| |
Son las grandes desconocidas dentro de la Comunidad religiosa, aunque ese desconocimiento esté provocado por la ignorancia de la gran mayoría de la sociedad de no saber cual es exactamente su papel. Todo el mundo conoce que elaboran cerámica artesanalmente, que bordan las bandas de fallera, encuadernan, etc. y sobre todo están en clausura. Son las monjas del Monasterio de la Consolación, denominadas oficialmente como «contemplativas» ya que así es su vida en busca de lo esencial de la naturaleza humana y el cristianismo. Lo de la clausura se quiso dar en otra época, sobre todo a las mujeres, pero los tiempos están cambiando y muchas de ellas no consienten una imposición desde fuera.
Antes se les conocía como «monjas de clausura» pero prefieren definirse como «contemplativas», ¿por qué?
- Esto es conveniente aclararlo. El muro de la clausura es un pseudovalor que no puede tardar en caer. Otra cosa es el retiro deseado por la persona contemplativa que va buscando lo esencial de lo humano y lo esencial del cristianismo, esto requiere desprenderse de muchas cosas como el ruido, la dispersión etc.. pero claro, es un retiro buscado y no una clausura impuesta desde fuera. Esa imposición surgió indebidamente en un tiempo en que la clausura la sufrían todas las mujeres, esto se ha conservado y se le ha querido dar un valor religioso. Se impuso en el Concilio de Trento por razones indebidas y las verdaderas contemplativas protestaron; así como muchas contemplativas de ahora protestan, y muchas otras no la cumplen, porque saben que como imposición desde fuera es una cosa indebida que no se debe cumplir. Como búsqueda desde dentro la perseguimos, la queremos y la necesitamos.
También hay que añadir que a los monjes, al género masculino, también quisieron imponérsela y no pudieron, pero claro la mujer es la que siempre lo paga. Ellos son contemplativos y nunca pudieron imponerles la clausura, en cambio a las mujeres sí. Incluso en el Concilio de Trento muchos padres del concilio estaban en desacuerdo con la clausura impuesta a las mujeres; es decir, que el desacuerdo no sólo surgió desde dentro, sino también desde fuera, pues desde el principio pareció como una imposición, como una pena cargada a las mujeres para evitar problemas a otros.
- ¿Y cabría la posibilidad de abrir los conventos?
- Para que entre alguien en la clausura tendría que entrar a rezar, no a otra cosa, porque como visita no cabria ya que interferiría. Lo que si sería factible es que las monjas salieran también para determinadas cosas, para cursos, conferencias, que no se puede ahora, para algo así porque para otra cosa tampoco se pretende.
- ¿Y por qué no entra la gente aquí?
- Porque tampoco interesa demasiado, pues si de verdad hubiese personas, grupos interesados en venir a compartir realmente nuestra vida, pues para nosotras también sería una fuerza para pedirlo «porque la gente lo busca», además hoy en día pensamos que hace falta. Nosotras lo deseamos, lo que pasa es que vienen las leyes de allá y mira ...., pero poco a poco se van abriendo caminos hasta que se abran del todo.
- Para mucha gente joven es dificil comprender cuáles son los motivos de una mujer, con una vida normal, para querer entrar en el mundo desconocido de la contemplación...
- No vienes aquí pensando qué es lo que sucederá aquí dentro, porque todos los días son nuevos. Lo que en realidad te mueve es una vida interior. La búsqueda constante de una felicidad, de una unión con el Señor que vas viendo poquito a poco, conforme vas dando pasos y, como dice la Biblia, cuando ha pasado es cuando te das cuenta de que ahí estaba Dios.
De todas formas siempre es una locura meterse a monja y antes costaba muchísimo traspasar esa frontera. Costaba mucho más que, por ejemplo, entrar en una congregación de enseñanza donde puedes tener más contacto, que puedes hacer un bien más próximo; esto siempre ha resultado una gran aventura porque es lanzarse a Dios con los ojos cerrados. El único motivo que nos lleva a esta «locura» es Dios, que se te manifiesta y se hace presente en tu vida y no lo puedes borrar; que nos desafía a buscarlo y nos da fuerza para responder.
- ¿Y qué nos pueden contar de su vida?
- Es la búsqueda de Dios, el encuentro y el seguimiento de Jesús; estudiando para no estancarte. Toda nuestra vida está estructurada para que la persona vaya a lo esencial; más o menos tenemos dos horas de oración íntima y particular; tres horas de oración litúrgica, la misa y el Evangelio; dos horas de estudio; cuatro horas de trabajo en silencio, y luego dos horas de lo que llamamos recreo o de contacto comunitario y entre nosotras. La vida consiste en eso, en ir hacia lo esencial, y esto, lo esencial, es lo verdaderamente humano, es Dios, es lo cristiano.
- Realmente para llevar ese tipo de vida, ¿hace falta tanto tiempo y encerrarse en un convento?, ¿no piensan que también es necesario el contacto con el mundo y sus carencias?
