RODRIGO DE BORJA NACIÓ EN XÀTIVA EN 1431 Y VENÍA DE UNA FAMILIA NOBLE Y BIEN EMPARENTADA CON LOS DIGNATARIOS DE LA IGLESIA
Se cumplen 500 años de la muerte del Papa Alejandro VI

 
Se cumple el 18 de agosto 500 años de la muerte del papa Alejandro VI acontecida en 1503. Este personane universal, en demasiadas ocasiones maltratado injustamente por la historia, marco las directrices del nuevo mundo y una nueva forma para la iglesia católica. El hecho de que fuese el Renacimiento su época, marcó todavía más una leyenda negra, que los historiadores han venido desmontando al paso de los años Alejandro VI fue un impecable maestro en la fe y empeló el primer oro venido de América en la construcción de la Basílica Mayor de Santa María en Roma.

Rodrigo de Borja y Doms vino el mundo en Xàtiva el 1 de enero 1431. Procedía de una familia noble, por parte de padre, y estaba bien emparentado con los altos dignatarios de la Iglesia, por parte de madre, cuyo hermano era el Papa Calixto III; todo lo cual explica que a Rodrigo se le destinara a la carrera eclesiástica y que gracias a la influencia de su tío lograra en ella espectaculares ascensos: de obispo de Valencia a obispo de Oporto y de Cartagena y de ahí, tras sus estudios de Derecho Canónico en Bolonia, y a la corta edad de 25 años, al capelo cardenalicio; un año más tarde (1457) logró incluso el cargo de vicecanciller de la Iglesia, que equivalía al de Secretario de Estado Pontificio actual. De este modo, Rodrigo Borja, a sus 26 años, era el cardenal más rico y el más poderoso de la Iglesia, con lo que ya sólo le quedaba aspirar a ser su máximo dignatario. Esto lo consiguió a los 51 años, valiéndose todos los medios a su alcance, algo totalmente natural y diario en aquella época. Así, el 11 de agosto de 1492 fue nombrado sucesor de Inocencio VIII y tomó el nombre de Alejandro VI. Una semana antes habían zarpado del Puerto de Palos las tres carabelas españolas que, al mando de Cristóbal Colón, habrían de descubrir dos meses más tarde (12 de octubre) el Nuevo Mundo.
Al año siguiente, Alejandro VI tuvo que hacer de árbitro entre los dos países punteros de aquel entonces, España y Portugal, que se disputaban el gobierno de los territorios de América; por medio de la bula de Demarcación (1493) se concedió a estas dos naciones la soberanía sobre aquellas tierras, delimitándose la jurisdicción de cada una y con la obligación inherente de predicar en ellas la religión cristiana. Esta bula se convertiría un año más tarde en el famoso Tratado de Tordesillas (1494) por el que se destinó a Portugal todo el territorio situado a 370 leguas al oeste de las islas de Cabo Verde, que es como surgió el Brasil actual.
Sin embargo, el Papa setabense, que se preocupó por la expansión misional en América, de la que germinaron los cientos de millones de cristianos de hoy día; que protegió las instituciones de beneficencia, siendo muy querido de los pobres; que preparó una bula de reforma de la Iglesia para terminar con sus abyecciones; que fue amante de la cultura y protegió a diversos artistas; que reconstruyó la Basílica de Santa María la Mayor de Roma, en la que se empleó el primer oro venido de América; que logró imponer su única autoridad en los Estados Pontificios, acabando con las disensiones de los señores feudales y la anarquía que imperaba en la Romaña; que robusteció la autoridad papal implantando un gobierno fuerte y homogéneo en los Estados Pontificios y que fue un impecable maestro de la fe; este Papa de Xàtiva, lamentablemente, no lo reconoce o no lo ha venido reconociendo la historia por sus buenas prendas, que fueron muchas; sino por las malas, que también tuvo.
Dotado, al parecer, no sólo de relevantes dotes de espíritu, sino también de cuerpo, el cardenal Borgia, de refinadas maneras y seductora elocuencia, llevó una vida muy de acorde a su tiempo. Rodeado de todo tipo de lujos, galanteaba a las mujeres con éxito y desenvoltura. De una dama romana, Vanozza di Cattanei tuvo cuatro hijos, Juan, César, Jofre y Lucrecia.
Claro que en la Italia del Renacimiento no sorprendía nada de todo esto y era completamente normal. Lo anormal era comportarse de otra forma. Según se lee en el diario de un elevado dignatario de la corte pontificia de finales del siglo XV: «todos los eclesiásticos, desde el primero al último peldaño de la jerarquía, mantienen amantes y no tratan de ocultarlo». «Los Borja, -escribe- ni vivían ni obraban de manera distinta a la mayoría de los soberanos de aquella época, que recurrían a cuanto estaba en su mano para llevar a cabo sus pretensiones.
El padre Miquel Batllori -q.e.p.d.- el máximo historiador de la familía Borja defiende las actitudes de la familia, por cuanto lograron con ellas laconcepción de un nuevo mundo y un nuevo concepto en la iglesia.
Vittorio Massori en su libro “Leyendas negras de la iglesia” defiende en cierto modo al Papa Alejandro VI diciendo que «quizás actuó mal pero predicó estupendamente y según él ésa era su función principal, la de ratificar a los hermanos en la fe. La enseñanza papal precede y es mucho más importante que el también deseable ejemplo moral».
Alejandro VI murió un 18 de agosto de 1503. Ahora se cumplen 500 años de la desparición de un ilustre personaje de Xàtiva que ha nadie ha dejado indiferente y tiene un peso específico dentro de la historia de la humanidad.

 

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