|
|
FIESTAS |
FERIA DE XÀTIVA
|
Desde
1250, año en que el Rey
Jaime I el Conquistador otorga en Lérida a la ciudad de Xàtiva el
privilegio de celebrar una feria, hasta nuestros días han transcurrido
750
años, en los que este acontecimiento, de
tan importante valor histórico, se ha celebrado ininterrumpidamente, si
exceptuamos los obligados periodos de paréntesis
por guerra, epidemias o catástrofes. Según el historiador
Germán Ramírez, el período más prolongado sin feria en Xàtiva fue el
que siguió al año
1707,
debido al incendio y destrucción de la ciudad por las tropas de Felipe
V. Posteriormente, en 1855, como consecuencia de una epidemia de cólera, el alcalde de Xàtiva,
Genaro Cantos, hace público un anuncio en los periódicos por el que
suspendía la feria hasta que mejorara la situación sanitaria, lo que no
se produjo en el transcurso de aquel año. Con todo, la Feria de Agosto de
Xàtiva es actualmente la más antigua de
las existentes en la Comunidad Valenciana. De
sus inicios a la actualidad, esta feria ha sufrido toda una serie de modificaciones.
La más importante, quizás, es el cambio de calendario, ya que comenzó
celebrándose a partir del día 11 de noviembre -San
Martín de Tours-, con
una duración de diez días, en pleno otoño, y ahora tiene lugar del
15 al 20
de agosto, coincidiendo su inicio con la festividad de la Asunción de
Nuestra Señora y, por tanto, en mitad del
verano. A falta de más investigación al
respecto, se desconoce cuándo y por qué se produjo este cambio de
fechas. Igualmente,
la ubicación del recinto ferial ha sufrido traslados. En sus inicios, la
actividad ferial se situó junto al Portal de Cocentaina,
en la entonces llamada Plaça del Mercat o
dels Pòrxins de la Fira.
Así, en la centuria pasada, los puestos de equinos se localizaban
en la pared de la muralla que bordeaba la ciudad por el actual
Jardín del Beso. Con el paso de los años, el crecimiento del espacio físico
de la feria de los animales tuvo como consecuencia la ocupación del
llamado Camí de Sant
Antoni, junto a la carretera de Genovés.
Más recientemente, desde esa parte de la ciudad, con la incorporación de
otras actividades comerciales, la feria fue desplazándose hacia otras
zonas del núcleo urbano, bordeando la muralla, hoy ya inexistente, que
delimitaba la línea de la Alameda. En agosto de
1887,
el semanario local El Clamor Setabense
reseña lo siguiente: Suntuosa promete
ser este año la feria. A la hora en que escribimos estas líneas se están
construyendo casetas más que de prisa por los innumerables pedidos
que hay hechos. Respecto al ganado se espera mucha animación, pues, por
los antecedentes que tenemos, podemos asegurar que superará este año el
número de cabezas al de los anteriores y de éstas ha habido cuanto menos
12000
en cada feria. Por
su parte, en 1919,
El Heraldo de Játiva insertaba en sus páginas el siguiente
escrito: Lanzaos a la Alameda y veréis, desde el viejo y soleado paseo de San
Antonio, paseo de paz y aires de montaña, con los bancales de sus orillas
ocupados por multitud de bueyes para la recría, de un ejército de
toretes de mirar dulzón y aliñado, hasta la plaza de Emilio Castelar
(hoy plaza de la Bassa) con sus pilas de ajos para simiente y variados útiles
de labranza, un enorme gentío que discurre pausado, barboteando la risa
en todos los labios. Desde
finales del siglo XIX
hasta la actualidad la extensión del recinto ferial ha crecido
enormemente. De los 3000 m2, de
los que 2000 estaban dedicados a ganado caballar, vacuno y lanar,
y los otros 1000
eran ocupados por casetas y barracas de combustible, objetos de
agricultura, de loza, esparto, etc. que la feria ocupaba en la centuria
anterior se ha pasado a los 45.000 m2 actuales, que abarcan todo el espacio
comprendido entre la Plaza de la Bassa y la Plaza de Espanya, apiñándose
las casetas, puestos de venta y atracciones hasta en seis líneas
paralelas a lo largo de la Alameda. Esta gran superficie está distribuida
por sectores. Así, hasta hace tres o cuatro años, se dedicaban
7.000
m2, situados frente al Instituto Josep de Ribera, para la feria de los
animales; en la Plaza de la Bassa existen
3.000
m2 para la feria agrícola; y para los puestos comerciales restantes,
incluidas atracciones, se destinan 35.000
m2, que ocupan
totalmente las Avenidas de Jaume I y de Selgas.
