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FIESTAS |
FIESTAS FALLERAS
| En
Xàtiva, la tradición de plantar Fallas arranca, según las referencias
escritas, en 1865,
año en el que en la Plaza de la Trinitat se levantó el primer monumento
fallero de nuestra ciudad. Esta primera falla aludía a la pesca de
la anchoa de forma satírica, ya que
metafóricamente se criticaba otro tipo de pesca: la realizada por
miembros de ambos sexos. Llevaba por lema La peixca
de l'aladroch, siendo su difusor,
a través de un folleto con la explicación de la misma, el impresor
y escritor Blas Bellver Tomas. Al
año siguiente, la falla y el libro de la misma Plaza, titulado La
Creu del Matrimoni, es objeto de la
censura eclesiástica, dictada, a instancias
del Arzobispo de Valencia, por el Capitán General de la zona. La censura
conllevó la prohibición de plantar la falla en las calles de Xàtiva
y la excomunión del libro, con su consiguiente retirada de la circulación.
Un año después, volvió a plantarse falla en la plaza de la Trinitat
bajo el lema Eclipses del Matrimonio.
Estas tres fallas son las que, a falta de más estudios y documentos,
se consideran como las únicas realizadas en el siglo XIX
en Xàtiva.
Ya
en el siglo XX -con
excepción de una falla atípica que en
el año 1922
fue quemada en el paraje del Bellveret,
en la falda del Castillo, compuesta exclusivamente por una roca del
Corpus que se hallaba deteriorada, conocida como La Tortuga
dels Fusters-
el momento de mayor esplendor de esta fiesta
en Xàtiva se produce entre 1932
a 1936,
periodo en el que, año tras año, va creciendo el número de fallas
plantadas y, por tanto, de comisiones constituidas, llegando a abarcar
todos los barrios existentes en la ciudad. Con
la llegada de la Guerra Civil se corta la línea ascendente de la fiesta
fallera en nuestra ciudad. Así, cuando en 1941
se reinicia la costumbre de plantarlas,
solamente una es la que se erige y quema. Después, poco a poco, volverá
a tomar auge alcanzando, a mitad de los años cuarenta, un número de
comisiones ya importante. De
entre las fallas que van incorporándose a la fiesta en Xàtiva cabe
destacar la de la Plaza del Mercado del año 1946
que consiguió el primer premio, seguida de la erigida en la Plaza
del Cid -antes
y después, Plaza de la Trinitat- que
obtuvo el segundo. Las dos fueron construidas por Antonio Grau
Tomás. En aquellos años, las fallas se plantaban colocando inicialmente
un largo y recio tronco de pino en el
centro de la plaza para conseguir la equivalencia del caballete actual,
al que se le iban añadiendo, de arriba a abajo, las distintas piezas
que configuraban la falla, atándolas a él. Como no existían las grandes
grúas, tipo a las que hoy se utilizan en el montaje, los andamios
y escaleras hacían posible que se pudieran levantar, con esfuerzo
totalmente manual, estas fallas, quedando
listas en una sola mañana. También es cierto que no se incluían tantas
escenas ni muñecos como se colocan ahora. Los
muñecos tenían el cuerpo de paja y se vestían con ropa de tela auténtica.
Las manos y la cara estaban hechas de cera, aunque no completamente
virgen. Por esta razón, en los días de mucho calor, cuando el sol
era muy tuerte y sus rayos caían encima de la falla, parecía que los
muñecos sudaban al fundirse ésta. Eran otros tiempos, con otras técnicas
que, el transcurso de los años, ha ido superando, consiguiendo así
mejorar la calidad artística de las fallas. Los años cincuenta comienzan con la falla de la Plaza de Sant Jordi, también popularmente conocida como Plaça de la Galera, ganando el primer premio, concretamente en 1951. Era una falla en la que el artista, por medios manuales, hacía mover ligeramente dos brazos confeccionados de cartón y madera que salían de debajo de una reproducción del campanario de la Seo, situado en lo alto del monumento. En aquella época, las plataformas o bases se construían altísimas respecto del nivel del suelo.
El
año siguiente, 1952,
fue el de la falla Foc i Flama -la
falla viajera-, que
tan grato recuerdo ha dejado entre los setabenses de la época, puesto
que fue montada encima de la plataforma de un camión por sus entusiastas
promotores, miembros de la Sociedad Artístico-Musical
La Nueva. Este original emplazamiento permitió
su exhibición por diversas calles de Xàtiva e, incluso, se desplazó
por diferentes poblaciones de la comarca. |
En
el año 1959,
en la plaza rotulada entonces como de Tetuán
-hoy Porta
de Sant Francesc-
se plantó una falla que obtuvo el primer premio, realizada por
el artista Morell y que llevaba por
lema Foc i Flama como la anteriormente
citada, aunque no tuvo relación una
comisión con otra ni tampoco las fallas. Los
años 60
contemplan la incorporación de nuevas comisiones
de falla a la ciudad, lo que provoca un auge in
crescendo. Esto es consecuencia del crecimiento urbanístico de Xàtiva
hacía la vía del ferrocarril, con nuevas edificaciones
plurifamiliares que condensan gran cantidad
de vecinos con ganas de fiesta fallera.
