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Acaba de comenzar
el mes de junio y Xàtiva vuelve a estar presente en todos los medios
de comunicación por ser una de las ciudades que marca las mayores
temperaturas no sólo de la Comunidad Valenciana sino de una gran
parte de España. Este fenónemo se está repitiendo en los últimos
años y pone de manifiesto que el calentamiento global de la
atmósfera repercute en unos lugares de forma más extrema que en
otros. Lo que en un principio pudiera parecer un cambio sin apenas
importancia, puede traer consigo graves consecuencias para la salud
humana.
El caso del aumento de las temperaturas se debe a diferentes
factores que habría que analizar muy detenidamente para intentar
buscar una solución a corto plazo. A parte del llamado «desarrollo
sostenible» el cual leva parejo toda una serie de cuestiones
determinantes para las futuras generaciones, en la atmósfera de
nuestro planeta existen los llamados «gases de invernadero», los
cuales mantienen la temperatura promedio de la superficie de la
tierra en alrededor de 15 grados centígrados. De otra forma, ésta
alcanzaría 18 grados bajo cero. El efecto invernadero es, en
realidad, la retención de la radiación emitida por el sol.
En los últimos años, ha sido documentado un incremento paulatino en
la concentración atmosférica de dichos gases. Los científicos
consideran que éste efecto es el resultado de la industrialización
progresiva, la fabricación de aerosoles (con los llamados
clorofluorocarbonos), la utilización de combustibles derivados del
petróleo, los sistemas de irrigación de cultivos y la fabricación de
cemento.
Según los expertos, el último decenio ha sido el más cálido del
siglo. La temperatura atmosférica ascendió en 0,4 °C durante los 25
años anteriores. Así pues, se ha disparado un proceso paulatino de
«calentamiento global» del cual el hombre es, en gran medida,
responsable. A causa de tal problema, científicos de varias partes
del mundo se han agrupado con miras a discernir las causas del
mismo, el impacto real y las posibles estrategias para combatirlo.
Dicho comité de expertos ha previsto para el año 2100 un aumento de
temperatura promedio de 1,0°C a 3,5°C (con variaciones en diferentes
zonas del planeta).
Como resultado del calentamiento global, se presume que en el futuro
cercano habrá mayor frecuencia de sequías, tormentas e inundaciones.
Se ha calculado que por cada grado centígrado de aumento térmico, el
vapor de agua contenido en la atmósfera se incrementa en cerca de
6%, lo que se traduce en sequías prolongadas y, por otro lado,
lluvias más intensas, que ya comenzaron su aparición en el siglo XX.
Por otro lado, el aumento de temperatura de la atmósfera hace que
fenómenos que en otros tiempos se veían a menores alturas, empiecen
a aparecer en regiones geográficas más elevadas. La altura necesaria
para el congelamiento ha subido aproximadamente 150 metros.
Por otra parte, se prevé que en ciertas zonas del planeta, en los
días cálidos la formación de ozono (gas necesario para evitar la
entrada de rayos ultravioleta) podría decaer a niveles que permitan
que se afecte la salud de individuos vulnerables
Pero el aumento de las temperaturas provoca además que enfermedades
propias de las zonas más cálidas de los trópicos, tales como dengue,
fiebre amarilla o malaria han comenzado a hacer su aparición a
mayores alturas. Esto ha sido demostrado en América Latina, Asia y
Africa. En Africa muchos pobladores emigraron hace tiempo a zonas
montañosas, buscando escapar de la malaria, pero en la actualidad,
allí están siendo también atacados.
Las diversas especies de Plasmodium, parásito que causa la malaria,
cumplen parte de su desarrollo dentro de los mosquitos transmisores
de la enfermedad, y el resto de su ciclo vital lo llevan a cabo
dentro de las células (en este caso glóbulos rojos) del ser humano
«picado» por dichos mosquitos. La maduración de los parásitos dentro
de los mosquitos depende de la temperatura ambiental, y es más
rápida en cuanto mayor sea ésta. Así, por ejemplo, si esa
temperatura sube de 20 a 25 °C, dicho tiempo de desarrollo pasa de
26 a 13 días, aumentando el riesgo de que el insecto transmita la
enfermedad en el curso de su vida.
Pese a la enorme capacidad de adaptación de muchas especies, como es
el caso de los roedores, muchos ecosistemas se han visto amenazados
también por el calentamiento global. Muchos expertos creen que
ciertas plagas y organismos oportunistas, pueden encontrar en el
desequilibrio de los ecosistemas, un ambiente propicio para su
reproducción, con el consecuente impacto sobre la salud de las
personas.
Los expertos han calculado que los bruscos cambios climáticos que
sobrevienen van a traer como consecuencia diversas alteraciones en
la salud humana. Por ejemplo, quizá se tornen más frecuentes los
problemas derivados del calor (como el golpe de calor) y se hagan
menos comunes las muertes por congelamiento. Del mismo modo podrán
ocurrir enfermedades por diversas causas ante la aparición de graves
inundaciones; es también posible que cambie el patrón con el cual
suceden los problemas diarreicos relacionados con los alimentos (por
deterioro en el grado de seguridad de los sistemas de
almacenamiento) o el agua.
De otra parte, si los cambios en la viabiliadad de cultivos no son
adecuadamente previstos por los agricultores, es factible que se
pierdan cosechas enteras y se vea afectada la productividad de
muchas naciones. Las alteraciones sociales y económicas que pueden
derivar de ello, se reflejarían en mayor frecuencia de conflictos
cívicos, déficit nutricional y enfermedades de tipo psicológico. Una
consecuencia muy temida por los científicos, es el surgimiento de
nuevas enfermedades infecciosas portadas por el agua (cólera),
insectos (malaria) y roedores (leptospirosis), sin olvidar las
enfermedades respiratorias como consecuencia del calentamiento.
Los expertos han señalado que son necesarias varias medidas para
atenuar el impacto del calentamiento global sobre la salud. Es
importante que se extremen los sistemas de detección y reporte de
enfermedades infecciosas, que se eduque a la población sobre el uso
de insecticidas y sobre el manejo de aguas estancadas.
Hoy por hoy, los estudios de temperatura, obtenidos gracias a los
satélites, permiten predecir algunas epidemias y organizar los
sistemas de control. De otra parte, es vital para la supervivencia
de la humanidad que se piense en la utilización de fuentes de
energía alternas al petróleo, para minimizar la emisión de gases con
«efecto invernadero», tales como el dióxido de carbono. Tal empeño
sería inútil si la humanidad, al mismo tiempo, no aprende que la
energía disponible para el «bienestar general» no es gratuita ni
ilimitada, y que hay que cuidar los «bosques», que constituyen la
más importante reserva de aire puro para el planeta.
La amenaza que impone el calentamieto global del planeta sobre la
salud es real y ya ha comenzado a hacerse patente. Como consecuencia
de ello, las sequías e inundaciones son cada vez más frecuentes. A
su vez, enfermedades que se creían controladas se han tornado más
agresivas o aparecen en zonas donde antes eran desconocidas. También
se prevén cambios importantes en la viabilidad de los cultivos, con
consecuencias económicas Si bien es cierto, que las políticas
adoptadas por los líderes mundiales tendrán mucho que ver con el
curso de las cosas en los años venideros, hay que anotar que la
salud del planeta y, por ende, la nuestra, es asunto de todos y cada
uno. El aumento de las temperaturas no beneficia en nada el futuro. |