Si a todo lo expuesto añadimos que los espacios escénicos
para el desarrollo del programa festivo y
cultural se encuentran situados en diversos puntos de la
ciudad, Plaza de la Seo, Jardín de la Paz, Glorieta, patio
del Colegio Público Attilio Bruschetti,
Calle del catedrático Ángel Lacalle, Plaza
de Sant Pere y
Calle del Puig, Plaza de l'Hort
de Mora, pabellón municipal, polideportivo,
etc.,
podemos deducir que prácticamente toda la ciudad de Xàtiva está ocupada
por alguna actividad ferial del 15 al 20
de agosto.
El
carácter marcadamente comercial que adquirió
la feria desde su institución
llevó, y sigue llevando hoy, a que los sectores de actividad más
destacados en cada momento de la historia, desde
1250
a nuestros días, hayan estado presentes en ella, con la lógica evolución,
producto de la transformación económica de
la ciudad. Desde aquellos primeros
caballos dedicados a labranza, se ha pasado
a ver hoy transacciones de animales de lujo o de maquinaria agrícola. De
la loza y el barro, que exclusivamente
adquirían los visitantes de las diversas localidades
de las comarcas de La Costera, La
Canal, Vall d'Albaida,
Ribera, etc., para comenzar o renovar su ajuar, se ha pasado, sin perder
totalmente la presencia de esta artesanía tradicional,
a la comercialización de estos mismos
objetos en metal, plástico o fibra. De aquellos carruseles y barquillas
impulsadas mediante complicadas poleas por la fuerza del hombre, se ha
llegado hoy a las estruendosas y luminosas pistas de cochecitos. Junto a
los tradicionales puestos de abanicos, que se resisten a desaparecer dada
su notable aceptación, se pueden observar otros ofreciendo modernos
ventiladores de cable o de pilas. En cuanto a los juguetes, sólo decir
que aquellos feriantes que ayer nos ofrecieron el caballito de cartón o
el triciclo de madera, hoy, ellos mismos o sus sucesores, nos presentan
los últimos modelos de motos y coches de batería. Los tiempos han
cambiado y la Feria, aún conservando mucho de su pasado, ha ido
evolucionando al ritmo que los tiempos marcaban. De ahí que su aceptación
continúe vigente entre las gentes que año tras año acuden a la cita. Junto al aspecto comercial, convive en la Feria la actividad festiva, deportiva y cultural. Así, se ha logrado que la semana ferial sea un lugar de encuentro de aquellos que acuden estimulados no sólo por la oferta comercial, amplia y variada, sino también por la diversidad de su programación: fuegos artificiales, verbenas, corridas de toros, exposiciones, teatro, danza, concursos. Todo ello en un abigarrado programa que comienza en la noche del 14 de agosto para finalizar en la madrugada del día 21. Pero la Feria de Xàtiva no siempre ha tenido la misma duración ni la misma programación festiva. Así, y como comentábamos anteriormente, aunque comenzó con diez días de actividad, se pasó, a finales del XIX, a tres. En 1890, siendo alcalde Ricardo Font, se alargó la celebración hasta cinco días. En 1925, con la alcaldía en manos de José Bataller, hubo ocho días de programación de feria, puesto que finalizó el 22 de agosto. Cinco años después, bajo la alcaldía de Julio Riu, se celebra del 15 al 20 exclusivamente. Pero el siguiente año, con José Tudela de alcalde, la feria se prolonga por nueve días, del 15 al 23 de agosto. En 1933, comienza la feria el día 13 de agosto aprovechando que es domingo, aunque se inaugura el 14 por la noche, y finaliza el 20, era alcalde José Medina. Pasada la Guerra Civil española, en 1942, se celebra la feria y fiestas del 14 al 23 de agosto, con la alcaldía ocupada por Antonio Villena. Al año siguiente, con Manuel Casesnoves como alcalde |
