| En la Casa de la Cultura puede verse hasta el
17 de enero una exposición de Angela Málysheva, la
artista bielorusa afincada en Xàtiva que en esta ocasión
presenta sus últimos grabados, óleos y aguafuertes
en una nueva muestra de como es capaz de plasmar los sueños
de cualquier noche de invierno, sueños que siemrpe se presentarán
cálidos, con una conjugación de colores que permiten
adivinar más allá de la simple interpretación.
Los azules, rojos o verdes no serán estridentes, sino que
su combinación permite descubrir esas sensaciones oníricas.
Con sus interpretaciones libres, llenas de ternura y sencillez,
Angela se presenta ante el público con un arte que rebosa
inteligencia por los cuatro costados, y donde la realidad no pide
permiso para mezclarse con la ficción, sino que penetra dentro
de ella para conjugar paisajes con sentimientos o sentimientos con
paisajes que vuelan más allá de lo que es capaz la
imaginación. Por eso no es de extrañar contemplar
una ciudad envuelta por una gran paloma de la paz, como prueba inequívoca
de que los artistas tienen potestad para construir el mundo a su
antojo; el mundo que mejor les convenga para mostrar que todo es
posible en unos tiempos donde todavía cabe la posibilidad
de emocionarse ante un cuadro o de sentir como los sentimientos
afloran en cualquier momento si los colores del artista llaman a
la imaginación y a las composiciones verdaderamente ingeniosas.
Angela, que llegó del frío para ganar en Xàtiva
la IV Bienal de Grabado Josep de Ribera en 1997, ha venido evolucionado
conforme ha ido bebiendo del cálido clima donde vive. Sus
composiciones, que siempre buscaron ese calor desconocido, viven
ahora en un mundo real para mostrarse irreales. Han encontrado el
camino donde formarse y donde plasmar sus mensajes, que al fin y
al cabo surgen de la mente y las manos de Angela.
¿Quien dijo que el arte es para unos pocos? Sería
antes de que Angela ofreciese sus bellas creaciones, llenas de luz,
color, sentimientos, sueños y realidades, a todos aquellos
que quieran compartir un trozo de esperanza. El arte es arte cuando
se muestra con total intensidad y es capaz de provocar vibraciones
en el espectador; cuando es capaz de mostrar una imagen llena de
sentimientos que al paso del tiempo no morirán, sino que
irán aposentándose en su justo lugar: el que le pertenece.
Una obra nunca debe servir para llenar un hueco de una casa, sino
que ese hueco estará completamente lleno cuando la obra ocupe
ese lugar que le corresponde y conforme pase el tiempo será
mes bello mirarla, contemplando como sigue creciendo la intensidad
con la que fue creada.
Esa intensidad está presente en las obras de Angela Málysheva
y en cada uno de los trazos que la autora ha necesitado para hacerlas.
No importa si estamos hablando de grabados, de figuras, de elementos
o de colores que se mezclan. Todo es intensidad a los ojos del espectador,
y de ahí la belleza que provocan cuando los ojos se fijan
en cada una de las líneas, en cada uno de los mensaje subliminares
que nacieron de los sueños de la autora.
Las obras de Angela atraen por toda una serie de motivos fácilmente
explicables: están llenas de sentimientos y de esos sueños
que todos hemos tenido pero no hemos sabido explicar si no era con
palabras, y Angela tiene el don y la virtud de hacerlo con sus manos
y sus pinceles, y con todos aquellos elementos que al final supondrán
al espectador entender como la realidad es ficción y la ficción
está presente en la realidad cotidiana de las cosas, de esas
cosas bellas que Angela Málysheva ha puesto al alcance de
todos los que quieran verlas.
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