| Es evidente que no hay crisis en Irak ni el Real
Madrid, ni en el Partido Popular gallego ni en el mercado petrolero.
Todo son aviesas maquinaciones de críticos profesionales
que tratan de arrimar el ascua a su sardina.
Sin embargo, de alguna manera habrá que describir y calificar
lo que está sucediendo. Si no es una crisis lo de Irak, cuando
ni siquiera se sabe muy bien si se acabará celebrando el
apaño electoral de enero, o en el PP de Fraga, con un desmembramiento
en ciernes ante un patriarca al que se empieza a perder el respeto,
o en lo que respecta al precio del petróleo con imprevisibles
más subidas que bajadas, que venga el señor Casares
y lo defina. Para lo del Real Madrid no hacen falta ayudas académicas.
Habrá que preguntarse por qué tantos remilgos para
admitir una crisis, cuando, según los diccionarios, se trata
de un ‘momento decisivo o difícil de un negocio grave’. ¿Qué
es lo que se descarta, que se trate de un momento decisivo o de
un asunto grave? ¿O ambas cosas? Tanto en lo que se refiere
a Irak como al PP, al Real Madrid o al petróleo, a nadie
le pueden caber dudas de que es cuestión de que se ha llegado
a un momento en que las cosas están más bien complicadas.
Y no se puede negar que en todos los casos el asunto es grave, por
mucho que las diferencias en las consecuencias sean abismales y
aunque don Manuel Fraga pretenda que su crisis se inscriba en otra
de carácter universal.
Todo viene seguramente de que los máximos responsables de
naciones, partidos o grandes equipos de fútbol se creen por
encima de las humanas flaquezas y no pueden admitir el menor fallo
en sus actuaciones, dotados como están del saber supremo.
¿Una crisis en mi negocio? ¡Vamos, hombre! Si yo lo
tengo todo atado y bien atado. No hay más que escuchar al
presidente Bush, sin ir más lejos. En Irak todo va a las
mil maravillas y a sus habitantes se les ofrece un mirífico
futuro con democracia y todo aunque, eso sí, sin huríes.
Al PP le basta con recordar una y otra vez sus diez millones de
votos y la excelencia sin menoscabo de sus líderes, ignorando
a machamartillo sus tropezones y carencias. El Real Madrid está,
evidentemente, por encima de los terrenales avatares de los no galácticos.
En su universo no hay lugar para estrellas fugaces ni mucho menos
para agujeros negros. ¿El petróleo? Otras veces ha
sucedido lo mismo y ya se sabe que todo lo que sube baja.
No habrá, por tanto, que alarmarse en demasía. No
hay ninguna crisis a la vista ni mucho menos estamos en alguna de
ellas. Quienes por el mundo entero andan clamando que vivimos la
peor crisis del último medio siglo, equiparable en muchos
aspectos a la de los cohetes soviéticos en Cuba, se equivocan
de medio a medio o sirven espúreos intereses. Detrás
del drama iraquí no están la incompetencia y belicismo
de una Administración norteamericana sin precedentes en la
historia, sino las siniestras intenciones conjugadas de fundamentalistas
islámicos y antiamericanos europeos. La situación
del PP no es fruto de sus propios errores y prepotencias infantiles,
sino de un contubernio socio-etarra, que no esta vez judeo-masónico.
En cuanto al Real Madrid, la culpa no es de su indigestión
de estrellas sino del Barça, que le robó a Samuel
Eto’o. Para explicar lo del petróleo, recurrir a quienes,
en el entorno del Gobierno norteamericano, se están lucrando
a diario con las subidas.
¿Crisis, por tanto? ¿Qué crisis? Sólo
cabe imaginar la de las meninges del ciudadano, incapaz de distinguir
ya blanco de negro y una simple peripecia de una situación
límite.
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