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La programación de la Fira del 2002 rendirá un homenaje a Miguel de
Molina con la actuación de diferentes artistas en la Plaça del
Mercat. Lo que podría parecer un espectáculo más de canción española
«de siempre», encierra un hondo compromiso de reconocimiento a un
artista, que fue duramente castigado durante gran parte de su vida
por su condición de homosexual y haberse permitido «el descaro» de
actuar con las tropas republicanas durante la guerra civil española.
Miguel de Molina, estuvo muy unido durante una parte de su vida con
la ciudad de Xàtiva, donde vivió unos meses, y donde quienes fueron
sus amigos todavía le recuerdan con cariño. Un cariño que Miguel de
Molina se ganó por su sencilla forma de ser y actuar. Esta és, a
grandes rasgos su azarosa vida.
Miguel Frías nació en Málaga el 10 de abril de 1908. Hijo de una
familia humilde vino al mundo en una Andalucía donde habitaba la
pobreza, los terratenientes, el clero de la época, la
superstición...y todo ello suponía un caldo de cultivo para provocar
una guerra civil como ocurriría posteriormente. Su padre era
epiléptico y pasaba los días postrado en la cama.
El pequeño Miguel aprendió muy pronto que la vida iba a ser dura
para él. Rodeado siempre por mujeres (su abuela, su madre y sus
cuatro tías) no fue de extrañar que a los 8 años Miguel y sus amigos
organizasen un baile donde se juntaron tres cuatro chicos y dos
chicas. Como no podían formar parejas propusieron a Miguel que se
vistiese de chica, y este, con la mayor naturalidad del mundo así lo
hizo.
Su madre, preocupada por la educación del niño, consigue que ingrese
como interno en un colegio de curas, y allí, uno de los sacerdotes,
cuando Miguel acude a una de sus llamadas, intenta besarle en la
boca, y el niño tímido y retraído le golpea con un tintero en la
frente. Es expulsado del colegio e ingresa en otro de monjas, donde
tiene una estancia más normal.
En sus ratos libres se dedica a vender golosinas en la calle y con
el dinero que gana acude a presenciar espectáculos de variedades que
se celebran al aire libre, y a los 13 años, cuando cree que ya ha
aprendido bastante en el colegio, decide marcharse del hogar
familiar en busca de nuevos horizontes. Llega a Algeciras y consigue
trabajo en un burdel regentado por «Pepa la Limpia», llamada así por
mantener el local como los chorros del oro y sin que allí se
produjese nunca ningún escándalo. Miguel es contratado para ayudar
en la limpieza del burdel, hacer la compra y cocinar.
Una noche, una de las chicas de la casa se mete en la cama con
Miguel, pero no consigue nada de este. Es en ese momento cuando
Miguel se plantea cual es su condición sexual, aunque la chica le
tranquiliza y achaca su impotencia momentánea a los nervios de la
primera vez.
«Pepa la Limpia» y su amante invitan a Miguel a viajar a Granada
para presenciar un espectáculo organizado por Manuel de Falla y
Federico García Lorca. Desde ese momento Miguel sentirá una gran
admiración por Lorca, a quien conocerá personalmente más adelante,
aunque de una forma superficial, pese a que ya durante toda la vida
de Miguel, los poemas de Lorca le acompañaran en todo momento.
Cansado de trabajar en el burdel de Pepa Miguel viaja a Tetuán y de
allí a Granada donde organiza espectáculos para los turistas, aunque
él, todavía no haya descubierto su vocación artísticas. El trabajo
de Miguel es reclutar a turistas y llevarles a cualquier trablao
flamenco. La simpatía y el buen hacer de Miguel no pasan
desapercibido para un visitante de Sevilla, quien le convence de que
viaje a la capital hispalense que está a punto de abrir las puertas
a la exposición universal de 1929, y donde el trabajo no le faltará.
En Sevilla tiene su primera experiencia sexual. Acababa de cumplir
20 años y un morito, llamado Samido, que era la gran atracción en la
capital, es quien se lo lleva a la cama por primera vez. Sabrá
entonces Miguel de su condición de homosexual, que nunca esconderá
ni reprimirá.
En Sevilla Miguel sigue organizando espectáculos para turistas hasta
que es reclutado en 1930 para el servicio militar en Madrid. Allí
consigue se le destine a Algeciras, donde «Pepa la Limpia» mueve los
hilos de sus amistades más intimas entre el ejercito algecireño, y
Miguel es rebajado de servicio.
