado la salida, así es que...
· LLAMADA 5: Bueno,
que ya parece que salimos; que ya no te llamo hasta que llegue. Si
no te llamo es que he salido...
· LLAMADA 6: Oye,
que te llamo, pero que salimos. Es que creo que no había quedado
claro si te llamaba o no te llamaba. Apago el móvil que me está
mirando mal la azafata y...
· LLAMADA 7: Sí,
ya he llegado... ¿que qué tiempo hace?... No sé; aún no he
salido del aeropuerto, voy por...
· LLAMADA 8: Ni
bueno ni malo, regular. Voy en el taxi camino del hotel y luego...
· LLAMADA 9: Ya
estoy en el hotel... Normalito, normalito; ya sabes...
· LLAMADA 10: Voy
a ver si cenamos algo y me acuesto prontito, porque estoy...
· LLAMADA 11: No,
al final nos vamos a tomar una copita; pero rápida... No, no, ya no
te llamo más...
· LLAMADA 12: Oye,
que no te he preguntado qué tal tú...
· LLAMADA 13: Ah,
que estabas dormida; perdona, es que no me he dado cuenta de la hora
porque...
Ese día dormí
con la satisfacción de los deberes cumplidos y, a la vuelta, hice
lo mismo porque ya me sentía como un gran usuario. Sólo me negué
a hacer la llamada catorce. Esa que he oído más de una vez y que
me ha dejado las orejas a cuadros; sólo para grandes especialistas:
«Cariño, que ya llego, que estoy en el portal...»
Lo malo de estas cosas es que nunca te acabas
de poner al día, porque siempre te colocan alguna piedra en el
camino: nos hemos tenido que comprar un segundo coche y, de un
momento a otro, me temo lo peor.
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