| En la Casa de la Cultura de Xàtiva ha
podido verse recientemente una exposición de Ernest Peshkov,
el artista bioloruso pero afincado en Xàtiva que no sólo
se ha atrevido en esta ocasión con sus conocidos grabados
de figuras, sino que ha presentado toda una serie de abstracciones
que representan la madurez artística de una imaginación
libre, llena de sentimientos y sobre todo muy cálidas que
hacen de la obra de Ernest un continuo viaje hacia un nuevo concepto
de creaciones.
La creaciones de Ernest Peshkov están llenas de sueños
de lunas, los arco iris, las tormentas, las tierras, la lluvia y
el sol bajo unos colores que impresionan, alimentan y sobre todo
hacen reflexionar de como el arte es capaz de mostrarse en múltiples
facetas cálidas, en un artista del cual ya dijimos en una
ocasión que había venido del frío, pero que
ha encontrado en Xàtiva el lugar idóneo para mostrar
toda la intensidad de sus creaciones.
Ernest es de esos artistas abiertos, que uno se encuentra por la
calle y siempre ve en él una mueca de bondad, solidaridad
y ganas de seguir progresando en su trabajo. Ernest agradece a la
ciudad que le ha acogido con lo que sabe hacer: creando y plasmando
aquellas imágenes que han servido para que la ciudad sea
un punto de referencia en la historia. Ernest no se cansa de dibujar
y hacer grabados de los papas Borja, de Lucrecia, de la Colegiata,
de los monumentos más característicos, pero al mismo
tiempo va introduciendo aquellos elementos que le van seduciendo
y marcando su estancia: los paisajes diurnos y nocturnos, las copas
de los bares de las tardes con los amigos, los sueños de
futuro que le acompañan siempre, el quehacer diario de un
trabajo constante y duradero....y todo ello bajo la personalidad
de quien trabaja en pro de una creaciones que muestran la realidad
bajo un prisma diferente: el de la solidaridad que se arrastra desde
aquella fría ciudad de Minsk.
Desde aquella ciudad donde un buen día salieron sus primeros
grabados en dirección a una ciudad llamada Xàtiva
que le acogió posteriormente y donde ha encontrado el lugar
idóneo para seguir creando y para seguir mostrando al público
(en la pequeña pero coqueta sala de la Casa de la Cultura)
como su progresión tiene un nombre: trabajo y ganas de seguir
haciéndolo, siguiendo sus propias emociones hasta llegar
a entender y hacernos entender, como la historia es capaz de unir
los pueblos y como mediante al arte de Ernest se llega a comprender
la complejidad de los detalles.
Los colores de Ernest son vivos y siempre dispuestos a perpetuarse
en su justa medida en el lugar que le corresponde en el cuadro,
mientras que sus figuras muestran la siempre deseada necesidad de
buscar una respuesta a los interrogantes del espectador: los viajes,
los sueños, el mar, la tierra, el agua....todo implica necesidad
de vivir, y esa necesidad es la que Ernest aplica a sus creaciones
con tristeza pero con esperanza al mismo tiempo: la esperanza de
quien cree que el pasado marca el presente y condiciona el futuro
de todas las cosas.
Así son los sentimientos de Ernest a la hora de plasmar un
cuadro o al menos así es como se le entiende su obra: una
obra rica y llena de calor que se transmite al espectador
Y después de Ernest el 29 de diciembre se inaugurará
la obra de Àngela Malyshava hasta el 17 de enero, una obra
donde volverá a incrementarse el calor que llegó del
frío como perfecto complemento a Ernest. No se lo pierdan.
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