Un año después se proclama la república y es entonces, cuando Miguel
Frías se decide a dedicarse profesionalmente al mundo del
espectáculo. Se convierte a partir de ese momento en Miguel de
Molina y populariza canciones como «El día que nací yo» y «Ojos
verdes». Al mismo tiempo obtiene un gran éxito bailando el «Amor
Brujo». Miguel de Molina es un artista de composturas muy finas pero
no amaneradas. Rompe moldes utilizando chaquetillas muy ajustadas y
floreadas que marcarán su personalidad.
Miguel triunfa en Madrid, pero será en Valencia donde alcance su
madurez artística. Recorre casi las poblaciones valencianas actuando
en teatros de Alicante, Castelló, Sueca, Xàtiva, etc. El estallido
de la guerra civil le coge rodando su primera película en Barcelona,
y que nunca sería estrenada. Miguel de Molina vuelve a Valencia
donde adquiere una casa para vivir junto a su madre.
Es reclutado por el bando republicano para un servicio militar, pero
su condición de artista le permite ser elegido para actuar por los
pueblos y ciudades ante las tropas republicanas. Miguel de Molina
declararía que cuando vio la película «Ay Carmela», le recordaba los
tiempos en que él hacía lo mismo: levantar los ánimos del ejército
republicano. En Teruel actúa en el frente de guerra y en mitad de la
actuación sufrieron un ataque de las tropas de Franco, que
finalmente logran entrar en Valencia. En ese momento se le
recomienda a Miguel de Molina que asista a recibir a las tropas
franquistas en la capital valenciana si no quiere tener problemas, y
Miguel asustado, asiste a la entrada junto a otros artistas que son
colocados en una tribuna, siendo obligados a realizar el saludo
fascista.
EL LARGO CALVARIO DEL
ARTISTA
En la España ya franquista Miguel de Molina recibe la visita de un
empresario, miembro del Movimiento, quien le obliga a firmar un
contrato para actuar por toda España a cambio de 500 pesetas por
actuación, cuando anteriormente llegó a cobrar 5.000. Si no acepta
las condiciones, se le prohibirá trabajar y su pasado como artista
en las tropas republicanas le pasará factura. Miguel manifestó
siempre que sus ideas eran las del respeto mutuo y la libertad de
todos los hombres, pero la época no entendía se esta filosofía.
Cuando lleva un año junto a otra compañera actuando para este
empresario, aunque sabe que detrás hay alguien más importante,
decide no renovar el contrato y así lo comunica a su interlocutor.
Recibe esa noche una visita de tres individuos que le obligan a
subir a un coche manifestándole que tienen orden de llevarle a la
Jefatura Superior de Policía en el Paseo de la Castellana. Pero el
vehículo seguirá hasta un descampado donde Miguel de Molina es
brutalmente torturado: le arrancan el pelo a jirones, le rompen
varios dientes y le desfiguran completamente la cara mientras le
gritan «esto por rojo y maricón». Miguel piensa que van a matarle y
de hecho escucha algunos disparos mientras pierde el conocimiento.
Cuando despierta está solo en mitad del descampado y como puede
consigue parar un coche que le llevará a su casa en Madrid.
Su negativa a actuar para el empresario le ha costado muy cara.
Recibe una notificación para ser confinado en Cáceres y de ahí
pasará a Buñol, donde se le prohibe trabajar. Levantado el
confinamiento y de nuevo viviendo en Valencia, Miguel de Molina
recibe una invitación para actuar en Zaragoza y tras está actuación
le vuelven a prohibir que pueda trabajar. Es entonces cuando el
artista visita frecuentemente Xàtiva.
SU RELACION CON XÀTIVA
Miguel de Molina acude a Xàtiva donde se hospeda en el Hotel
Españoleto. Participa en las tertulias que varios amigos organizan
en el Bar Moncho y establece una muy buena amistad, entre otros, con
los padres de Miguel Mollá, a quien precisamente se le pone el
nombre de Miguel en honor de Miguel de Molina. También el artista
visita frecuentemente a Joaquín (Ximo el de la Malla) y a su mujer
Encarna Insa (hermana de Pepe Reig), con quien pasa largas veladas
en su chalet de Bixquert. Miguel de Molina subía andando hasta el
chalet y por el camino no paraba de cantar. Encarna conserva dos
fotografías dedicadas de Miguel de Molina (que se reproducen en
estas páginas) enviadas durante su posterior estancia en Buenos
Aires. En ambas les recuerda la amistad que mantienen y en una de
ellas se lee en el adverso que «estoy bien. Triunfando y ganando
mucha plata a Dios gracias. Os envio un abrazo desde Buenos Aires».
