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Una actriz ha
viajado a Alemania para denunciar que en España se practica la
censura. Varios actores acudieron al programa de Manel Fuentes,
en Telecinco, para denunciar la censura de la que el programa de la
Gala de los Premios Goya fue objeto. También ha sido objeto de
numerosas críticas la actitud «contundente» que se mantuvo
contra los actores invitados al pleno del Congreso.
Un asistente a un
mitin de Aznar que gritó «No a la guerra» ha aparecido
retratado en el momento en que se le tapaba la boca y se le
expulsaba de manera inmediata y fulminante del recinto, entre gritos
de «hijo de puta, cabrón» y hasta asesino. Eso sí, Aznar
destacaba seguidamente, desde el podio de orador, la posibilidad de
que alguien pudiera levantarse y decir paz y no guerra «porque
estamos en un país libre».
Y sin embargo,
consta a cualquiera que el desarrollo de la gala de los Goya enfadó
profundamente al Gobierno, que no se esperaba reacción tan
contraria a sus tesis durante cuatro horas y que bien hubiera
deseado poder cortar aquel «show» lo antes posible. Y sin
embargo, algunas otras manifestaciones antibelicistas están
teniendo severas dificultades a la hora de poderse manifestar y
expresar, según queda de relieve.
Y sobre todo, está
quedando a las claras que hay un número creciente de ciudadanos que
no están dispuestos a dejarse encabezar por un presidente a quien
juzgan excesivamente belicista y comprometido con los propósitos y «ardores»
guerreros del presidente estadounidense. Es del todo seguro que
incluso en las filas del PP se está empezado a debatir en qué
medida esa actitud adoptada por «el líder declinante», y
ya con fecha de caducidad
Pues, si hay
desavenencias serias y graves en el seno de la Unión Europea y en
el seno de la OTAN, y son clarísima mayoría los españoles y
restantes europeos que se manifiestan decididamente antibelicistas,
¿cómo no habría de aparecer y manifestarse en el propio partido
gobernante el mismo clima hostil a una guerra en Irak, de
repercusiones y efectos difíciles de determinar y sospechar?. Lo
cierto es que la guerra empieza a presentarse como incómoda hipótesis
de trabajo que puede desbordar y «descolocar» cualquier
mitin electoral.
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