Cegados por el humor

 

Una lectura detallada de los medios de comunicación permite una idea bien distinta de la realidad, de esa imagen que se presenta casi idílica en comparación con los problemas y desgracias que sólo parecen ocurrir en el Tercer Mundo o en países lejanos. Mas, por desgracia, los datos son absolutamente reales, sin que nadie parezca inmutarse demasiado. Y son muy pocos los lectores que se atreven a leer, por ejemplo, las cifras de los muertos habidos en esa guerra no declarada de Oriente Próximo, las informaciones sobre la explotación a la que son sometidos miles de niñas y niños de países orientales, los datos sobre la degradación de los bosques del Amazonas, o las noticias sobre la crisis económica y política de Argentina.

En ese caso, todas ellas les parecen informaciones muy lejanas, ajenas. Sin embargo, en mayor o menor medida, también nos afectan a nosotros. Téngase en cuenta que casi todas las guerras, como la de Oriente Próximo, ejercen su influencia en los mercados internacionales, y, luego, en último término, acaban repercutiendo en nuestra vida diaria. La mayoría tampoco es consciente de que también contribuimos a que miles de niñas y niños sean explotados, en el mejor de los casos, para la fabricación de alfombras de lujo, artículos deportivos y vistosa quincallería, que satisfacen nuestras necesidades consumistas. Sin olvidar, por supuesto, que continuamos deteriorando nuestro entorno, pensando que ya vendrán otros con las soluciones milagrosas para remediar este basurero ambiental que nos rodea. Y el mal momento de Argentina lo observamos como algo cercano, pero tan solo en nuestro corazón, en la errónea creencia de que el gran océano que nos separa nos protege del posible contagio; sin embargo, por muy grande que sea, no evita la posibilidad de que esta economía global que facilita el profundo endeudamiento del ciudadano, termine desmoronándose como un castillo de naipes sobre nuestras cabezas. Pero se prefiere vivir al día, a costa de hipotecar una libertad que se paga en cómodos plazos. Sobre todo, se prefiere vivir la pasión por el fútbol, otrora tan criticada por utilizarse como elemento disuasorio y que ahora se maneja incluso con mayor intensidad, capaz de encubrir las preocupaciones.

Julio Alonso

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