| La funcionalidad del servicio de Correos en
Xàtiva arrastra desde hace ya no meses, sino posiblemente
años, una tremenda descompensación en cuanto al servicio
de reparto se refiere. Algunas zonas del casco antiguo de la ciudad
están tan desatendidas que incluso pasan siete u ocho días
sin que el servicio de reparto realice el correspondiente trabajo.
Esta situación viene repitiéndose en gran parte debido
a la precariedad de empleo que existe en Correos, ya que únicamente
realiza contratos temporales sin ninguna continuidad, y las nuevas
incorporaciones tardan semanas en rendir como sería deseable.
El servicio de reparto de Correos de Xàtiva se ha convertido
en un caos, y no se trata de una frase hecha sino una realidad probada
y constatada que repercute directamente sobre los ciudadanos. Al
tratarse de un servicio que no tiene competencia (como Iberdrola
o las cuotas de conexión de Telefónica), no existe
ninguna posibilidad de optar por un cambio, por lo que Correos hace
y deshace según su antojo. Los servicios de paquete express
si que funcionan correctamente, precisamente por la competencia
que existe en la empresa privada, pero en cuanto al reparto se refiere,
Correos es un caos.
La precariedad de empleo en el servicio es realmente lamentable.
Tal y como se va jubilando el personal Correos contrata para el
reparto de forma temporal y casi nunca hay posibilidad de prorrogas.
A estos contratos temporales optan trabajadores de toda la Comunidad
Valenciana, por lo que lo más normal es que lleguen a Xàtiva
gente que no conocen ni la ciudad ni las calles. Tras una adaptación
más o menos rápida al servicio, el contrato ha terminado,
por lo que pasan varios días hasta la incorporación
de un nuevo cartero y consecuentemente un amontonamiento de la correspondencia.
Quienes mas sufren esta política de Correos son los barrios
del casco histórico de la ciudad, ya que los carteros con
plaza en propiedad se reservan los barrios céntricos, algo
que es considerado normal, pero no es normal que en las periferias
se vean hasta tres carteros diferentes en un año y un retraso
en la entrega de la correspondencia que roza la vergüenza.
Los propios carteros contratados sufren este problema tal como confesaban
a esta revista, «por la mañana me llenan el carro y
yo puedo repartir hasta las tres de la tarde. Lo que queda se queda
para el día siguiente, no podemos hacer más».
Pero ocurre que el día siguiente la ruta comienza por el
mismo camino y como lo normal es que tampoco se termine, quedan
zonas desatendidas durante más de una semana.
A menos que se proteste airadamente ante la dirección de
Correos, un ciudadano puede tener en la dependencias de este servicio
decenas de cartas sin entregar, lo que supone no solo un perjuicio
sino que representa un hecho denunciable por cuanto el remitente
ha pagado un dinero para que la carta sea entregada en el tiempo
y plazos normales en el caso de que sea ordinaria.
¿Porqué sufren estas anomalías los barrios
del casco histórico de la ciudad? Por el simple hecho de
que los comercios, organismos oficiales y similares no aceptarían
esta situación ni dos días seguidos y por lo anteriormente
referido de que los nuevos contratados son enviados a estos barrios
donde aparentemente la «conflictividad social» debería
ser menor. Una población mayor, con niveles de estudios inferiores
y aparentemente con menos correspondencia diaria de cierto interés,
es más manejable y más sumisa que por ejemplo las
entidades bancarias del centro de la ciudad. Por ello Correos no
duda en trasladar su conflictividad laboral a aquellos lugares donde
menos problemas puedan acarrearle, pero no por ello se esconde esta
situación tan real como impresentable de un servicio que
mientras no siga teniendo competencia seguirá haciendo lo
que le venga en gana, mientras los ciudadanos tendremos el derecho
al pataleo y al libro de reclamaciones, eso si, la respuesta por
su parte será la de pedir disculpas «por una situación
que lamentamos todos». Pero la sufren sólo unos pocos.
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