accidental, se prolonga hasta el día 22
de agosto, aprovechando que es domingo. En
1952, con
Francisco J. Ansuátegui al frente del Ayuntamiento, la feria se alarga
hasta el 24 de agosto, con lo que se programan diez días de
festejos. Con Eugenio Blasco en la alcaldía, las ferias de los años
siguientes pasan a ser de seis días y, a lo sumo, siete días oficiales
de duración. Esto se mantiene con los siguientes alcaldes: Ignacio
Ansuátegui y Eduardo Llagaria, para llegar en
1976,
con Jesús Miguel Cuadrado, a
ocho días, del 15 al 22
de agosto. Al año siguiente se pasa a siete días, para quedar en seis en
1978. Con el retorno del sistema político democrático, y
la llegada a la alcaldía de Manuel Casesnoves Soldevila, la feria tendrá
una denominación estable, Fira d'Agost, y una duración de seis
días, que se mantendrá fija hasta hoy, con la salvedad del año 1988, en el que, bajo la coordinación de Antoni Martínez Revert, se
programan los festejos del 13
al 21 de agosto.
En
cuanto a la programación de espectáculos, que tiene como finalidad dotar
de mayor aliciente la estancia de los visitantes de la feria comercial y
ofrecer a los setabenses unos días de actividades lúdico-culturales, en
un principio se circunscribía a corridas de novillos, fuegos
artificiales, verbenas y conciertos amenizados por las bandas de música
locales: La
Nueva, La Primitiva y La Banda del Regimiento de guarnición en Xàtiva. Los fuegos artificiales se disparaban, inicialmente,
en la Plaza del Españoleto, de donde pasaron al Jardín de la Paz, para
trasladarse, finalmente, al Barrio del Carmen. Por otra parte, las
primeras plazas de toros se construían de madera. Como ejemplo, en 1887, la realización y puesta en marcha del coso taurino
costó 9.210
pesetas, inversión que se recuperó, ya que en los tres primeros días se
recaudaron 16.549 pesetas. Ese mismo año, se celebraron
concursos de grupas y de danzas del país. Con
el paso del tiempo se amplía la oferta de la programación de la feria, y
ello da pie a que cada día de feria se denomine con el nombre de la
actividad estelar de esa jornada. De esta manera, aparecen en los
programas el Día del Certamen Musical, motivado por la importancia
que este acto fue adquiriendo, ya que las bandas participantes llegaban
por la mañana en ferrocarril, siendo recibidas por las bandas locales, y,
juntas, iniciaban un recorrido por la ciudad a los sones de los compases
que ejecutaban. Ya por la tarde, tenía lugar el certamen propiamente
dicho. En El Día Infantil se programaban diversos actos para los más
pequeños. Así, en el Real de la Feria se disputaban carreras de
patinetes para menores de 10
años; el concurso de trajes típicos para mayores de
8
años; y carcasas y fuegos artificiales con lluvia de caramelos y juguetes
que soltaban éstos al explosionar en el aire. Por otra parte, El Día
de Ribera se celebraba el primer día de feria ya que, aprovechando la
inauguración de los salones de arte, donde se exponían obras de pintura
y de fotografía, el consistorio se dirigía al monumento a José de
Ribera para colocar una corona de laurel. En El Día del Motociclismo
del año 1956 hubo pruebas de regularidad en moto por la mañana, por la tarde el
campeonato regional de motorismo con el V Trofeo Feria en juego y ya por
la noche, a las 23
horas, en el Real, se organizó una jinkama motorista por la Peña
Motorista Setabense. En
diversos años también tuvo lugar el denominado Día de la Caridad.
