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La casa de la cultura de Xàtiva acogerá
a partir del 4 de noviembre una nueva exposición de la pintora
setabense Carmen Mollá que vuelve a mostrar sus últimas
creaciones donde vive en el color, la imagen y el paisaje de una ciudad
que para ella tiene una magia especial: la magia que le provoca cualquier
rincón, cualquier detalle de los muchos que existen en las
calles y las plazas de una Xàtiva que todavía tiene
muchas cosas que ofrecer a los lienzos de esta artista.
Una vez más, para que no existas dudas de su constante creación,
Carmen Mollá vuelve a presentarse ante el público en
una nueva exposición. Y lo hace, como siempre, sin ningún
tipo de complejos a la hora de colgar lo que sin duda es su pasión:
el paisaje y los lugares más característicos de una
ciudad que se muestra abierta a los colores de esta pintora, que patea
constantemente el asfalto, para encontrar el detalle, el signo inequívoco
de la historia, el paso de los siglos reflejados en los monumentos,
o busca el aire libre para buscar el almendro en flor, la puesta de
sol, el amanecer desde el castillo o la luz sólida y patente
de Sant Feliu.
Esta pintora autodidacta destaca en sus lienzos una personalidad llena
de sensibilidad a la hora de pintar. Es posible que Carmen Mollá
no destaque por sus trazos, ni por su color ni por la perspectiva
de sus creaciones si nos paramos a pensar en una cualidad que sobresalga
sobre las demás, pero todas ellas en su conjunto son capaces
de presentar un cuadro excelentemente acabado donde la artista habrá
plasmado aquello que quiere que destaque sobre el resto. La imagen
del detalle o la panorámica de la ciudad en su conjunto tendrá
entonces una razón de ser para cautivar al espectador.
La constancia de Carmen Mollá es su principal virtud. Constancia
para encontrar matices, combinar colores, conjugar sombras y hacer
del paisaje un lugar melancólico y bello al mismo tiempo con
el fin de que los paralelismos sean compatibles.
Y en medio de todo ello el trabajo de una pintora que quiere hablar
con sus obras y que quiere ser cada día «un poco más
pintora», porque solo sintiendo que quedan cosas por aprender,
la superación tendrá una razón de ser.
Los paisajes de Carmen Mollá están llenos de emociones:
esas emociones que ella siente cuando se enfrenta al lienzo y le da
esa sensibilidad tan personal que impregna a sus obras, esa sensibilidad
que nace de la necesidad de pintar, la misma que el comer o el vivir.
Por eso hay que ver tranquilamente sus creaciones: para descubrir
cada detalle, cada mezcla, cada sensación en una pintora que
pese a su madurez contrastada sigue pensando que cada día se
encuentra algo que aprender.
Esa es su virtud y el resultado de cada uno de sus cuadros que vale
la pena contemplar en esta nueva exposición. |
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