Así, el Barrio del Carmen primeramente y la Avenida de la República
Argentina después, comienzan a plantar
falla. La primera,
denominada Virgen del Carmen y Grupo
Salas Pombo, obtuvo mejores resultados
que los que posteriormente ha conseguido,
ya que en 1962
obtiene el Primer Premio en falla,
así como el del Ninot. La falla
de la República Argentina después de
un primer año de prueba y aprendizaje, pasa en el siguiente,
1966, a ganar
su Primer Premio, galardón que ha venido repitiendo, con diversos
artistas, con bastante frecuencia en años
posteriores. Mientras
unas comisiones van creándose otras desaparecen. Así ocurre con la
de la Plaza del Españoleto que en 1966
viene a cubrir el vacío que dejara la falla de la Plaza del Caudillo
-ahora de
la Bassa-,
y también la de la Plaza Benlloch que reemplazó a la de la Plaza de
Enríquez, dentro del mismo barrio. Otras,
establecidas en lugares de larga tradición fallera, como la ubicada
en la Plaza de San Jaime -antes
Mártires de la Revolución-
existía ya en tiempos de la II
República Española, con comisiones que se denominaban entonces de
la Plaza Méndez Núñez. Otra falla con altibajos en cuanto a presencias
y ausencias en su historia y que en los últimos veinticinco años se
ha consolidado es la del Raval que ha conseguido primeros premios
durante algunos años consecutivos. Comisiones
como la de San Félix, Ferroviaria, Selgas-Tovar y Molina-Claret aparecen
con posterioridad a las anteriormente citadas, engrandeciendo la familia
fallera setabense. Unas con más recursos que otras, según épocas y
circunstancias, como por ejemplo Molina-Claret que consiguió primeros
premios, como con aquel monumento de cartón piedra que tenía un grandioso
chino que ocupaba el cuerpo central de la falla y que ha quedado en
la memoria de la gente. Otras, como Ferroviaria, se recuerdan por
aquellas hermosas fallas, nada voluminosas, pero con un toque de acabado
perfecto, realizadas por Andreu Martorell, de Sueca. Por
último en los años setenta aparece la falla Juan Ramón Jiménez en
las calles del Huerto de la Almunia y Dos Molins con unas perspectivas
de futuro que son una auténtica realidad por haberse transformado
en un gran potencial de falleros debido a la gran densidad demográfica
de la zona. Mantiene, así, primeros lugares en los distintos galardones
que se otorgan. Posteriormente, aparece Abú Masaifa que no acaba de
tomar la fuerza que en un barrio tan poblado como el suyo se le presuponía.
La última comisión fallera que se ha incorporado al espectro festivo
setabense ha sido la de la Avenida de la Murta-Académico Maravall,
que, con las ganas y juventud que cuenta, la llevarán sin duda a su
consolidación y a alcanzar grandes metas.
La
Junta Local Fallera es la entidad que aglutina y coordina la actividad
común de las 17
comisiones existentes actualmente en Xàtiva, cuyo precursor fue inicialmente
el Comité Central Fallero, que se constituyó por primera vez en la
ciudad en el año 1933
bajo los auspicios de la corporación municipal. Después de algunos
altibajos durante los años cuarenta y cincuenta, en el presente se
ha consolidado con el patrocinio económico y tutela del Ayuntamiento,
cuyo alcalde ostenta el título de presidente nato de dicha Junta.
Por otra parte, el Presidente Ejecutivo es elegido por los presidentes
de las comisiones, siendo la única condición para ser elegible tener
el alta en vigor en cualquiera de las comisiones falleras. En la actualidad, las fallas que se plantan en la vía pública son 17 grandes y sus correspondientes infantiles, lo que conlleva un total de 34 monumentos que se queman en Xàtiva, que proporcionan trabajo a los talleres ubicados en dicha ciudad y fuera de ella, así como a otras industrias complementarias de la fiesta fallera como son los vestidos, la pólvora, músicos, etc. También los colegios de la ciudad cumplen con la fiesta y, aunque en tono menor, construyen sus propias fallas y celebran actos diseñados al efecto, al igual que lo hacen las asociaciones de pensionistas y jubilados. Todos estos actos en torno a la fiesta Josefina constatan lo enraizada que está la tradición de las fallas en la sociedad setabense. El
programa oficial que se diseña para todo el año es de lo más variado:
campeonatos deportivos, de juegos de salón, Mig Any Faller, Concurso
de Teatro, Tren Fallero, Rallye, Paella Gigante, Semana Cultural Fallera
-con exposiciones, conferencias, proyecciones, conciertos, etc.-,
actos de las presentaciones de las distintas falleras mayores, cabalgatas
y, principalmente en los días de la semana fallera, los desfiles,
las actuaciones musicales, los fuegos artificiales y la ofrenda de
flores a la Virgen de la Seo. Todo ello culmina con la cremà de las
fallas, acto que deja paso a un nuevo ciclo. |
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"FIESTAS Y TRADICIONES DE XÀTIVA" de Josep Sanchis Martínez y Mª Lourdes Boluda Perucho (Xàtiva, 1999)
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