¡Qué calor!
 

Ni la comisión parlamentaria del 11-M, ni la ¿devuelta? soberanía de Irak, ni el revuelo causado por los cambios en la cúpula militar, ni tan siquiera el pasado Congreso del PSOE que fue como una balsa de aceite. Los españoles, un poco hartos de la tensión política, sólo hablan de una cosa: la ola de calor. Ayer mismo cenando en un conocido restaurante madrileño -donde suele darse cita importantes personalidades del mundo de la economia y la política- en las mesas que estaban alrededor de la mía y por lo tanto al alcance de mi debilitado sistema auditivo todos hablaban de lo único, aunque el local estaba estupendamente refrigerado ¡Uf que calor! ¡vengo con la tensión por los suelos
Hemos pasado del invierno al verano sin previo aviso! etc, etc.
Lo cierto es que a estas alturas del curso político y después de no sé cuantas elecciones, quinielas de gobierno, formación de parlamentos y desastres de todo tipo una ya no tiene ganas de nada y como el común de los mortales, no ve el momento de dejar el foro hacia un deseado y a poder ser escondido destino de vacaciones.
Pero vamos, mientras llega ese idílico, deseado y creo que merecido descanso ¡perdón por la inmodestia! aún nos quedan muchos días de calor y hasta en eso o mejor dicho en la forma de sobrevivir a la canícula la política tiene que meter su particular cuchara.
De momento ya se ha disparado el consumo de energía hasta alcanzar récord históricos debido al uso de los sistemas de aire acondicionado, lo que a algunas compañías eléctricas les obligó a disparar su plan de emergencia. Esto ciudades como Sevilla supuso que varios barrios se quedaran sin luz y mucho me temo que esa no va a ser la excepción de la regla sino mas bien la norma. Si los apagones fueron noticia casi rutinaria el verano pasado, en este si las temperaturas siguen en aumento la historia volverá a repetirse.
El apagón como todos sabemos produce un auténtico caos, los semáforos se apagan, las empresas, y los comercios han de interrumpir su actividad, los restaurantes sufren cuantiosas perdidas y los servicios de emergencia especialmente los bomberos no paran de recibir llamadas de todo tipo especialmente de personas que quedan atrapadas en los ascensores.
Como enumerar las molestias los problemas sanitarios y las perdidas sería interminable, solo añadir que parece increíble que en pleno siglo XXI y en un país desarrollado como España sigan ocurriendo estas cosas.
No sé si es que los sucesivos gobiernos han mirada hacia otro lado a la hora de hacer las mejorar estructurales necesarias para mejorar la red que muchos califican de tercermundista o es que la voracidad de las compañías eléctricas no tiene fin o que unos y otros pretenden eludir sus responsabilidades pero el asunto es impresentable y no tiene un pase.
Si a esto se suma que los trabajadores de la compañía francesa de electricidad y gas van a la huelga y cortan el suministro de energía que nos aportan la cosa se complica todavía más. ¡En fin ¡ me temo lo peor. No me extraña que el calor sea el monotema.
Si es que sobrevivimos para contarlo...

Esther Esteban
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