| Cómo se mide la libertad? ¿Cuánta
hay en cada situación personal o colectiva? Se dirá
que hablar de la libertad es muy vago; que lo que hay es libertades
en plural. Adelantaré mi opinión de que, siendo esto
muy cierto, está contrapesado por el hecho de que las libertades
son sistemáticas, referidas unas a otras, apoyadas unas en
otras; es decir, que hay un sistema de las libertades, de manera
que o hay libertad o no la hay; o en términos menos extremados
y más realistas, hay poca o mucha libertad, que se articula
en cada caso en libertades plurales. Tiene, pues, perfecto sentido
la cuantificación de la libertad, su mensuración.
Un par de observaciones urgentes. La primera: que si no hay libertades
formales no hay ninguna libertad; ni siquiera la de pedirla, la
de decir que falta, la de quejarse. Son las libertades formales
las primeras, la condición de que puedan reivindicarse las
demás, de que se pueda intentar conseguirlas.
La segunda observación es que para que haya libertades económicas
tiene que haber recursos. Las libertades económicas son posibles
cuando los individuos disponen de medios para el acceso a los bienes
económicos, cuando pueden participar de la riqueza y así
realizar las libertades formales.
Se dice, y no sin razón, que en la extrema pobreza -no digamos
en la miseria- las libertades formales no son efectivas no tienen
verdadera realidad. Así es, y por tanto interesa el aumento
de la riqueza, unido a las «libertades formales» que
hacen posible el acceso a ella, la participación en ella
de todos los hombres y mujeres.
Habría que hacerse con sinceridad tres preguntas. ¿Cuáles?
Estas: ¿Qué puedo hacer? ¿Qué no puedo
hacer? ¿Qué me pueden hacer? Las respuestas a esas
preguntas componen una imagen adecuada al estado real de la libertad
en una situación determinada.
A las primeras contesta, naturalmente, la lista o catálogo
de las libertades «formales», los derechos reconocidos
y establecidos en las leyes: libertades jurídicas, políticas,
sindicales, religiosas, de expresión, asociación,
enseñanza, investigación, desplazamiento, etc. Pero
no menos que esa lista es esencial la de los recursos de todo tipo
que la hacen posibles: libertad de expresión y publicación
si sé expresarme y escribir; libertad de desplazamiento si
tengo dinero para viajar, libertad de enseñanza si tengo
escuela, libertad de trabajo si puedo encontrar un empleo...
La segunda pregunta se refiere, por lo pronto, a las prohibiciones.
Tal vez no puedo elegir a mis gobernantes; acaso no puedo afiliarme
a un partido a mi gusto, porque no hay más que uno; o no
puedo sindicarme; puede estar prohibido viajar a otra ciudad sin
permiso oficial, o salir al extranjero; o publicar lo que se me
antoje; o leer los libros y periódicos que me interesen;
o reunirme con quien me plazca; o criticar a los ministros; o elegir
mi profesión; o cultivar la literatura, la filosofía,
el arte según mis personales preferencias. Pero hay que agregar
otras formas de no poder hacer: porque no sé leer o escribir;
porque cuando voy al mercado, mis bolsillos están vacíos;
porque no dispongo de servicios sanitarios que curen mis enfermedades
o remedien, hasta donde es posible, mis defectos; porque estoy abandonado
en la enfermedad, el desempleo o la vejez.
La tercera pregunta, finalmente, es sumamente delicada, y casi siempre
se pasa por alto. ¿Qué me pueden hacer? ¿Qué
garantías tengo de que mis derechos sean respetados, y si
alguien los viola podré recurrir eficazmente? ¿Me
pueden matar, detener sin motivo, encarcelar sin proceso, torturar?
¿Me pueden secuestrar, herir, golpear, robar? ¿Me
pueden privar de mi nacionalidad, de mis derechos civiles , de mi
pasaporte, de mi puesto de trabajo? ¿Me pueden deportar,
confinar, desterrar por una decisión arbitraria? ¿Me
pueden denunciar impunemente? ¿Me pueden obligar a aceptar
un partido, un sindicato, una religión, una ideología,
un caudillo indiscutible? ¿Me pueden castigar o despreciar
o excluir por mi raza., el color de mi piel, mi sexo, mis creencias?
Por último, otra pregunta: ¿Cuánta será
la libertad en España al terminar el primer decenio del siglo
XXI? ¿Qué podré hacer, qué no podré
hacer, qué me podrán hacer? El horizonte presenta
no pocas nubes; pero una cosa me alienta y me sirve de consuelo:
la respuesta a esas tres preguntas dependerá de lo que hagamos
ahora; y eso sí, podemos hacerlo. Y como dijo el poeta: «El
futuro se gana / ganando la Libertad».
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