- ¡Tenemos mucho contacto!, parece mentira, sin salir y el contacto que tenemos: viene aquí mucha gente, vemos las noticias, leemos la prensa, estamos muy documentadas de todo. Se nos presentan problemas de la gente que ellos no saben solucionar, en cambio aquí nos lo planteamos hasta conseguir resolverlo. De todas maneras, hay una teoría que al principio nos impactó y con la que ahora estamos de acuerdo: es la sostenida por la religiosa autora del libro «El fuego de estas cenizas». Según ella la distinción entre vida contemplativa y vida activa es falsa porque todo cristiano si cuida su vida interior acaba llegando a esa unión con Dios.
Y dice que no, que tanto los de dentro como los de fuera somos contemplativos. El que es contemplativo es contemplativo, aquí y fuera, lo que pasa es que aquí es más fácil. Pero hay personas que no viven en clausura y son grandísimas contemplativas.
De cualquier forma el contacto existe, y tanto ayudamos nosotras como nos dejamos ayudar. Ese contacto nos sirve para ver lo que la gente sufre y lo que la gente lucha y nos presenta una responsabilidad a la hora de presentar un modo de vida diferente. La gente de hoy está dispersa y aquí lo tenemos todo organizado para mostrar una alternativa a esa sociedad, que tiene que ser tan fuerte como la propia sociedad. Nosotras hacemos hincapié en esa interioridad, y la gente no sabe que hacer con su propia interioridad, porque muchísimas personas no la han descubierto. Por eso vemos la gran necesidad que hay en la Iglesia y en la sociedad de personas cuyo matiz muy recalcado sea el de la interioridad.
- Como dominicas, ¿Qué planteamiento le dan a la predicación desde aquí dentro?
- Estamos convencidas de que se predica mucho mejor con el testimonio de vida que con la palabra y ahí es donde está el desafio, en predicar con la vida alternativa que tratamos de llevar para intentar transmitir siempre lo que a nosotras nos ha salvado.
¿Cuáles son los desafíos que desde la contemplación se presentan para la Familia Dominicana?
- Cada familia con su matiz, así como cada parte de la Familia Dominicana con el suyo, creemos que todos vamos a lo esencial. Esperamos que cada uno desde donde está sigamos juntos a Jesús. También debemos potenciar la alegría dominicana y la búsqueda de la verdad. Santo Domingo vio que la gente tenía mucha voluntad pero no sabía por donde tirar, en los dominicos la misión es saber llevar el Evangelio a la gente de hoy; porque hoy en día parece que los cristianos no creen realmente. Los dominicos debemos saber llevar esa verdad de Jesucristo a la gente de hoy como desafío .
- Es que a nosotros nos resulta muy llamativo que mujeres con una vida tan hecha y una tradición tan rica tengan que pedir permiso. ¿No les parece que es como querer mantenerlas en una infantilismo absurdo?
- Si, es verdad. La gran mayoría del problema reside en las formas y signos que guardamos. Porque hay signos que no sólo ya no se entienden, sino que hacen daño. Si nos dejasen hacer ciertas cosas podríamos dar testimonio para que la gente viera que nuestro estilo de vida no solamente sirve sino que es necesario. Si pudiéramos asistir a retiros, encuentros, tener un sentido abierto etc.. la gente vería la vida de paz que llevamos, porque lo que damos a entender con nuestros signos es negativo, y ayudaría a cambiar la imagen que tenemos.
Haría falta una asamblea donde se estudie bien la clausura y ver lo que verdaderamente es esencial, y entonces cuando tengamos eso podríamos ir a todos los sitios, y si lo consiguiéramos no cambiaría nada de nuestra esencialidad, porque el salir a una reunión no sólo no quita nada a la esencia de la contemplación sino que la enriquece...pero la Iglesia tiene las llaves.
- Entonces, ¿su mentalidad ha cambiado?
- Si, pero no la hemos tomado realmente en serio. Otras causas que hemos defendido, como el salir al médico, las hemos obtenido.En las leves de la clausura de Roma, se dejan a juicio de la priora salidas de menos de ocho días para cuidar la salud de la monja. La salud integral incluiría la intelectual, el estudiar teología, compartir encuentros etc. Tendríamos que ser sagaces y ponernos de acuerdo comunitariamente.
- Y ya para terminar una curiosidad: ¿Qué piensan de las «vocaciones» de mujeres de países empobrecidos que optan por la vida contemplativa para huir de su realidad?
- Eso no tiene sentido. No podemos aprovecharnos de esas situaciones para llenar los conventos. Si de verdad pensamos que tienen auténtica vocación y derecho a ser contemplativas, vayamos allí y posibilitémosles que puedan serlo allí. Se les podría dar estudios y formación, ayudarlas en lo posible, pero no como monjas. Sin vocación sería un desastre para la comunidad.
|
|