|
El museo del Almodí
acogerá el próximo año una exposición sobre «El doctor Luis
Simarro y la psicología en España» que ha podido verse en la
Biblioteca Histórica Marques de Valdecilla de Madrid organizada por
la Universidad Complutense de Madrid con motivo del centenario de la
creación de la Cátedra de Psicología Experimental, donde Luis
Simarro fue el primer catedrático. En esta exposición se muestran
159 obras entre las que se encuentran óleos, dibujos, libros y
documentos de gran interés científico, relacionados con este
setabense, que nació en Roma de forma accidental y que tuvo una niñez
trágica a causa de la muerte de su padre cuando Luis sólo tenía
tres años y del suicidio de su madre un día después. Las tumbas
de Ramón Simarro y de Cecilia Lacabra están en el cementerio de Xàtiva
y las lápidas son obra de Mariano Benlliure.
Luis
Simarro Lacabra, nació en Roma en 1851 y murió en Madrid en 1921.
Simarro nació en Roma de forma accidental, motivado por un viaje de
sus padres a la capital italiana, ya que su padre Ramón Simarro era
pintor y tuvo el encargo de pintar en Roma los retratos de los papas
Alejandro VI y Calixto III en Roma. Ramón Simarro había nacido en
Novetlé y su madre Cecilia Lacabra, que era poetisa, en Xàtiva. Al
poco tiempo de estar en Roma Ramón Simarro enfermó de tisis, y
tras regresar a España y residir cierto tiempo en Alacant, murió
en Xàtiva cuando tenía 33 años.
La madre de Luis
no pudo aceptar la muerte de su marido y se suicidó un día después
arrojándose desde la azotea de la vivienda familiar a la calle con
el pequeño en brazos, resultando Luis Simarro afectado de por vida
de cierta cojera.
En el cementerio
de Xàtiva se encuentran las tumbas de sus padres con las lápidas
de corte dramático realizadas por Mariano Benlliure, y que se
encuentran en un lamentable estado de abandono y descomposición,
por lo que habría que restaurarlas dada la gran belleza de las
mismas. Allí se puede ver las fechas de las muertes con un sólo día
de diferencia y las calaveras con alegorías del pintor y la
escritora, profesiones de Ramón y Cecilia.
En las
inscripciones puede leerse: «Ramón Simarro, pintor, murió a
los 33 años de edad en 7 de mayo de 1855. RIP» y «Cecilia
Lacabra de Simarro, murió a los 30 años el 8 de mayo de 1855. RIP».
Luis Simarro quedó
huérfano con tan sólo tres años y medio de edad, lo cual motivó
que su infancia y adolescencia se desarrollaran en internados de Xàtiva
y Valencia, bajo el amparo de familiares y benefactores como el
historiador y literato Vicente Boix, Beatriz Tortosa, una dama
ilustrada y religiosa de la alta sociedad valenciana que siempre le
apoyó, o su padrino el pintor Luis Madrazo.
Los años de niñez
y juventud de Simarro son tiempos agitados. Guerras carlistas,
pronunciamientos militares, agitación colonial, comienzos de la
modernización (ferrocarriles, planes de estudios, legislación).
Frente a los grupos conservadores, se significó muy pronto como una
figura radical y republicana y defensora a ultranza del libre
pensamiento. Vivió uno de los períodos más convulsos de la
historia española.
Su juventud se
desarrolló en el seno de una España que se debatía entre dos
tendencias contradictorias: la apertura hacia Europa en forma de un
desesperado intento de recuperación del lugar preponderante que el
país tuvo en el concierto internacional y, al mismo tiempo, la
consolidación de un estado social y mentalmente conservador.
Las guerras
carlistas, las constantes insurrecciones militares, la guerra de África,
la Revolución de 1868, las revueltas estudiantiles que preludiaron
la caída del régimen monárquico de Isabel II e incluso el
surgente movimiento obrero, influyeron decisivamente en la formación
de un joven Simarro educado en el ambiente romántico de la Valencia
de mediados del XIX.
