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El 18 de octubre de 1976, hace más de veinticinco años, una canción
fue prohibida, una vez más, en España: Libertad sin ira, del grupo
Jarcha, no debía sonar. Pero sonó al final, vaya si sonó, para
convertirse en la canción del lanzamiento de un nuevo periódico, el
segundo que nacía para la democracia: Diario 16, hermano menor de
Cambio 16, la revista más emblemática de la transición, que naciera
en 1971.
En estos momentos, Cambio 16 está en manos del juez. Suspensión de
pagos primero, quiebra de la empresa después y subasta al fin, que
quedaría desierta, convierte a los antiguos trabajadores de la
revista en sus dueños de hecho, si el juzgado así lo decide, a la
espera de un comprador -no cualquier comprador, que de buitres ya
saben mucho los trabajadores de esa casa- que, por muy poco dinero,
quiera sacar adelante esa cabecera, con todo su archivo incluido. En
la actualidad la explota en régimen de alquiler una empresa
andaluza, el Boletín Económico de Andalucía y la dirige un histórico
de la casa: Francisco Caparrós.
Pero ¿ y Diario 16?. Tras un periplo parecido al de Cambio 16, pero
más dramático y ruidoso, aquel periódico de la libertad sin ira fue
vendido a un grupo de Prensa gallego que intentó sacar adelante un
nuevo proyecto con su cabecera como enseña. A esa situación de
semicierre llevó al periódico una crisis empresarial, que no
redaccional. Era mucha la historia que se encierra en el servicio de
documentación del periódico. Las primeras grandes exclusivas, los
intentos de secuestro « sin papelito» como exigía Alberto Otaño, el
redactor jefe, a aquellos policías vestidos de marcianos que
pretendían que el periódico no saliese a la calle, pero sin aportar
«el papelito» con la orden judicial, …están en aquellos tomos
encuadernados.
También puede encontrarse en ellos las grandes exclusivas militares
de una época en la que el ruido de sables condicionaba la marcha de
una democracia que estuvo vigilada demasiado tiempo. Mas tarde,
pasando las hojas de los tomos y con ellas caminando por el tiempo,
aparecían nuevas cabeceras; Diario 16 de Andalucía, de Baleares, de
Aragón, de Galicia, de Valencia, de Murcia, de Málaga, de la Rioja,
de Burgos…El 16, el que algunos llamaban espíritu 16, se abría
camino en una matrimonio que se celebraba por primera vez: Prensa
nacional con Prensa regional y local.
Otros seguirían con éxito aquel camino. Lo hicieron con medios;
Diario 16 entonces -y quien esto escribe mejor que nadie lo sabe- lo
hacia solamente por la senda de la imaginación.
Los tomos encuadernados de aquel Diario 16 son un trozo de la
historia de este país escrita de forma descarnada a veces, pero
veraz. Algunas informaciones aparecen demoledoras y les sigue la
querella o la demanda de la autoridad con un contundente desmentido.
Al cabo de un tiempo la tozudez de los hechos se aliaba con Diario
16 en contra de los embustes… de la autoridad.
Hoy me cuentan que el Diario 16 está de nuevo en crisis y que puede
desaparecer definitivamente. Por eso he querido echar mano del
espíritu que se encierra en esos tomos encuadernados y no por los
nombres -sálvese el de Alberto Otaño por lo que su actuación tuvo de
emblemática- de sus grandes directores que hicieron posible aquella
hermosa etapa del periódico, que fue, además, escuela de
periodistas.
No se en manos de quien está el salvar esa cabecera, pero desde aquí
le emplazo a que gaste un poco de su tiempo en echar un vistazo a
esos tomos a los que me he referido.
A lo mejor, esta vez con un poquito de ira, aún se está a tiempo de
salvar un periódico como Diario 16. |
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