Los queremos a todos vivos Sr. Aznar
 

Han pasado días de aquello. Días de fiestas patronales y vacacionales que solo han distanciado las reacciones. En muchos ciudadanos siguen patentes la imagen y la voz del Sr. Presidente del Gobierno D. José M. Aznar cuando queriendo atacar -o contraatacar- a la oposición lanzó en modo de frase una barbaridad desafortunada y casi ofensiva al menos para ciertos sectores como el militar: «algunos desearían que nuestros soldados vuelvan en ataúdes».
Frivolizar con la vida de tales profesionales no habrá sentado muy bien en el seno del Ejército y menos aún a los familiares de los soldados enviados a Iraq. Enviados a una guerra o postguerra de guerillas urbanas en la que pocos intereses tenemos los ciudadanos del Estado Español. Aunque se disfrace de misión humanitaria, de paz, de control, de vigilancia y seguridad; no deja de ser un conflicto extraño, ajeno y desmotivado para la mayoria del pueblo y para los mismísimos soldados allí destinados. Esta postguerra en iraq con presencia española es consecuencia del apoyo y la apuesta personal del Sr. Aznar al presidente Bush con lo que ésto conlleva y deriva: intereses, prebendas y favores de todo tipo para Aznar principalmente y su Gobierno. Pero volviendo al tema, Aznar se ha excedido en la magnitud de la repuesta a las criticas que la oposición le hizo por el nuevo envío de soldados a la postguerra iraquí. Ni la oposición es tan cruel para jugar con hipotéticos muertos aunque quiera rentabilizar el tema ni Aznar es tan santo o bueno como parece. Ningún partido político democrático osaría decir tal barbaridad.
Creo que nadie desea ningún mal para nuestros soldados. Otra cosa es cuestionar el que se les haya enviado y cuestionar el conflicto. Aznar ha querido librarse del «acoso parlamentario» de la oposición en cuanto a múltiples críticas, preguntas, petición de explicaciones y responsabilidades; y la reacción o réplica no ha podido ser ni en la forma ni el contenido más desafortunada. Tras confundir las churras con las merinas -malinterpretar la critica al envío de tropas con casi un deseo de que mueran soldados nuestros supuestamente para ser utilizados contra el Gobierno- Aznar suelta tal andanada, bestial, morbosa, digna del humor -si es que se le puede llamar así- más negro, cenizo y gafe. Su frase, que me da aprensión citar de nuevo porque soy escupuloso, es un gran exabrupto, es un insulto a la democracia, a los aludidos y sus familias. Nos ha sorprendido el Sr. Aznar, porque tal salida de tono es más propia de un hombre de baja estopa y calaña que de todo un político que se precia de ser un bun estadista vanagloriándose de poseer cualidades diplomáticas, elegancia personal, discreción, prudencia, buenas maneras o modales y hasta exquisitez verbal; como prototipo de castellano noble que dice ser.
Y las maneras en política y en los políticos son muy importantes. Hay que cuidarlas, por muy histérico que le ponga la oposición, Sr. Aznar. Se ha pasado usted 24 pueblos. «¡Macho, tas pasao!» diria Manolo Royo que aún ejerciendo de bruto y buen aragonés casi analfabeto, muestra tener más nobleza, sensibilidad, comprensión y delicadeza en sus palabras y formas, que muchos políticos. Ah, no estaría de más, que pidiera disculpas públicamente por tal frase reconociendo que fue un calentón, tanto a la oposición como a los soldados (que queremos vuelvan todos vivos lo antes posible), a sus familiares, al Ejército y a todos los ciudadanos en general. Y que no vuelva a suceder, porque, con los muertos, reales o hipotéticos...no se juega. Ni con sus ataúdes.

Josep Esteve Rico

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