Su padrino Luis
Madrazo le facilita el ingreso en el Colegio de Nobles de San Pablo,
y en 1868 comienza la carrera de Medicina en la Facultad de
Valencia. En el plano intelectual, el radicalismo de este joven
estudiante de medicina se hizo patente en su encendida defensa del
positivismo en el Ateneo Valenciano. Por ello se enemistó con uno
de sus profesores de medicina. Esta circunstancia, unida a la
perdida de su plaza como profesor en el Colegio de San Rafael por
motivos también ideológicos, obró como detonante en su decisión
de trasladarse a Madrid para finalizar sus estudios.
Simarro profesaba
un liberalismo consciente, y así defendió a Unamuno cuando este
fue perseguido por delitos de prensa. Simarro creó también junto a
Pérez Galdós y otros la liga para la defensa del hombre, y fue uno
de los firmantes de la campaña por la paz junto a nombres como los
hermanos Machado, Prez de Ayala, Galdós, Azaña, Blas Infante, Azorín,
Valle Inclán, Unamuno, Ortega y Gasset, Marañón, Menéndez Pidal,
etc.
Se doctoró en
1875 y durante los cinco años siguientes da clases en la recién
creada Institución Libre de Enseñanza y obtiene la plaza de
director del manicomio de Leganés. Sus ideas innovadoras sobre el
tratamiento asistencial le obligan a dimitir. Emigra a París y en
1885 regresa a España donde trabaja por su cuenta como
neuropsiquiatra a la vez que dispone de un laboratorio privado donde
Simarro muestra a Ramón y Cajal, futuro premio nobel de medicina,
el método de Golgi, técnica que Simarro había aprendido en París
influyendo notablemente en la obra de Cajal, como el propio científico
declararía después en sus memorias.
Simarro contrajo
matrimonio con Mercedes Roca Cabezas, con la que disfrutó durante
unos años de una vida propiamente familiar. No tuvo hijos, pero su
proverbial generosidad, le llevó acoger en su propia casa de la
calle General Oráa a algunos de sus alumnos más próximos, como es
el caso de Nicolás Achúcarro, o de Juan Ramón Jiménez, amigo y
paciente, quien dejó un testimonio entrañable del doctor
En 1902 obtiene
la cátedra de Psicología Experimental. Riguroso, multifacético y
versátil, publicó poco, por lo que la mayor influencia la ejerció
desde su cátedra, laboratorio, y también desde la biblioteca de su
casa, que fue lugar de reunión para muchos intelectuales, artistas
y políticos de la época. Un año más tarde de obtener la cátedra
murió su esposa, siendo a partir de entonces su ahijada Marina
Romero quien conviviría en el domicilio de Luis cuidando de él.
Precisamente Marina sirvió a su padrino como sujeto experimental de
las diferentes pruebas psicométricas que Simarro desarrolló a
partir de 1914.
Fue Gran Maestre
de la masonería. Al morir, en 1921, dejó todo sus bienes a la
Fundación que lleva su nombre en Madrid, con objeto de subvencionar
la continuidad del que había sido el primer laboratorio de psicología
experimental en España. La Universidad Complutense, tras hacerse
cargo de la Fundación Simarro e integrarla en la Fundación
General, es depositaria de su legado.
El primer
Instituto de Enseñanza Media que hubo en Xàtiva fue creado por
decreto firmado por Niceto Alcala Zamora el 30 de agosto de 1933, y
se le puso el nombre de Doctor Simarro, hasta que la caída de la
república en 1939 hizo
que se le quitase el nombre y se le pusiese Josep de Ribera. Fue
recuperado en 1989 con la creación del nuevo Instituto.
Se hacía justicia de esta forma a este ilustre setabense
nacido en Roma, cuya obra podrá conocerse un poco más con la
exposición del próximo año.
La influencia de
Simarro en Ramón y Cajal
Cuando
Luis Simarro volvió a Madrid, después de su exilio en París, se
dedicó a ejercer como neuropsiquiatra y montó un laboratorio
histológico privado, donde estuvo Cajal en 1887. Dicha estancia
influyó decisivamente en su trayectoria científica, decidiéndole
a consagrarse a la investigación histológica del sistema nervioso.