En esta jornada, algunas señoritas de la ciudad recogían donativos y,
además, conjuntamente con el Ayuntamiento, ofrecían suculentas comidas
el primer o segundo día de feria en los establecimientos benéficos de Xàtiva,
como lo eran la Beneficencia o el Asilo de Ancianos Desamparados.
Igualmente, El Día del Frente de Juventudes, con diversos actos,
generalmente juveniles y deportivos, fue el protagonista de muchas
programaciones de feria en los años cuarenta y cincuenta. De
los concursos que se hacían en otros tiempos y que el paso de los años
ha ido depurando, cabe destacar los realizados en la Glorieta de José
Espejo en los años treinta. Organizados por la Comisión Municipal de
Feria o por el Comité Central Fallero de Xàtiva, se celebraban el
concurso del mantón de Manila, el del baile de la resistencia, el del
vestido de cuatro pesetas, el de peinados, el de elección de Mis Feo
Setabense, ganado
por Ricardo Angulo en 1934, o
el del baile por parejas, a la vez que se desarrollaban las verbenas. Otra
actividad que se realizaba era la carrera de camareros que, organizada por
el gremio de hostelería, apoyado por diversas casas comerciales del
sector, partía del Real de Feria, daba la vuelta por la Calle de Moncada
y finalizaba en el punto de partida. En esta singular prueba cada
participante llevaba una bandeja con un vaso repleto de líquido y una
botella. Quien cubría el recorrido en el menor tiempo y con la menor
cantidad de líquido del vaso vertido conseguía el premio. Recientemente,
y con la organización y patrocinio de la Asociación de Empresarios de Xàtiva
-Adexa-, se ha rescatado este acto para el programa de feria. En
las noches de los años 40, 50, 60
y 70 se celebraban durante la feria concurridas verbenas
en las terrazas del Casino Setabense y del Círculo Mercantil, con gran
aceptación por parte de la ciudadanía hasta que se hizo selectiva su
asistencia, que se restringió a los socios de esas sociedades y poca
gente más.
Las
competiciones deportivas, que comenzaron con las tradicionales carreras
pedestres en el Real, dieron paso a toda la gama de deportes que se
practican, incluso en los años cincuenta del presente siglo se disputó
un partido de rugby en el Campo de Fútbol la Murta entre una selección
valenciana y el equipo de Tavernes de Valldigna. Sin embargo, es el fútbol
el deporte que más constantemente aparece en los programas de feria. En
los últimos tiempos, el badmington, voleibol, fútbol sala, baloncesto,
atletismo, tenis de mesa, ajedrez, etc., han ido incorporándose a las
tradicionales carreras de ciclismo y de moros. La
presencia desde un tiempo no muy lejano a esta parte de espectáculos de
marcado carácter cultural -teatro,
zarzuela, danza y certámenes de bellas artes-
así como el deporte y espectáculo autóctono, tiro y arrastre, pelota valenciana (que no ha llegado a asentarse en
nuestra Fira), la cançó, etc., han
marcado la línea que actualmente se viene manteniendo en la programación
de la feria de Xàtiva, conjuntamente con el deporte, la música, los
fuegos artificiales o la gastronomía, representada en la popular y muy
concurrida Fiesta de la Paella. En
definitiva, la Fira més gran del món, la més antiga quizà, como
un día la bautizó el escritor y poeta Blai Bellver, hoy ya tiene tras de
sí los años de vigencia que la sitúan como la más antigua de la
Comunidad Valenciana. |