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El todopoderoso presidente de los Estados Unidos
y sus coleguillas europeos que le han venido apoyando en la inútil,
absurda, ilógica y bárbara matanza contra el pueblo civil de Irak
(no digo guerra porque una guerra es cuando dos bandos combaten
igual por igual) han decidido antes de que termine totalmente la
barbarie comenzar a repartirse un botín que no les corresponde.
Lo que debería haber sido un ataque rápido, contundentes y estudiado
para acabar con el dictador irakí, ha resultado ser un tremendo
fiasco, si tenemos en cuenta la infraestructura militar y el arsenal
de armas que se le supone al imperio americano, y la preparación de
sus soldados: niñatos de apenas veinte años, la mayoría de ellos
hispanos, llenos de chulería ante las cámaras de televisión de su
país, con la banderita atada al cuello como prueba de su patriotismo
rancio y fascista, y cagados de miedo cuando son apresados.
¿Donde están los misiles inteligentes que debían acabar con Husein
en veinticuatro horas? ¿Donde caen las bombas teóricamente dirigidas
a puntos estratégicos militares de Badgad? ¿Cuanto errores han
habido, una vez más, para matar a centenares de civiles que no sólo
han tenido que sufrir a su dictador, sino que además han tenido la
mala fortuna de nacer en Irak, para pasar una larga o corta vida
llena de hambre, miserias, vejaciones y terminar muertos en la calle
por una bomba que no debía haber sido lanzada nunca?. ¿Donde están
las armas de destrucción masiva que fueron el argumento utilizado
para el ataque a Irak porque suponían un peligro para la paz
mundial?.
Pues por encima de estos cadáveres de niños y adultos, del hambre,
la miseria y la destrucción, el dictador americano -el cual debe
haber perdido la cuenta de cuantas muertes se le atribuyen a sus
decisiones desde que fue elegido gobernador de California-, ha
decidido preparar el reparto del botín. A sus más allegados les
entrega la reconstrucción valorada en miles de millones de dólares
para que se enriquezcan un poco más, pero como estamos hablando de
mucha pasta, la ONU, contraria a esta barbarie, deberá apechugar con
una parte suculenta del dinero, un dinero que en parte también es
nuestro, por lo que todos, absolutamente todos pagaremos lo que las
futuras generaciones nunca podrán entender que sucedió en el siglo
XXI.
Al colega británico, como pago a sus muertos y su apoyo a la locura,
le deja la explotación de algunos pozos de petróleo para que las
compañías se expandan un poco más, coticen al alza en la bolsa y se
hagan más fuertes ante el acoso de la unión europea y le queda el
Capitán Trueno. ¿Que le darán a nuestro particular Capitán Trueno?.
¿Que esperará nuestro héroe español para el cual el país ocupa ahora
un lugar que no ocupaba hace tres semanas? ¿Que sorpresa le depara
al guerrero que se muere de gusto con un sobrero de ranchero en las
tierras de Tejas? ¿Acaso un curso acelerado de inglés americano para
que no fuerce la imitación del dejo del amigo yanqui? ¿Acaso la
vicepresidencia tercera del futuro gobierno de Irak? ¿Acaso lo
guardan para que reemplace a Husein con el cual tiene un parecido
similar si le ponen una gorra?. ¿Cuál será la sorpresa?.
Cuando termine totalmente la barbarie saldremos de dudas, y como
ellos no tienen problemas de conciencia -son los únicos que no la
tienen- pueden seguir llenándose la boca con que los que nos hemos
opuesto a esta guerra -no contra Sadam sino contra su pueblo
inocente -somos cuatro gatos. Efectivamente así se escribe la
historia. El noventa por ciento de la población española ha estado
en contra de esta barbarie.
Pero seguimos siendo cuatro gatos.
P.D. El presidente español lamentó la muerte (el asesinato) de los
periodistas Julio Anguita Parrado y Jose Couso, pero no las condenó.
Los de Batasuna también lamentan las muertes que causa ETA pero
tampoco las condenan.
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