EN UNA EXPOSICIÓN HOMENAJE CELEBRADA EN EL SALÓN RIBERA DEL HOTEL MURTA
Leña demuestra la vigorosidad de su arte y la belleza de su oficio
LO QUE LEÑA NO DICE CUANDO HABLA, LO COMUNICA EN SUS CUADROS

 

Roberto Martínez «Leña» ha vuelto a presentar ante su fiel e incondicional público su obra más reciente en el hotel Murta, quien después de insistir desde su inauguración hace algunos años, ha conseguido que los cuadros de Leña hayan sido colgados de sus paredes para gusto y placer de los amantes de la buena pintura; de quienes contemplan la obra de Leña como una virtuosidad pura y vigorosa del artista que se ha hecho a si mismo por encima de comentarios, modas y tendencias. Leña está por encima de todas estas consideraciones porque Leña conoce el oficio de pintar. Y es él quien domina el oficio.

Hace algunos años se presentaba en Marbella la exposición de un joven pintor malagueño quien en su extenso currículum aseguraba ser uno de mejores dominadores de la espátula. Había sido entrevistado en algunas cadenas de televisión como un nuevo genio, y cuando tuvimos la ocasión de ver su obra colgada en la sala marbellí, con unos precios prohibitivos, descubrimos de inmediato que aquel joven debía haber visto alguna exposición de Roberto Martínez «Leña», de quien debería aprender todavía algunos años más para acercarse a dominar la técnica del pintor setabense.

Pero Leña es algo distinto y de eso hemos escrito algunas veces. Nunca ha querido salir de aquí; ha autoaprendido aquí; ha dominado la pintura y el trazo aquí, y aquí es feliz, entre sus gentes, entre la sencillez de su vida cotidiana y entre quienes le respetan y admiran por esa capacidad de comunicar que tiene en sus pinturas; en esa comunicación no verbal que transmite sentimientos y emociones llenas de personalidad, fuerza y garra en sus expresiones.

Lo que Leña no dice cuando habla lo comunica en sus cuadros. La tranquilidad de su vida tanto pública como privada queda rota cuando se pone delante de un cuadro. Como los buenos toreros pierde el miedo al toro y se enfrenta decididamente a él desde el primer momento. Al terminar la faena el resultado queda bien patente: Leña es un artista que ya nada tiene que demostrar, pero que sigue creando, inventando, resurgiendo y provocando sensaciones placenteras entre los que miran y admiran sus obras.

Ya no es sólo el paisaje y las figuras, sino que son sus reflejos, sus flores azules, su luz y su perspectiva tan personal lo que imprime un estilo Leña a cada una de sus creaciones. Su capacidad de trabajo es casi la misma que su adición al tabaco: es decir, constante, duradera y diaria, y a fuerza de trabajar es capaz de crear lo que crea, como es capaz de cargarse cada día más los pulmones.

Inconformista, colorista, perfeccionista, inventor de estilos y de manchas, plasmador de emociones, conocedor como nadie de como se hace un paisaje, de como se adivina una luz y de como se penetra en el espíritu del arte, busca da vez más la dificultad añadida de seguir presentando en sus exposiciones aquello que le gusta sin importarle en absoluto que el mercado haya cambiado de tendencia. Los amantes del buen arroz nunca cambiaran una paella por las nuevas texturas experimentales, pero si que buscaran nuevos sabores en el plato característico. Perfectamente se le podría aplicar a Leña cuando rebusca en la capacidad de su arte para plasmar con su vitalidad nuevas capacidades artísticas sin alejarse de sus principios personales expresionistas.
Por eso es de agradecer que de vez en cuando Leña se nos presente de nuevo con sus pinceladas llenas de vida, que han hecho de su obra un referente para las nuevas generaciones de artistas.

Pero el referente no deberá ser sólo artístico sino también humano. Ser como Leña es extremadamente difícil: su tremenda sencillez y humildad le confieren todavía más esa etiqueta de artista que rompe con numerosos moldes que no sirven para nada, y por eso los ha ido dejando en su camino. El lenguaje de Leña es el lenguaje de su pintura y de su obra como lo es el del buen médico que cura a sus pacientes. Leña sigue emocionándose cuando pinta un cuadro y esa emoción es la que transmite al espectador. Se trata de una complicidad bien entendida y de un plan bien trazado que ha salido sin prepararlo. Y eso sólo saben hacerlo los grandes artistas y quienes marcaron un antes y un después en el mundo del arte.

Leña todavía tiene mucho que ofrecer, afortunadamente, y el tiempo, el paso del tiempo, le ira dejando en el lugar que le corresponde y que se ha ido ganando a golpe de matices, fuerza, emociones, contrastes y una fecunda creación.

De Leña se han escrito numerosos artículos y multitud de críticas artísticas, pero siempre quedan cosas en el tintero para definir una personalidad y una obra que nunca puede adivinarse detrás del cigarrillo que siempre cuelga de los labios, de una banqueta de plástico, de una maleta impregnada de pintura y de unos golpes de espátula.

A Leña se le adivina cuando se le contempla, y entonces nunca más puedes dejar de admirarle y de admirar su obra. Esa es la sencilla grandeza que tiene su arte, y su condición humana.

V. Soriano

LA CIUTAT de Xàtiva
Director: Vicent Soriano
C/ Forn del Vidre, 1 - 46800 XÀTIVA (Valencia)
Tel. 96 227 26 82 - laciutat@xatired.com
Depósito Legal: V-4512-1997

www.xatired.com - el primer portal de Xàtiva en internet