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Desde siempre, la
popular «nevera» de Xàtiva, situada en las faldas del Castillo ha
sido motivo de atracción popular tanto por sus características técnicas
como por el estratégico emplazamiento en que se situa. Durante décadas
ha estado abandonada al carecer de sentido la función para lo que
fue creada, y consecuentemente fue foco de continuos ataques vandálicos
y pozo de basuras y enseres viejos. Desde hace unos años se
encuentra ya restaurada, precisamente en una época donde se
comienza a recordar el negocio de la nieve, que nace en el siglo
XVI. Pero la nevera de Xàtiva no era la única que
abastecía de nieve a la ciudad, ya que incluso la de Agres
fue construida para dar servicio a la capital de la Costera.
Aunque
el negocio de la nieve parece datar del siglo XVI, su explotación
no se generalizó hasta el siglo siguiente. La hacienda real lo gravó
tempranamente -1650- con tributos (quinto y millones). Muchas
ciudades importantes, así como capitales de regiones y distritos se
proveen de otros pueblos cuyas características les hacen tener nieve. Pero
hasta los inicios del siglo XVIII no se realiza una explotación
sistemática y racional de la nieve. Sin embargo mucho antes, -en el
siglo XV- se construye ya en las sierras de Mariola y del Benicadell
una serie de pozos cubiertos, de gran diámetro y con una
profundidad de 10 a 15 metros, donde comienza a almacenarse la nieve
que es traida con palos y donde se apisionaba hasta formar capas
sucesivas separadas y cubiertas de paja. Cuando se llenaba la nevera
se cerraban las puertas entregándose las llaves al administrador
del negocio.
Los pozos tenían
un desaguadero en la zona inferior por donde desaparecía el agua
del deshielo, ya que era perjudicial para la conservación de la
nieve. Los pozos o casas de nieve eran construcciones circulares,
fabricadas con paredes de piedra y ladrillo. Se construían
preferentemente en la umbría de un cerro y orientados al norte para
conseguir la mayor sombra y aireación posible.
En las
proximidades de algunos pozos se hacían balsas artificiales que se
llenaban de agua, con muy poca profundidad, para que por la noche,
con las heladas, el agua se convirtiera en hielo. Las laminas de
hielo eran recogidas e introducidas en los pozos.
La nieve era
transportada en cántaros de barro y serones protegidos con
helechos. Se transportaba de noche para evitar la licuación de la
carga. Aunque la distribución se realizaba durante todo el año,
era entre mayo y octubre la época de más comercio.
Esta nieve se
utilizaba para la elaboración de horchatas y helados, para
refrescar bebidas e incluso para curar algunas enfermedades, heredándose
esta cosumbre de los árabes. Su consumo era muy demandado por
conventos, hospitales, cuarteles y numerosos particulares. A los
enfermosse les regalaba.
Pero el hecho de
almacenar nieve data de mucho antes. Según consta en escritos de
Galeno, Hipócrates y Dioscórides, ya en la antigüedad existían
instalaciones para almacenar hielo y nieve. Hay tratados en los que
se indica que en Mesopotamia, en el 3000 a. d. C. ya se hacía
acopio de nieve.
Xàtiva se
abastecía fundamentalmente del Nevero de Agres, conocido también
como Cava d´en Miquel, una de las neveras más monumentales de la
Comunidad Valenciana, construída en el siglo XVII,
por cuanto la actual capital de la Costera era la cabeza del
distrito en aquellos siglos y tenía la potestad sobre las
poblaciones de su término o gobierno.
Además la nevera
de Xàtiva servía de complemento a las otras, ya que algunos
inviernos era frecuente que nevase en Xàtiva y en caso de que no
ocurriese, se almacenaba allí la que se traía de otras
poblaciones.
En su mejor
momento el precio de la carga de nieve llegó a los cuatro reales en
el siglo XVIII. Ya en el siglo XIX se inicia la decadencia de este
tipo de negocio y los pozos dejaron de ser rentables aunque se
conservaron por todo el territorio español.
La floreciente
industria de la nieve dio empleo a mucha gente y originó una amplia
red de intermediarios entre quienes recogían la nieve y los
consumidores en las villas y ciudades: estaban los «boleros» que
recogían la nieve en los ventisqueros, los «guardas» que
vigilaban y controlaban las sacas de nieve de la sierra, los «arrieros»
que transportaban la nieve a las poblaciones, los «neveros» que
eran los encargados o propietarios de los pozos que vendían el
hielo a los consumidores; y los «arrendadores» de las Rentas
Reales que cobraban los impuestos.
CARACTERÍSTICAS
DE LAS NEVERAS
Se trata de un
depósito en forma de embudo invertido de sillería. La nieve se
echaba por la chimenea y se alternaban mantos de nieve separados por
paja . Se sacaba por debajo, a través de un caño de piedra. El
objetivo era lograr el aislamiento térmico necesario para su
conservación. Su comercialización tenía lugar en la época
estival.
Su tamaño
oscilaba entre los 3 m. de diámetro por 4 m. de altura, de las más
pequeñas, y los 15 m. por 15 m. de los grandes pozos.
Las neveras de
tipo medio, bastante frecuentes, presentan un diámetro de 7/8 m. y
una altura de 8/10 m.
Su estructura es
la de un depósito excavado artificialmente, generalmente de planta
circular, formando un cilindro o tambor con paredes de piedra, de un
grosor aproximado de entre 60 cm. Y 1 m. y aparejo de mampostería o
sillería de diferentes acabados (piedra seca, mortero de cal,
etc.), usando casi siempre sillares para elementos importantes
(arcos, accesos, etc.).
Los muros de la
nevera suelen presentar varios vanos ciegos en los cuales se
instalaban vigas de madera para formar una plataforma interior cuya
finalidad variaba, según la altura y la situación de los mismos :
levantar las paredes, construir la bóveda, trabajar en el interior
de los pozos, almacén de herramientas y paja, etc.
La cubierta
superior es una bóveda hemiesférica o rebajada, con o sin nervios
(arcos de sostén); aunque también existen falsas cúpulas por
aproximación de hiladas o cubiertas de tejado, con forma cónica,
apoyadas sobre la prolongación exterior de las paredes del pozo. En
las zonas de montaña, algunos pozos carecían de cubierta. Una vez
repletos de nieve, se recubrían con maderas, ramas, piedras y
tierra.
En el fondo del
pozo se situaba el desagüe, que actuaba como sistema de drenaje de
la nevera. El suelo o base del depósito estaba diseñado en forma
de plano inclinado para favorecer la salida de agua hacia el
exterior o hasta un pozo ciego. Algunos desagües, presentan una
puerta o vano en la pared, que permite el paso de una persona a través
de ellos y sirve como túnel de acceso desde el exterior.
Los accesos más
habituales (puertas, portellas, etc.) se practicaban en la parte
superior de la nevera, existiendo una o varias aberturas que se
sellaban con puertas de madera ajustadas o losas de piedra. Una de
las más habituales era la abertura cenital en el centro de la
cubierta superior del pozo. Otro tipo característico de abertura
era la lateral, practicada en la intersección entre el arranque de
la bóveda y las paredes del pozo.
En el interior de
la nevera y situada justo encima de las aberturas laterales, se
colocaba una vigueta de madera empotrada en el arranque de la bóveda,
que servía para sostener la polea o carrucha. Mediante cuerdas, se
descendía al interior del pozo o se extraía nieve.
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