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Necesitamos entender claramente que el neoliberalismo está atacando
el orden social existente en tres frentes. El frente económico, que
es el más importante debido a las consecuencias que tiene para toda
la humanidad, está dirigido por el Fondo Monetario Internacional
(FMI), el Banco Mundial (BM) y la Organización Mundial de Comercio (OMC):
estas tres organizaciones forman el verdadero eje del mal. Este
abominable triunvirato ha inducido un descalabro masivo y busca
imponer una agenda económica basada sobre la preeminencia del sector
privado y los mercados, y sobre la ganancia.
Basta considerar hechos tales como el fraude que rodea la quiebra de
Enron, la crisis monetaria de Turquía, el colapso de Argentina y la
devastación ambiental. Es escandaloso que nuestros dirigentes,
particularmente aquellos que representan a la Unión Europea, se
rehúsen a actuar a favor de la liberación y el desarrollo de las dos
terceras partes de la humanidad que se encuentran sumidas en la
pobreza.
Lo que se necesita es la condonación total de la deuda de los países
del Tercer Mundo, crear un sistema justo que controle la
amortización de las deudas de estas naciones, garantizar que las
condiciones de financiación sean adecuadas y que se utilice para el
desarrollo, garantizar que las naciones ricas destinen por lo menos
el 0,7% de sus presupuestos a financiar este desarrollo, restaurar
el equilibrio comercial entre el Norte y el Sur, implementar
políticas que aseguren que cada país tenga soberanía sobre su
seguridad alimentaria, regular la irracionalidad del flujo mundial
de capitales, ilegalizar el secreto bancario, abolir los paraísos
fiscales, y crear un sistema de impuestos a las transacciones
financieras internacionales.
El segundo frente es el ideológico, que es silencioso e invisible.
Hay todo un montaje cuyo objetivo es convencer a la humanidad de que
la globalización traerá la felicidad universal. Para la consecución
de este objetivo se cuenta con la activa colaboración de las
universidades, los centros de investigación y la cooperación de los
principales medios de comunicación, los cuales son imitados por
periodistas de todo el mundo.
Armados con el monopolio de la información, los guerreros
ideológicos de la globalización han constituido una dictadura que
depende de la complicidad pasiva de aquellos a quienes subordina.
La manipulación de los medios de comunicación se inició oficialmente
cuando el Pentágono abrió la Oficina de Influencia Estratégica,
inmediatamente después de los ataques del 11 de septiembre. La
función explícitamente orwelliana de esta oficina es la de diseminar
información engañosa con el fin de hacerle un lavado de cerebro a la
prensa internacional e «influenciar la opinión pública y los
dirigentes políticos, tanto en los países amigos como en los poco
amistosos. Lo cual nos hace recordar los oscuros años del macartismo
y de la guerra fría, cuando MacCarthy actuaba como un ministro
virtual de desinformación y propaganda. Actividad que siempre ha
estado asociada con las más grotescas dictaduras del mundo.
El tercer frente es el militar. La ofensiva que se inició después
del 11 de septiembre busca suministrar al movimiento de la
globalización un aparato de seguridad que sea muy efectivo. Estados
Unidos estuvo tentado de asignarle la responsabilidad a la OTAN,
pero decidió asumirla totalmente, pues tiene los medios para hacerlo
con espectacular eficacia. La guerra en Afganistán contra los
talibanes y Al Qaeda convenció a Washington de que sería fútil, dado
el tamaño de la tarea, pedir algo más que ayuda simbólica a sus
principales aliados militares.
Washington decidió no consultar a sus aliados antes de declarar que
su ataque contra Irak era inminente, demostrando su desdén por
ellos. El alto nivel inicial de las protestas europeas ha venido
perdiendo volumen, y no han sido tenidas en cuenta por la
administración Bush. Se supone que los vasallos se arrodillen para
suplicar ya que USA aspira a ejercer un poder político absoluto.
El imperio norteamericano quiere imponer la globalización neoliberal
como una realidad. Todos los que se opongan deben tener conciencia
plena de que Estados Unidos los combatirá. La era del respeto a los
derechos humanos se terminó, como lo podemos ver en las vergonzosas
condiciones que se aplican en la colonia penal de Guantánamo en
Cuba, donde muchos europeos (incluyendo franceses, ingleses y
españoles) han sido confinados en jaulas.
El eje del mal, constituido por el FMI, el BM y la OMC, había
ocultado su verdadera naturaleza. Pero ahora puede verse lo que
realmente es.
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