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El mundo de la
moto, que es en estos tiempos apasionante, fue en los años sesenta
un gran tirón en la economía y el progreso de España. La moto
significaba un aire de libertad dentro de un régimen totalitario,
una libertad que se sentía surcando el viento con 16 años de edad
y sin miedo a nada. De esa afición nació en un grupo de amigos la
Peña Motoeuropa de Genovés, pioneros en las dos ruedas que en las
noches de verano ya contaban los días que faltaban para la carrera
de la Feria de Xàtiva.
En
esas noches calurosas se hablaba de las hazañas de Paco González
quien no faltaba a la cita anual de la Feria corriendo con su
Bultaco T.SS. Y se iba donde hiciese falta para poder ver a Angel
Nieto, al malogrado y gran amigo de la peña Ricardo Tormo,
a Jorge Martínez Aspar, y Champi Herreros o Julián
Miralles. Y cuando se veían a los idolos se volvía a casa con
las motos Derbi Bultaco, Rieju Ital, Ducati, etc. queriendo
imitarles tanto en velocidad como en riesgo, lo que ocasionó más
de un problema y un tirón de orejas al volver a casa.
De esas aventuras
creció la Peña Motoeuropa desplazándose de Xàtiva a Cullera y
del Jarama a Jerez, llegando incluso a desplazarse hasta Holanda en
1987 para poder presenciar el Gran Premio de Assen y
allí apoyar a los corredores valencianos y españoles, y además
aprovechar la ocasión para cocinar algunas paellas y disparar
fuegos artificiales. La
experiencia fue muy positiva y ya en 1990 la Peña se desplazó para
ver el Gran Premio de Yugoslavia en el circuito militar de Rijeka,
donde la policía detuvo a alguno de los integrantes del grupo que
nada más bajar del autobús en un descampado, comenzaron a disparar
tracas y cohetes hasta que la policía tomó el descampado apuntando
con metralletas y deteniendo a algunos, explicando posteriormente
los agentes que el lugar donde se habían disparado las tracas
estaba justo encima de un povorín del ejército. En esos momentos
todavía se estaba bajo el régimen comunista, pero a las pocas
semanas del incidente comenzó la guerra en Yugoslavia y
efectivamente ese polvorín estaba lleno de bombas, misiles y munición.
Un año más
tarde la Peña asistió al Gran Premio de Inglaterra, aprovechando
para ver el Brithis Museum de Londres y Museo de Patric,
uno de los mejores del mundo dedicado al motor. En 1992 el viaje fue
a Hungría, donde los asistentes cenaron en Budapest en el gran y
desaparecido restaurante Ungarding que después de la
caída del comunismo fue americanizado con el nombre de New York.
Ese restaurante fue inaugurado en su día por la Reina Elisabeth,
más conocida por Sisi, y por su marido el Rey Francisco
José I del imperio astro húngaro.
La Peña
Motoeuropa de Genovés siguió viajando en esta ocasión hasta la
República Checa para presenciar el Gran Premio de Breno
y conocer una de las ciudades más bellas del mundo: Praga, y poder
cenar en el palacio restaurante U. Fleku en la histórica
calle Clemencova. Y posteriormente la pasión por las
motos llevó hasta la tierra de los canguros: Australia, para estar
presentes en el circuito de Filimislam y visitar
Sidney y la ciudad olímpica donde en esos momentos entrenaba la
selección española de natación. En Sidney se degustaron los
huevos fritos y las patatas fritas en la casa de España, conjugados
con la carne de cocodrilo y canguro en un restaurante ubicado en el
piso 55 de un edificio giratorio de donde se contemplaba toda la
ciudad nocturna que tuvo su continuación en una visita a su bahía,
llena de tiburones.
Los viajes
siguieron hasta Moren en Japón donde el tren bala fue otra de las
experiencias vividas por la Peña, así como la subida al monte Fuji
Hacone Izu National Park con su gran volcán y una cultura
basada en la educación y el respeto a los demás.
La Peña
Motoeuropa de Genovés sigue incansable en su pasión por las motos.
En estos momentos es pionera en las concentraciones de motos
antiguas, así como en la restauración de este tipo de vehículos
como son los biscuters y también los motocarros. La Peña
Motoeuropa participa en las fiestas de Genovés y sale con su
colección de Vespas antiguas. Igualmente se han llevado a cabo
cursillos de educación vial para niños.
La moto, esa pasión
que nunca deja de estar presente, ha servido para conocer gran parte
del mundo y mantener vivo ese espíritu de aventura que provocan las
dos ruedas.
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