EL EXILIO A BUENOS AIRES Y SU
EXPULSION
Miguel de Molina, cansado de las prohibiciones para poder actuar, y
con la urgente necesidad de ganar dinero, consigue de un amigo un
pasaporte para viajar a Buenos Aires, quien además le acompaña para
cruzar el charco y vivir en él. Es el año 1942 y el artista acaba de
cumplir 34 años. En la capital argentina triunfa allá donde actúa y
adquiere una casa en propiedad que va llenando con sus múltiples
pertenencias adquiridas con el dinero que va ganado. Sin embargo un
día recibe una orden de que debe abandonar el país, por orden de la
embajada española, sin más explicaciones. Pero antes pasará siete
días en la cárcel y cuando sale para ser embarcado rumbo a España le
habrán quitado todo el dinero que tenía, así como sus pertenencias
de la casa: cuadros, joyas, antigüedades, marfil, etc. Precisamente
será su amigo, y quien le consiguió el pasaporte, uno de los que más
le expoliaron. Miguel de Molina estaba predestinado a estos
desengaños.
Cuando vuelve a España se ve obligado a malvivir y descubre que
todas sus desgracias: la explotación en las actuaciones durante los
primeros años del franquismo, la paliza, la prohibición de actuar,
su expulsión de Buenos Aires, etc. se deben a un mismo personaje: un
alto funcionario de Asuntos Exteriores del gobierno de Franco al que
no conoce ni ha visto jamás. Un alto funcionario que además es
homosexual y quiso destrozar a Miguel de Molina probablemente por
que él quiso ser como el artista y nunca lo consiguió.
Viaja entonces a México y vuelven los problemas. Miguel de Molina
está teniendo un notable éxito allá donde actúa, pero los teatros
son controlados por un sindicato que preside Jorge Negrete. Algunos
enviados avisan a Molina que debe someterse a las leyes que marca
Negrete, pero Miguel se niega. A partir de ahí se le intentan
«reventar» algunos espectáculos; colocan petardos en sus actuaciones
e incluso una de ellas es interrumpida con grandes gritos por el
secretario de Negrete: ni más ni menos que Mario Moreno
«Cantinflas».
El gobierno de Argentina ha cambiado y Miguel de Molina recibe una
llamada de Eva Perón para que actúe en Buenos Aires en un festival
benéfico. Hasta allí viaja Miguel y le cambia la vida. Firmará
contratos con multitud de empresarios y vive 14 años.
En 1957 vuelve a España y recorre toda la geografía española
actuando, aunque tiene que aguantar todas las crónicas que en su
contra se escriben por su condición de homosexual y republicano.
A los 52 años se retiró del mundo del espectáculo.
A finales de 1992 a los 84 años, y cuando ya vivía de nuevo en
Argentina el rey Juan Carlos I le otorgó, por medio de la embajada,
la Orden de Isabel la Católica, el embajador, en nombre del rey dijo
que «Miguel de Molina se lo merece. Ha sido el mejor en el renacer
actual de la copla y sigue siendo el maestro indiscutido de todos.
Sirva esta medalla de sentido reconocimiento y homenaje a su
entrañable labor representando lo más noble y profundo de España».
Miguel de Molina manifestó entonces que desde 1940 a 1992 habían
pasado 52 años, «es cierto que en España, gracias a la democracia, a
su majestad y al pueblo, se barrió el fantasma de caín...pero yo
sentía que esa reparación, que quería simbolizarse en la medallita,
me llegaba demasiado tarde. De 1940 a 192 España tardó cincuenta y
dos años en darse cuenta de que habían tronchado la vida de un
hombre que hubiera querido crecer artísticamente y desarrollarse en
la tierra donde nació, sin ser ingrato con la Argentina que me
cobijó».
Tres meses después la muerte le sorprendió en su casa de Buenos
Aires. Estaba punto de cumplir 85 años y dicen que como en su famosa
copla, hubiese querido cantar como despedida a la sociedad; «Na te
pido, na te debo».
Sus restos descansan en un panteón del cementerio porteño de la
Chacarita, en Buenos Aires, muy lejos de la luminosa Málaga que lo
vio nacer.
Ante su tumba siempre hay flores. |
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