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José Alonso ha vuelto a exponer en la Casa
de la Cultura cuatro años después de anunciar que aquella era su
última exposición. Pero la vitalidad de este artista le ha hecho
volver a presentar toda una serie de obras que demuestran que Alonso
todavía tiene cuerda para rato, y que la madurez, en vez de ser un
problema, es toda una virtud, para quien domina el arte de la
plumilla como nadie. Lo ha demostrado en una exposición que ha sido
un éxito rotundo, y que sin lugar a dudas no será la última.
Pensaba
Alonso que no debía jugar con sus prestigio y por ello decidió
retirarse hace cuatro años anunciando una última exposición de
dibujos a plumilla en lo que era el punto y final a una fecunda
carrera dentro de una disciplina donde no abundan los buenos
artistas.
Pero la vitalidad
y las ganas de seguir creando le han hecho volver cuatro años después,
con el mismo arte de siempre para sorprender a su fiel público que
ha aplaudido su vuelta y se ha rendido de nuevo a la creación de
este artista que con sus obras recrea una Xàtiva que sólo vive en
el recuerdo, pero además plasma también la actual.
Así se puede ver
una desaparecida Plaça del Mercat o una vieja estación de tren con
la llegada de una máquina a vapor que
nos devuelve a los años veinte e incluso Alonso se atreve a
plasmar la entrada de Jaume I en tierras valencianas, todo ello
desde el prisma de la perfección que permite la plumilla, pero
también desde el saber hacer de este artista que desde hace décadas
a encandilado al público con su arte detallista, tremendamente
elaborado y sin que le falte nada al cuadro.
El paisaje urbano
de Xàtiva vuelve a ser el verdadero protagonista con sus calles
empedradas, el agua, las fuentes, y los jardines.
El maestro Alonso
incide en todos y cada uno de los detalles de una Xàtiva a la que
siempre ha dirigido su obra, para plasmar no sólo sus calles, sus
plazas y sus elementos más característicos sino su espíritu histórico.
En las luces y las sombras de Alonso se adivina la sensación que
siente el artista cuando crea, cuando de sus manos van formándose
imágenes de una ciudad que guarda en su interior siglos de
historia.
Además, Alonso
es autodidacta, lo que sobrevalora todavía más su arte y su creación,
que podría considerarse como una mezcla de poesía y fuerza al
mismo tiempo, lo que obliga a una contemplación pausada de sus
cuadros. Ponerse delante de una obra de Alonso es comenzar a
adivinar donde nace y muere la composición. Siempre existe un hilo
conductor que otorga vida a los elementos estáticos que el artista
plasma de una manera formidable.
No es fácil, ni
mucho menos, dominar el trazo de la pluma y mucho menos saber jugar
con las luces y las sombras que esta
técnica obliga. Alonso lo hace, y por ello el paisaje tiene
una vida propia que le otorga la creación del pintor.
Por ello sus seguidores, que han acudido
generosos a su vuelta a las exposiciones, siempre le han sido fieles
y nunca permitieron que dejase de presentarse en público para
seguir mostrando lo que es capaz de hacer.
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