La guerra de papá

 
Hay que reconocer que no pasa una semana sin que la interminable cadena de despropósitos, contradicciones y paranoica percepción del bien y el mal, que ya arrasó Afganistán bajo las bombas, nos aporte sorprendentes novedades. 
Cualquier observador de la escena internacional ha de sentir preocupación por la continua variación en lo que podrían ser los objetivos de esa eterna «guerra contra el mal» que emprendió Bush después del 11-S. Guerra que forma parte de otra más amplia y difusa, la guerra contra el terrorismo, que se ha manifestado ya bajo distintas acepciones: guerra contra el régimen talibán de Kabul, contra los miembros de Al Qaeda o contra Osama ben Laden, en función de los enemigos que en cada momento designa esa patológica combinación de dirigentes políticos que desde Washington rige hoy los destinos del mundo.
El presidente Bush y sus más inmediatos allegados el vicepresidente Cheney y el secretario de Defensa Rumsfeld, sin olvidar a la influyente Rice, consejera de seguridad vienen emitiendo señales diversas y en gran parte contradictorias desde hace ya varios meses. Sólo coinciden en una cosa: en que Sadam Husein es el actual enemigo a batir.
No se han mostrado pruebas que le vinculen claramente a los atentados terroristas del 11-S con Al Qaeda, ni con el integrismo islámico, a pesar de los grandes esfuerzos a ello dedicados. El tándem Bush-Blair no ha logrado vender su mercancía propagandística en EEUU ni en Europa.
En vista de eso, se atribuye a Sadam Husein un desmedido afán por hacerse con armas de destrucción masiva. Es probable que disponga ya de algunas, bastante menos aniquiladoras que las que por poner un ejemplo próximo se sabe que posee Israel. Pero no se conoce el más mínimo indicio que permita suponer algún plan para utilizarlas. La experiencia indica, más bien, lo contrario: cruel y despiadado dictador, no parece Sadam Husein tonto, y prefirió perder su ejército antes que servirse de algunas armas de ese tipo que ya poseía durante la guerra de 1991. 
Nada hay, pues, que pueda hacer sospechar su intención de utilizarlas por sorpresa o «preventivamente» (como es moda en EEUU). Es como si usted, querido lector, sabedor de que su vecino posee una pistola, asaltara su domicilio para arrebatársela, o incluso planeara su asesinato, para impedir que pudiera en algún momento utilizarla contra usted. Una cosa es poseer un arma y otra, muy distinta, estar en disposición de usarla o considerar útil su uso. Esto no parece tenerlo claro Bush.
Pero cuando la acumulación de pruebas contra el dictador iraquí ha adquirido caracteres de comedia, si no de farsa, ha sido días atras, en un discurso pronunciado en Houston para recaudar fondos para financiar la campaña electoral del aspirante a senador republicano por Texas. Tras recitar la habitual lista de reproches hacia Irak por su incumplimiento de las resoluciones de la ONU, y después de pintar un estremecedor panorama de los programas químicos, biológicos y nucleares de Sadam Husein, Bush extrajo una conclusión trascendental: «Éste es un hombre que miente continuamente... y que odia a EEUU». Y a modo de colofón demoledor, que ya no podía admitir réplica alguna, añadió literalmente (y es probable que no se sonrojara al hacerlo, aunque esto no lo dicen las agencias informativas) lo siguiente: «Después de todo, éste es el fulano que intentó matar a mi papá».
Así pues, una razón de venganza dinástica y familiar tan habitual en las guerras de la Edad Media viene a sumarse a la larga lista de agravios contra el sátrapa de Bagdad. Quizá añadiendo un matiz íntimo y doméstico a la futura guerra contra Irak logre Bush hacer pasar algo más desapercibido el sempiterno factor petrolífero. Como se ha encargado de recordar hace poco un antiguo director de la CIA: «La cosa está bastante clara: Francia y Rusia tienen compañías e intereses petrolíferos en Irak. Deberían saber que, si ayudan a adecentar el Gobierno de Bagdad, haremos lo posible para garantizar que las empresas norteamericanas y el nuevo Gobierno de Irak colaboren con ellas. Pero si se ponen del lado de Sadam, será difícil, si no imposible, persuadir al nuevo Gobierno iraquí para que las apoye». El chantaje no puede estar más claro, aunque no haya sido expresado directamente por la Administración Bush.
Teniendo en cuenta que la dinastía de los Bush tiene muy íntimas vinculaciones con los intereses petrolíferos texanos, cuando los tambores bélicos atruenen en Mesopotamia sabremos que, además de la guerra del petróleo, ha estallado también la «guerra de papá».

Alberto Piris

LA CIUTAT de Xàtiva
Director: Vicent Soriano
C/ Forn del Vidre, 1 - 46800 XÀTIVA (Valencia)
Tel. 96 227 26 82 - laciutat@xatired.com
Depósito Legal: V-4512-1997

www.xatired.com - el primer portal de Xàtiva en internet