«Debo a Luis Simarro, el afamado psiquiatra y neurólogo de
Valencia, —afirmó Ramón y Cajal en sus memorias— el
inolvidable favor de haberme mostrado las primeras buenas
preparaciones con el proceder del cromato de plata, y de haber
llamado la atención sobre la excepcional importancia del libro del
sabio italiano, consagrado a la inquisición de la fina estructura
de la sustancia gris». Se refería a Camillo Golgi, con
quien compartiría en 1906 el premio Nobel de medicina, y a su
tratado sobre la histología del sistema nervioso central (1886) y a
su método de impregnación cromoargéntica, primera técnica que
permitió teñir de modo preciso y selectivo las células nerviosas
y sus prolongaciones. Pero Simarro le enseñó, también entonces,
la técnica de Weigert-Pal para teñir la mielina, tal como Cajal
dice a continuación en sus Recuerdos: «Fue precisamente en casa
del Dr. Simarro donde por primera vez tuve ocasión de admirar
excelentes preparaciones del método de Weigert-Pal, y
singularmente, según dejo apuntado, aquellos cortes famosos del
cerebro, impregnados mediante el proceder argéntico del sabio de
Pavía.
A partir de 1887,
Cajal se consagró a la investigación histológica del sistema
nervioso, utilizando fundamentalmente el método de Golgi hasta
finales del siglo XIX. En
los años de transición del siglo XIX al XX, Simarro volvió a
influir de modo decisivo en la trayectoria científica de Cajal,
cuando se planteó la necesidad de conocer la estructura interna de
la célula nerviosa, problema para el que le resultaba indispensable
una nueva técnica.
En 1896 Cajal
resumió con cierta amplitud el resultado de unas investigaciones de
Simarro que éste, según su costumbre, no había dado a conocer
directamente, sino a través de una tesis doctoral. Consistía en
que «los husos cromáticos faltan por completo en el arranque
y trayecto del cilindro-eje, hallándose constantemente en el cuerpo
celular y porción inicial de las prolongaciones protoplásmicas.
Estas investigaciones de Simarro son tanto más interesantes, cuanto
que han sido hechas en estado fresco a favor de un modo especial de
aplicación del azul de metileno... método que, dicho sea de paso,
excluye la idea de que los husos cromáticos se deban a la acción
coagulante del alcohol o bicloruro de mercurio. Un año
después, Simarro realizó otro trabajo relativo a la estructura
interna de la célula nerviosa que, como tantos otros trabajos suyos
de los que daba noticia a sus discípulos y colegas, no llegó a
publicar, pero cuyos resultados envió a Cajal.
La necesidad de conocer la estructura interna
de las células nerviosas pasó a primer plano en una época, ya que
se hicieron críticas frontales a la teoría de la neurona,
reformulando la teoría reticular sobre la base de que las
neurofibrillas existentes en su interior formaban una red continua
interneuronal que sería responsable del impulso nervioso.
Convencido de que la solución del problema residía en «contemplar
las susodichas neurofibrillas en preparaciones irreprochables»,
lo que en modo alguno habían conseguido los seguidores del
reticularismo, Cajal trabajó intensamente en busca de la técnica
de tinción apropiada. Tras numerosos ensayos infructuosos la
encontró, por fin, en octubre de 1903, partiendo del «proceder
fotográfico» original de Luis Simarro, quien lo había
dado a conocer tres años antes en un artículo publicado en la
Revista Trimestral Micrográfica, del propio Cajal .
La muerte de
Simarro, en 1921, le impidió conocer el generoso reconocimiento que
Cajal hizo, en la edición de 1923 de sus Recuerdos, de la
influencia que había ejercido sobre su obra. A ello se refiere en
una carta que escribió, el 8 agosto de 1922, a Carlos María
Cortezo, uno de los mejores amigos de ambos: «Oportuno y
justo está usted al hablar de Simarro, que no ha sido apreciado en
toda su valía por haberse dejado prender en las redes de la «Institución
Libre», uno de cuyos cánones sacrosantos consiste en estudiar y no
escribir. Yo procuraré siempre hacer justicia al que, discípulo de
Ranvier, trajo de París la buena nueva de la histología, esparciéndola
a los cuatro vientos y beneficiándonos a todos.
De su
generoso magisterio guardo los mejores recuerdos y así, en mi
autobiografía, procedí como con todos aquellos sabios a quienes
debí el inestimable favor de una enseñanza práctica.
Desgraciadamente, Simarro, que fue uno de mis íntimos amigos murió
sin haber leído mis «Recuerdos» y sin saber lo mucho que yo le
veneraba y quería».
|