| El juez titular del Juzgado Penal número
22 de Barcelona, Francisco Javier Paulí Collado, ha decidido
absolver a un presunto maltratador al no presentar la víctima
la imagen de una «mujer maltratada» ya que acudió
al juicio «vestida cada día diferente, a la moda, con
anillos, pulseras, curiosos pendientes y gafas de tamaño
grande». Esto pese a que el informe médico constataba
la presencia de hematomas en la mujer fruto de golpes
La decisión del increíble juez no sólo prueba
que una gran parte de la justicia esta como una auténtica
cabra, sino que causa un peligrosísimo precedente que indica
como debe ser la imagen de una mujer maltratada, pese a que el juicio
se celebró dos años después de los hechos denunciados,
cuando la mujer decidió huir de casa, estando embarazada,
cansada ya de tantas palizas, pero según el juez la presencia
actual de la denunciante «no concuerda con el temor y la desconfianza
que debe presentar el síndrome de una mujer maltratada».
Además, según el auto del magistrado la mujer contestó
a todas las preguntas «con total tranquilidad, serena, sin
gestos, ni aspavimentos», dice el individuo Paulí.
En cuanto al presunto maltratador el juez asegura que «no
mostró indicio de animadversión hacia las mujeres
y no fue en ningún momento maleducado». Todo un detalle.
Claro, la mujer de nombre Altifa Daghdagh, de origen marroquí,
que fue vendida por sus padres a los 17 años a su actual
marido, debía haberse presentado en el juzgado con burka,
atemorizada, lagrimosa y hasta si me apuran sumisa a las preguntas
del juez machista y tarado. E incluso haberse presentado voluntaria
por si su señoría tenia bien a gusto practicarle la
ablución.
Debía haberse puesto a la altura del majara Paulí
y acudir a las sesiones del juicio con la misma ropa todos los días,
como hace el individuo Paulí que debe usar una camisa para
toda la semana por no entrar en su ropa más intima, que seguramente
debe oler debajo de su toga rancia y facistoide.
¿Pero como se le ocurre a una mujer, y más aún
de origen marroquí acudir con gafas, pendientes, ropa a la
moda, y hasta anillos y pulseras, si con las hostias que le dio
su marido debían habérsele pasado las ganas de provocar
al personal con esas pintas?.
¿Acaso no es cuestión de decoro vestir tapada e intentar
mantener las huellas de las agresiones incluso dos años después?.
Pero mucho me temo que incluso con esta última posibilidad
el individuo Paulí hubiese esgrimido alguna razón
poderosa como que Altifa podía haberse hecho las marcas debido
a las aglomeraciones que provocan las gentes en las rebajas.
Y el individuo Paulí suponemos que dormirá tranquilamente
cuando llegue a su casa, con la conciencia tranquila de haber obrado
en consecuencia y con justicia, cuando lo que debería hacer
es visitar a cualquier psiquiatra que le recete la medicina del
sentido común, o mejor aún, que le diagnostique locura
permanente para que nunca más vuelva a ser protagonista de
una sentencia tan vergonzosa y denigrante como la que ha sido capaz
de firmar.
Yo por mi parte, me declaro en rebeldía respecto a la justicia
mientras se sigan manteniendo personajillos que de solo intuirlos
provocan dolor de estómago y demasiadas ganas de vomitar.
LA INMORALIDAD DE LOS OBISPOS
Nunca viviremos lo suficiente como para redimirnos de nuestros
pecados según la Santa Madre Iglesia Católica. Si
a los niños se les ha de enseñar en las clases de
religión que los maltratos a las mujeres son un «amargo
fruto de la revolución sexual», no sólo hemos
retrocedido cuatrocientos años en la historia, sino los redactores
del texto son unos auténticos inmorales con todo lo que la
palabra significa. Ahora bien, ¿que entienden los obispos
por revolución sexual? ¿la libertad de las mujeres
de hacer con su cuerpo lo que les venga en gana? ¿una amarga
circunstancia que necesariamente conlleva el asesinato a manos de
sus parejas? ¿la redención de las penas para aquellos
que llenos de rencor no han tenido otra idea que acabar con la vida
de su compañera?. ¿O acaso la revolución sexual
como bien escribía Fernando Delgado que ha invadido durante
mucho tiempo de pederastia las sacristías?.
De Santas y Mártires ya tiene bastantes la Iglesia como para
ir incrementando la lista. Que desfachatez.
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